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LAS LLAGAS DE LA PASIÓN
DEL CRISTO
En su largo
periodo de permanencia en el país natìo, Padre Pio vive en un estado de gran
sufrimiento físico y moral. Nadie logra diagnosticar con exactitud su enfermedad.
Casi parece que la providencia clava el fraile en Pietrelcina, no
queriendo que viva la normal vida conventual. Y por los mismos directorios
espirituales, especialmente por padre Benedetto de San Marco en Lamis, la
prolongada permanencia fuera del convento no es una cosa loable, insinuando
hasta la sospecha de una insidia diabólica. Y cuando le pregunta: "¿Cuándo te
veré al convento"?, así contesta Padre Pio, el 8 septiembre del 1911:
"Se representas luego si es mi
deseo de volver al convento. El mayor de los sacrificios que le he hecho al Dios
ha sido nota de no haber podido vivir en convento".
Pero en esta carta, por la
primera vez, padre Pio señala al fenómeno de las Llagas, manifestado
justo en Piana Romana:
"... estoy en el campo a
respirar poco aire más sano, detrás que he experimentado de ello la mejoría.....
Anoche luego me ha sucedido una cosa que yo no sé ni explicar ni
comprender. Entre la palmas de las manos ha aparecido, casi cuanto un po' de
rojo la forma de un céntesimo, acompañado también de un fuerte y agudo dolor
dentro de aquellos rojo. Este dolor fue más sensible entre la mano izquierda,
tanto que dura todavía ahora. También bajo los pies advierto un po' de dolor.
Este fenómeno casi lleva desde hace un año que va repitiendo, pero ahora por la
primera vez se lo digo; porque me he hecho siempre vencer de aquella maldita
vergüenza..."
Pero a los sufrimientos también
se suman las tentaciones y las vejaciones por el demonio. En la carta que le
escribe a su aficionado padre Agostino, el 18 enero del 1912, así Padre Pio
describe su lucha con "Barbablù", uno de los irónicos apelativos que él da al
espíritu del mal:
"Barbablù no se quiere dar por
vencido. Casi ha tomado todas las formas. De varios días en acá me viene a
visitar junto con otros sus compañeros armados de bastones y mecanismos de
hierro y lo que es peor bajo las mismas formas. Quien sabe cuántas veces me ha
gittato de la cama arrastrándome por la habitación. ¡Pero paciencia! Jesús, la
Mamá, el angelito y el padre San Francesco casi siempre están conmigo..
"(Epistolario I, p. 252).
Siempre a Padre Agostino él confía los profundos
sentimientos de amor y fusión del corazón con el de Jesús. Lo hace el 21 marzo
del 1912:
"Ayer festividad de San Giuseppe, Dios solo sabe cuanta dulzuras probé,
después de la misa, tanto que todavía las siento en mí.... Mi boca
oyó toda la dulzura de aquellas carnes Inmaculadas del Hijo de Dios......
(...) Jesús, amor en el corazón no tengo de ello más, tú sabes que lo he donado todo a
ti; si quieres más amor, toma este mi corazón y lo llenas de tu amor y luego me
mándame de quererte, que no me negaré; más bien ruego de ello de hacerlo,
yo lo deseo".
Y todavía señalando así el dolor de los estigmas lamenta:
"Desde el jueves por la tarde hasta el sábado, como también el martes, es una tragedia
dolorosa por mí. El corazón, las manos y los pies me parece que sean
traspasados por una espada; tanto es el dolor que yo siento".
(Epistolario,
I, p. 265 s.).
El 2 abril del 1912 padre Pio escribe a padre Agostino:
"... soy contento
más que nunca en sufrir, y si no escuchara sino la voz del corazón, le
preguntaría a Jesús que me diera todas las tristezas de los hombres; pero yo no
lo hago, porque temo de estar demasiado egoísta, deseando para mí la parte mejor: el
dolor: En el dolor Jesús es más parecido; él mira, es él que viene a limosnear
penas, lágrimas...; Él necesita de ello por los anime"(Epistolario, I, p. 270.)
LA FUSIÓN DE LOS CORAZONES
El sufrimiento, las vejaciones
diabólicas, le forjan no sólo en Padre Pio un carácter y un temple de hierro,
pero lo inducen a entregarse cada vez más dócilmente al amor de Dios. Y aquí su
itinerario místico es denso de sobrenaturales consuelos como la que él describe,
al mismo padre Agostino, el 18 abril del 1912:
"Acabada la misa, me retuve con
Jesús pel rendimiento de gracias. ¡Ay cuánto fue suave el coloquio obligado con
el paraíso en esta mañana! Fue tal que incluso queriendo probarme a querer dir
todo no lo podría; hubieron cosas que no pueden traducirse en un lenguaje humano,
sin perder su sentido profundo y celeste. El corazón de Jesús y el mío,
permítidme la expresión, se derritieron. No fueron dos más los corazones que
golpearon, pero un solista. Mi corazón desapareció, como una gota de agua que se
extravía en un mar. Jesús n'era el paraíso, el rey. La alegría en mí fue sí
intensa y sí profunda, que más no [yo] pude contener; las lágrimas más
deliciosas me inundaron el volto"(Epistolario, LOS, p. 273).
"LAS
DULZURAS Y LA BELLEZA DE MARIA"
No sólo Jesús, pero también la
Virgen le concede a padre Pis extraordinarios consuelos. Especialmente
cuando llega el mes de mayo, dedicado a Maria, el joven sacerdote vive
momentos de gran intensidad en su filial relación con la Madre de Dios. Y una de
las expresiones de esta ternura es representada ciertamente por el ruego
comunitario del santo rosario que padre Pio organiza, por el mes de mayo,
en puerta Madonnella a Pietrelcina, dónde, delante de la venerada imagen de la Virgen Coronada,
él ruega junto con la gente simple y auténticamente cristiana de su burgo. Pero leemos como
padre Pio se expresa el 1° mayo del 1912 en una carta que le escribe a padre
Agostino:
"¡Mira padre, como este mes predica bien las dulzuras y la belleza de Maria....
Cuántas veces le he confiado, a esta madre, las penosas ansiedades de mi corazón
agitado! ¡y cuántas veces me ha consolado! Pero mi gratitud cuál fue... En las
mayores aflicciones me parece de ya no tener a madre sobre la tierra; pero de
tener a una muy piadosa en cielo.
(...)Pobra Mamá, cuanto bien me quiere. Lo he constatado de
nuevo al brotar de este bonito mes. Con cuanta cura me ha acompañado, ella, al
altar esta mañana. Me ha parecido que ella no tuviera otro a pensar si no a mí
sólo con el llenarme el corazón todo de santos cariños.... Querría tener una voz
sí fuerte para invitar a los pecadores de todo el mundo a querer a la
Madonna"(Epistolario, I, p. 276).
El Dios trabaja intensamente en el alma de padre Pio, para prepararla al
gran ministerio sacerdotal de San Giovanni Rotondo. Y si de una parte el
sufrimiento y las insidias de Satanás debilitan físicamente al joven
fraile, de la otra que él recibe de Dios horas extra donas místicos. No sólo
apariciones y visiones; pero también ímpetus y transportes de amor, toques
divinos y llagas de amor. Así escribe, el 26 agosto del 1912 a padre Agostino:
"Sentís cosa me ocurrió viernes pasado. Estuve de ello en iglesia a hacerme de
ello el rendimiento de gracias por la misa, cuando todo de repente me sentí el
corazón herir de un dardo de fuego vivo y ardiente, que pensé de morir de
ello. Me faltan las palabras aptas para hacer comprendervos la intensidad de
esta llama: soy para nada impotente a poderme expresar. ¿Nos creéis? El alma,
víctima de estos consuelos, se convierte en muda. ¡Me pareció que una fuerza
invisible me sumergiera todo cuanto en el fuego... mi Dios, que fuego! Cuál
dulzura! "(Epistolario I, p. 300).
A menudo, y también para desarmar al enemigo de las almas, la correspondencia
entre padre Pio y padre Agostino es escrita en francés y, a veces, también en
griego. Una vez padre Agostino le pregunta como ha
aprendido a escribir en francés, ya que ésta lengua no le gusta. La respuesta de Padre Pio hace referencia a una
expresión del profeta
Geremia: "Yo no sé' hablar. Pero el Dios me ha dicho: vas y anuncia".
Pero en la carta del 20 septiembre del 1912, explícitamente padre Pio
explica que es el ángel de la guarda que lo ayuda a contestar a las cartas que
padre Agostino le escribe en francés:
"Los celestes personajes no dejan de
visitarme y hacerme saborear la ebriedad de los beatos. Y si la misión de
nuestro ángel de la guarda es grande, aquella del mío es ciertamente más
grande, teniendo que también hacerme de maestro en la explica de otras
lenguas"(Epistolario, I p. 304).
Pero el ángel de la guarda no es sólo el intérprete de padre Pio. Le es
amigo, consejero. Acude en su socorro cuando está atacado por el demonio. Sin
embargo un día él se hace desear, se hace invocar, pero no acude, si no cuando la
lucha es acabada y el Padre agotado. Padre Pio lo confía el 5 de noviembre a
padre Agostino:
No os digo luego, de qué manera, me van percotendo aquellos desgraciados.
Ciertas veces me siento cerca de morir. Sábado me pareció que me quisieran
acabar justo, y no supe más a cuál san votarme; me dirijo a mi ángel y después
de estar hecho él esperar por un trozo eccolo alearme alrededor y con su angélica
voz cantó himnos al Señor. Sucedidas una de aquellas usuales escenas;
lo regañé ásperamente de ser hecho él tan largamente esperar, mientras que yo no
falté de llamarlo en mi socorro; para castigarlo no quise mirarlo en cara, quise
alejarme, quise evitarlo: pero él pobrecito me alcanza casi llorando, me agarra,
hasta que levantado la mirada, me fijé en él en rostro y lo encontré todo
spiacente"(Epistolario, LOS, p. 311).
El contacto epistolar de Padre Pio con padre Agostino de San Marco en Lamis
lleva muchos beneficios a su vida espiritual. He aquí porque el diablo intenta
más veces y de varios modos de impedir a padre Pio de leer las cartas que le
escribe su amigo y director espiritual.
El 18 de noviembre de 1912:
"El
arcipreste, hecho consciente de la batalla de aquellos impuros apóstatas, alrededor
de lo que concierne vuestras cartas, me aconsejó que a la primera vuestra carta
que me hubiera llegado, lo fuera a abrir de él. Así hice en recibir la vuestra
última. ¿Pero una vez abierta la carta, la encontramos toda ensuciada de tinta. Será también estada esta una venganza de barbablù? No puedo creer nunca que así me la
hayáis enviada, también porque vosotros sabéis que no veo bien. Las cartas escritas nos parecen al
comienzo ilegibles, pero detrás que nos pusimos sobre el crucifijo se hizo un po'
de luz tanto de poderse leer, aunque apenas. Esta carta es bien
conservata"(Epistolario, I p. 315).
¿Qué escribió, padre Agostino, en esta carta escrita el 6 de noviembre, de
provocar esta nueva estrategia diabólica? Ante todo la carta es escrita en
francés, lengua utilizada por el director espiritual para refutar de algún modo
las insidias del demonio. La hemos traducido al italiano para tratar de entender
el por qué de mucho livor hacia de ella. Éste es su contenido:
"Y' con placer
que aprendo la nueva fase de la guerra que te hace continuamente nuestro feo
enemigo: no tengas miedo de él, porque siempre será vencido. No importa si viene
con su armada, porque toda el armada del infierno obedece al permiso de Dios.
Siempre conserva tu humildad a la Divina voluntad, porque el soberbio tentador
tiembla por la humildad de los hijos de Dios. Siempre llama tu ángel de la
guarda en todas las tentaciones, porque él siempre está cerca de ti: ¿Qué podrá
hacer el tentador a un alma que pone toda la misma confianza en el Buen Dios? La
batalla acabará y el Señora (la Virgen Maria n.d.r.) tendrá el triunfo inmortal. Si
el Buen Dios lo quisiera, avísame en la hora de tu triunfo completo, yo querría
encontrarme cerca de ti en la hora de tu muerte.
No te olvides nunca nuestra promesa. Ruega para mí y, según mi intención. Pides a
Jesús que me dé la gracia de siempre hacer su voluntad y estoe yo basta ya.
Yo saludo de todo corazón a tu angelito y, si bien querrá, le pregunto en el
nombre de Jesús de no permitir en el futuro que los hostiles tirones mis cartas,
pero antes que se consuma en su rabia: y es por ésto que te escribo en francés:
cuando luego tenga el tiempo, te escribiré en griego.
Mañana, si Dios lo permitiera iré a Foggia y probaré a conseguir para tí las 20
misas.
Te pido de rogar al buen Jesús especialmente según mi intención. Te alegras en el Dios: yo
siempre te lo deseo. Saludos por mi parte, a los tuyos, al arcipreste; Besas al
pequeño Francesco.
Yo Tu hermano siempre me digo en Jesús Cristo, Agostino capuchino"(Epistolario,
I, p. 312 s.).
A pie de página a la página ensuciada encontramos una declaración de don
Salvador Pannullo, de propósito años después, el 25 agosto del 1919:
"Certifico aquí abajo firmante, Arcipreste de Pietrelcina, bajo la santidad del
juramento, que ella presente, abierta a mi presencia, llegó tan manchada; pero
fue completamente ilegible. Puesto de sobre el Crucifijo, rociada el agua
bendita y recitados los santos exorcismos, se pudo leer como actualmente. En
efecto, llamada a mi nieta, Grazia Pannullo enseñante, ella hervida a mi
presencia y del Padre Pio, cuánto fue practicado antes de ella llamada. En
fe Pietrelcina el 25 de agosto de 1919".
LA TRANSFORMACIÓN EN
CRISTO
La asimilación de Padre Pio al
Cristo, gradualmente procede con una transformación espiritual por Dios. Y quizás una de las causas misteriosas del cuarto de estar del
padre en su querida Pietrelcina se puede reconocer justo en el Proyecto de Dios
que, en el silencio de la pequeña localidad del Sannio, ha querido imprimir, a esta humilde y escondida figura de fraile, la huella sublime de su Hijo,
con las cinco llagas. Pensar a cuál y cuantos sentimientos,
padre Pio describe, a padre Agostino, el 3 diciembre del 1912, su abandono
amoroso en los brazos del Cristo y los sublimes diálogos que él abrocha con el
Hijo de Dios que se hace a visible ayuda a entender la valencia de la auténtica
santidad:
"¡sólo querría por un instante descubrirvos mi pecho para hacervos ver la llaga
que el dulce Jesús amorosamente ha abierto en este mi corazón! Ello por fin
un amante ha encontrado que se ha tan invaghito de él, que ya no sabe agriarlo....
Y cuando domándole qué he hecho para merecer muchas menciones, Él me sonríe y va
repitiéndome que a mucho mediador nada se niega. Sólo me pregunta, en recompensa,
amor"? (Epistolario I, p.
316).
Y
en la misma carta, padre Pio describe, una vez más, con calientes y
cariñosas palabras de amor, su ilimitada adoración para Jesús sacramentado:
"¿Se
ha Él tan enamorado de mi corazón, que me hace arder todo de su fuego divino,
de su fuego de amor. ¿Qué es este fuego que me invierte todo? ¡Mi padre, si Jesús
nos hace estar así felices en tierra, que estará en el cielo?!
Me voy a las veces preguntando si hay de las almas que no se sienten el pecho
quemar del fuego divino, especialmente cuando se encuentren delante de Él en
sacramento...
Tengo mucha confianza en Jesús, que si también viera el infierno abierto delante
de mí, me encontrara sobre el dobladillo del abismo, no intimaría, no
desesperaría, confiaría en Él"(Epistolario, I, p. 317).
EL PADRE Y EL HERMANO
MICHELE VUELVEN A CASA
Mientras tanto, con la vuelta a
casa de papá Grazio e del hermano Michele, qué han permanecido en América para
trabajar, la familia Forgione es reunida de nuevo y padre Pio
vive algunos días de serenidad y alegría causados justo del cariño y de la intimidad de
su familia recomponida. Son aquellos consuelos que el Dios prodiga en el
mientras permite que los asaltos de los diablos y los dolores que lo afligen lo
hacen ser cada vez más "Alter Christus", "Otro Cristo":
"<<Con repetidos golpes de saludar
cincel y con diligente limpieza suelo preparar las piedras que tendrán que
entrar en la composición del eterno edificio>>. Estas palabras va repitiéndome
cada vez que Jesús cada me regala nuevas cruces. Ahora Él, me parece que las
palabras de nuestro Dios, que me parecieron muchas oscuras: "el amor se conoce
en el dolor, y esto lo sentirás en el cuerpo", van haciendo luz en mi
intelecto"(Epistolario, I, p. 329 s.).
El 12 de marzo del 1913 padre Pio revela a padre Agostino cuanto Jesús le
confió en un celeste coloquio:
"¡Con cuanta ingratitud es recompensado mi amor
para los hombres! Habría sido menos ofendido de ésos si los hubiera querido menos.
Mi padre ya no quiere soportarlos. ¡Yo querría dejar de quererlos, pero..." y aquí Jesús se calló y suspiró, y después de reanudaciones,
"¡Mi corazón es hecho para querer! Los hombres viles y flacos no se hacen ninguna
violencia para vencerse en las tentaciones, que se deleitan más bien en sus
iniquidades.... - Hijo, - Jesús añadió - necesito las víctimas para calmar la
cólera justa y divina de mi Padre; renuévame el sacrificio de todo tú mismo..."(Epistolario,
I, p. 342).
El Padre siente fuertemente la exigencia de vivir plenamente su sacerdocio. Pero
para hacerlo también necesita de confesar. He aquí porque el 15 de marzo,
después de un considerable cansado de tiempo, le escribe a padre a Benedetto:
"... Vengo por fin a pedirvos el permiso de escuchar las confesiones, al menos
las de los enfermos"(Epistolario) I, p. 345).
Pero el autorización no llega, causando ulteriores penas morales al fraile de
Pietrelcina. Son
los sufrimientos que lo purifican y lo acercan inexorablemente al amor de
Cristo.
Continúan mientras tanto sus coloquios sobrenaturales con el Dios. En una
carta, fechada 7 abril de 1913, manifiesta, al querido padre Agostino, una gran visión ocurrida, en su
habitación de calle Santa Maria degli Angeli, la mañana
del 28 de marzo:
"Viernes por la mañana todavía estuve en la cama cuando Jesús me apareció. Fue todo
malparado desfigurado. Él me enseñó una gran multitud de sacerdotes regulares y
seculares, entre los que muchos dignitarios eclesiásticos; de estos, quién estaba
celebrando, quién estaba parando y quién estaba desvistiendo sagrados vestidos.
La vista de Jesús en estrecheces me dio mucha pena, por tanto quise preguntarle
porque sofrió tan. No tuve a ninguna respuesta. Pero su mirada se remontó hacia
aquellos sacerdotes; pero poco después, casi horrorizado y como si estuviera
cansado de mirar, retiró la mirada y cuando la realzó hacia de mí, con grande mi
horror, observé dos lágrimas que le surcaron las mejillas. Se alejó de aquella
turba de sacerdotes con una gran expresión de asco sobre el rostro, gritando: "Carniceros!
". Luego, revuelto a mí, dijo: "Mi hijo, no creas que mi agonía haya sido de tres
horas, no; yo seré por causa de las almas más de mí socorréis, en agonía hasta
al final del mundo. Durante el tiempo de mi agonía, mi hijo, no hace falta
dormir. ¡Mi alma va en busca de alguna gota de piedad humana, pero ay de mí me
dejan solo bajo el pienso indiferencia. La ingratitud y el sueño de mis
ministros me devuelven más incómoda la agonía. Ay de mí como corresponden mal a
mi amor! Lo que más me aflige es que ésos a sus indifferentismo, añade sus dispresso, la incredulidad.... Escribes a tu padre y cuéntale lo que has visto
y sentido por mí esta mañana"(Epistolario, I, p. 350 s.).
Con la llegada de la Primavera, el mes de mayo del 1913 puerta en el corazón
de Padre Pio un renovado entusiasmo para la vida. Pero mayo es el mes de
Maria y es el tiempo privilegiado para pensar de más a Ella.
Padre Pio no se hace evitar esta ocasión y a menudo organiza un grupo de
ruego delante de la venerada imagen sobre mayólica de la Virgen Coronada a
puerta Madonnella. Aquí la tarde todo el pueblo del barrio Castillo se reúne en
sencillez y amor para honrar a Maria con el ruego del Santo rosario.
Padre Pio alma este grupo con el amor y la alegría de un hijo que quiere
ofrecer un serto de flores a la Mamá. ¡Escuchad!, como expresa, a padre Agostino, el 6
de mayo su amor a Jesús y a Maria:
"Esta querida Mamá continúa a prestarme atentamente sus maternas curas,
especialmente en este mes. Estas curas hacia de mí tocan el refinamiento.
Solamente cuando las hago seña a aquella gracia, que vosotros ya sabéis, su
celeste rostro se contrae todo: se entristece y con solemnidad me renueva la
prohibición."
La gracia al que hace referencia padre Pio y que viene por ahora rechazada por
la Virgen, es la que se refiere a su deseo de volver al convento. Sino está claro que el
plan de Dios al menos por ahora, no coincide con los propósitos del fraile
estigmatizado. El Dios quiere
que Padre Pio sigue viviéndole en su Pietrelcina. Sólo así puede plasmar, forjar
y transformar, a Padre Pio, en la imagen fiel del Cristo. Y solo cuando este proceso de
transformación haya llegado a buen punto, Dios le permitirá de dejar su querida
Pietrelcina para vivir plenamente la vida de conventual Capuchino.
Mientras tanto, con la buena estación Padre Pio vive sus días en sencillez y
paz espiritual. Después de haber celebrado la Misa cerca de la pequeña iglesia
de Santa Anna,
si las fuerzas se lo permiten, se encamina para Piana Romana. Se para a saludar
como siempre, a puerta Madonnella, el zapatero Donato Faiella, que conoce más
que cualquier otro sus pies, teniéndole hecho un agujero sobre el fondo de un
zapato para permitirle de no sufrir por la presencia de una llaga. Luego baja
abajo y se para al pozo del barrio Pantaniello, dónde saluda, como hizo de niño,
algunos amigos y sigue para el sendero de campo que vendrá, en fin, llamado:
"Via del
Rosario".
Por la calle padre Pio entona, en sencillez y amor a la Virgen, el ruegode la corona que Usted tanto quiere y prefiere.
La callejuela de campo se pone cada vez más incómoda: las piedras puntiagudas lo
hacen sufrir, pero con amor, uniendo al ruego su sufrimiento físico. Su mirada
es toda orientada al cielo, pero también empapado por un delicado sentimiento
familiar. Sabe que a Piana Romana encontrará papá Grazio, mamá Peppa, el hermano
y las hermanas, los primos, el compadre Mercurio y muchos amigos.
Llega al puente Pantaniello, situado sobre el arroyo Quadrielli, dónde más veces
ha visto en cara "aquellos feos hocicos"(Los demonios). Inicia por lo tanto la cuesta decisiva
por Piana Romana.
Por fin Padre Pio llega a Piana Romana y encuentra a sus familiares ocupados a los
trabajos de los campos. Un saludo a todos, un beso a la mamá, una bocanada de
aire puro, cuatro pasos y calle a sentarse sobre una punta de roca a gozarse el
sol de la primavera avanzada y contemplar, por las bellezas de la Creación, la
magnificencia y la belleza del Creador.
Luego cuando el sol empieza a golpear sobre la cabeza, Padre Pio se ampara
bajo la choza de paja construida por los primos a los pies del célebre Olmo de
los estigmas. Y aquí la contemplación visual de la naturaleza está reemplazada
por el estudio de las Ciencias Sagradas, de la lectura de la vida de los santos,
de la meditación, de la contemplación del amor de Dios, del encuentro visible con Jesús,
Maria y otros personajes sobrenaturales.
El frugal almuerzo consumido en la granja de los Forgione, está seguido por un po'
de descanso, recomendado a Padre Pio por la mamá, atenta y sensible a la
salud del hijo. Cuántos sentimientos maravillosos se entrelazan entre Peppa y
este su hijo tralucente de Santidad que ya el pueblo llama con el apelativo de
"O Santariello". Un amor ilimitado, aquel de Padre Pio hacia la mamá, cuya
medida se intuirá después muchos años a S.Giovanni Rotondo, cuando con calientes
lágrimas llorará, casi como un niño, la muerte de mamá Peppa invocando: "Mamá,
mi mamá". Y al alcalde de San Giovanni Rotondo, Francesco Morcaldi, que le dirá:
"¿Padre, no nos habéis enseñado que el dolor no tiene que ser que una
expresión del amor y que tenemos que ofrecerlo a Dios? ¿Por qué pues lloráis de
modo tan desgarrador? Justo vosotros que habláis muchao de sufrimiento, lloráis"...
El Padre contestará: "Son lágrimas de amor, nient'altro que
de amor."
Padre Pio tiene un diferente contacto con los dos directorios espirituales.
Con padre Benedetto vive una relación no tanto fácil porque, en el dúplice
vestido de director espiritual y ministro provincial, él exige que el fraile
vuelve a la vida conventual, mientras Padre Pio es obligado, por las
condiciones de salud, a permanecer en Pietrelcina. Las cartas entre los dos son
menos frecuentes con respecto de aquellos entre Padre Pio y Padre Agostino.
¿He aquí como padre Benedetto exhorta una vez más a padre Piadoso, el 17
diciembre del 1913, a volver a la vida religiosa comunitaria: "Y tú cuándo
querrás volver al claustro? Ya la experiencia del aire nativo ha sido hecha y
se ha visto qué mantiene y no cura. Repito aquellos que te dije personalmente,
es decir de no trovar nulo extraordinario y de contrario al divino deseo y al
mismo derecho de naturaleza el también volver a la Religión con la persuasión
cierta de agravarte. Más bien contrario al uno y al otro me parece el estar sí
largamente fuera del claustro por motivo de salud... ".
En respuesta a esta carta, el 20 de diciembre, Padre Pia fórmula las
felicidades navideñas a padre Benedetto. Y a propósito del deseo de verlo así en
convento expresa su estado de ánimo:
"... vosotros podéis imaginar con cuanta alegría volaría al convento; pero ya
que mi enfermedad ida siempre acentuada y que apenas me arrastro, estaría de peso
y de imgombro a la comunidad, sin aportar ningún ayuda y acelerando mi fin...
"(Epistolario I)
Con padre Agostino, en cambio, la relación epistolar es más directa, cariñosa.
No sólo Por padre Pio, pero también por su ex profesor de
Teología.
Padre Piadoso introduce sus cartas llamándolo: "mi querido papá". Y en efecto
padre Agostino es como un padre, un padre espiritual para el joven fraile de Pietrelcina.
Él también es un amigo, un
consejero cariñoso. Es él, a recoger, más que padre Benedetto, los testimonios
extraordinarios del futuro Santo. Es él a estarle cercano con su cariño y su
dirección espiritual. Y a padre Agostino, el 10 enero del
1914, el Fraile de Pietrelcina abre su corazón planteándole el trabajo del parto
debido a una dicisión que él no puede tomar y que el superior provincial, padre
Benedetto, solicita firmemente, y es decir dejar Pietrelcina para volver
definitivamente al convento:
"El padre provincial desde el pasado mayo me dijo que el padre general, de los
capuchinos, detrás que se lo refirió todo sobre mi cuenta, contestó: "Es mejor
entonces que se sea cura preguntando el breve". Yo volaría de bueno gana en
convento, pero ya que todas las pruebas han sido hechas y los efectos están
bien conocidos y tras todavía que mi enfermedad se va cada vez más acentuando,
apenas arrastrándome, veo que no pudiera ser a la comunidad si no de peso y de
estorbo, sin aportar ningún ayuda y acelerando mi fin. Luego teniendo presente
la respuesta dada por el general a mi respeto, con mi suplicio intenso del alma,
me decido a preguntar el breve, reconociendo, en la voz del superior, la voz de
Dios.
[...] Soy persuadido luego que el padre provincial interpondrá cerca de Roma
sus buenos despachos, nos logrará hacerme quedar con la saya del seráfico Padre".
Luego padre Pio está en un momento crítico de su vida sacerdotal y religiosa: está
en el punto de dejar el
vestido franciscano para estár un simple sacerdote secular. Una situación que será
superada por el Breve "durante infirmitate y retento habitu", es
decir, el permiso papal quedar en Pietrelcina conservando el estado de religioso capuchino.
RAFFAELINA CERASE
Mientras tanto, en las relaciones epistolares
con padre Pio, padre Agostino de San Marco en Lamis a menudo señala a "dos
almas" que se encomiendan a los ruegos del fraile de Pietrelcina. Estas dos
almas tendrán un papel muy importante en el epistolario de padre Pio y
estarán entre sus primeras hijas espirituales. Se trata de Raffaelina Cerase y
su hermana Giovina. Es el mismo padre Agostino, confesor y director espiritual
de las dos hermanas, a preanunciar a su querido Padre Pio el pendiente
principio de un contacto epistolar de parte de Raffaelina. Lo hace con una
carta, escrita como en francés muchos otras y fechada el 20 de marzo de 1914:
"Una de las dos almas, específicamente aquella privilegiada, dentro de pocos
días te escribirá directamente. Me parece que Jesús lo quiere. Esta alma,
quizás tú lo sabes, está en un período de oscuridad espiritual. Yo creo que Jesús
quiere iluminarla a través de ti. Yo te ruego contestar enseguida, si el buen
Dios te lo permitiera, a todas las cartas que Ella te mandará".
La correspondencia de padre Pio con Raffaelina Cerase ocupará no sólo un
puesto importante en el epistolario del fraile capuchino, pero dará a luz una
amistad que, permitida y querida por Dios, provocará su vuelta definitiva a la vida conventual.
Las manifestaciones místicas en padre Pio son seguidas con gran respeto por
los superiores provinciales del orden de los capuchinos. Más bien más de una vez
ellos le preguntan al padre de interpelar el Dios en respeto a la provincia a
que padre Pio pertenece.
Padre Benedetto de San Marco en Lamis, ministro provincial de los capuchinos de
Foggia, el 21 marzo del 1914 pregunta además: "... Quiero pues que me escribes
largo y además de tu noticias el Dios interpela para que por la suya santa y
divina bondad se digna hacer conocer aquellos que desea de mí y de la provincia.
Dime todo por santa obediencia y distintamente."
La respuesta de padre Pio, fechada el 26 de marzo de 1914, no tarda a llegar.
Pero, la espera de respuestas de parte del Dios, sobre el gobierno de la
provincia, queda desengañada. Es el mismo padre Pio a explicar el por qué:
He rogado y siempre ruego según todo aquellos finos que vosotros deseáis; pero
me abstengo de hacer preguntas a nuestro Dios a fin de tener de ello una
respuesta, teniéndome él Él destejo prohibido. Si por el atrás el Dios permitió,
más bien quiso que le preguntara en este y en aquella circunstancia, cuál fuera
su deseo, de un trozo pero asegura este viejo modo de actuar. "Este modo bien él
confà, tuvo a decirme una vez a nuestro Dios, por los que soy como niños en
mis calles y mí quiero que tú por fin sales de este estado de niñez."
Y en la misma carta padre Pio abre su corazón a padre Benedetto,
revelándo la experiencia mística que lo envuelve en el ruego. Lo hace
con palabras conmovedoras, preñadas de intenso amor y de dulces palabras que
expresan su extraordinaria relación de Amor con Dios:
"Apenas me echo a rogar duro me siento el corazón como herido por una llama de
un vivo amor; esta llama no tiene nada que ver con cualquiera llama de este bajo
mondo. Es una llama delicada y muy postre que consume y no da pena alguna. Ella
es sí dulce y sí deliciosa que el espíritu prueba tal de ella complacencia..."
Mientras tanto, a través de padre Agostino su confesor y director espiritual,
Raffaelina Cerase, terciaria franciscana enfermada y desterrada en casa, desde
Foggia se mete en contacto epistolar con Padre Pio. Nace, con este diálogo,
una unión espiritual que dará muchos frutos a esta santa mujer tocada
grandemente en el sufrimiento sea por los lutos y las discordias en familia, que
a causa de su misma enfermedad física. En la primera carta escrita a padre Pio,
el 24 de marzo, así concluye su presentación:
"Suplicáis, repito, hasta el aburrimiento, insistís, habla muy a Jesús. Decid lo
que las dos almas, especie la mía, espera su gracia, las dos piedras aisladas en
el mundo, las dos hojas batido del huracán esperan su mano que por fin las ponga
al sitio de que Él las destina; esperan y esperan..."(Epistolario II).
A esta carta padre Pio contesta el 29 de marzo (domingo de pasión):
"Ay! hijuela querida por Jesús, si estuviéramos en nuestro mano, siempre caeríamos y
nunca quedaríamos de pie; y por tanto os humilladas al pensamiento dulce que
sois sobre los brazos divinos de Jesús, que es el mejor de los padres como un
pargoletto sobre aquellas maternas y dormidas tranquilas, cierta de estár
conducida por dónde encontraréis la más buen ventaja. Qué temor se puede tener
el ser verificado de estar entre sí suaves brazos cuándo todo nuestro ser le es
consagrado a Dios?! " (Epistolario II).
En el junio del 1914 Padre Pio es mandado a Morcone. Pero el cuarto de
estar será breve a causa del reagudizarse de todos sus males. ¿Cuál misterio se
esconde tras estas coincidencias? Apenas es mandado en convento, el fraile se se
enferma gravemente. Vuelve al aire nativo y recobra sus fuerzas. Nosotros
repetimos cuanto ya hemos afirmado. Y es decir que el Dios todavía lo quiera a
Pietrelcina para forjarlo completamente según sus semblantes físicos y
espirituales.
Es el mismo padre Pio, el 18 de junio a confiar, a padre Agostino, sus
preocupaciones:
"En cinco días que he sido en Morcone me he reducido en un estado harto
lastimoso. Esta nueva recaída, mi querido padre, me ha trastornado toda la
persona y aquél que más queda dañado es el pecho. Ello me hace sufrir
continuamente; me tiene en una prolongada agonía. En ciertos momentos es tal la
pena que me causa, que me pareces como si la vida se parara.... sea hecha
la voluntad del Dios, que todo lo que ordena es justo! "(Epistolario I).
LOS
FENÓMENOS MÍSTICOS
Por la primera vez padre Pio
señala uno de los fenómenos extraordinarios que lo acompañará por toda su vida.
Lo hace escribiéndo a Raffaelina Cerase, su hija espiritual, el 10 octubre del
1914:
"Mi
cariño para vosotros en Cristo Jesús, Benedetto sea Dios, Padre de nuestro Dios
Jesús Cristo, Padre de las misericordias y Dios de cada consuelo, el que, en su
bondad, ha permitido en estos días que os visitara en espíritu. ¿Nada vosotros
habéis presentido de tal visita?...".
Este carisma de la visita en ispirito, de que padre Pio es dotado, no semeja
todavía ser una verdadera bilocación. Lo demuéstra la respuesta de Raffaelina,
fechada 21 octubre del 1914: "¡Y la visita en ispirito que os dignarais hacerme -
cuánto sois bueno con esta hija ingrata, indigna de todo! ¿- en cuál día, en
cuál ocurrió ahora? Tengáis la paciencia de indicarmelo - no lo olvidáis -;
pobra yo, de nada me percaté".
Esta carta llega con retraso a padre Pio que, el 25 de octubre, con
grande humildad y modestia, define un regalo del Dios sus visitas en espíritu:
"Ningún agradecimiento me es debido por la visita que el Dios se puso de acuerdo
de hacervos en espíritu: pero vuestros agradecimientos y vuestras alabanzas sean dirigidas a Dios solo. Incluso me preguntáis la hora y el día en los que
esta visita ocurrió. Pruebo gran repugnancia en manifestarvos eso, pero para no
afligirvos fo callar aquellos que me repugna. Si no equivoco la visita
ocurrió el día 4 de octubre, festividad del seráfico padre san Francesco, y en
las primeras horas del día siguiente. No os puedo decir otro de tal visita; os digo
sólo que fue muy larga. Os evito luego que de tal visita no hagáis palabra de
ella con ningún ser viviente de este mundo... ".
Se prepara, por lo tanto, para padre Pio, el permiso para hacerlo quedar
fuera convento, pero vistiendo el vestido capuchino. Por tanto él recibe una carta
de Padre Benedetto, fechada el 14 de diciembre de 1914:
"Querido padre Pio,
debiéndo regular vuestra posición con el reverendissimo padre general, él me
ha sugerido que se consiga él breve "durante infirmitate e retento habitu". Pero
es indispensable que le preguntéis al arzobispo de Benevento un atestado en que
declaras que quiere concedervos el altar o en otras palabras provisionalmente
pertenezcáis al clero de Pietrelcina. Conviene que la instancia sea acompañada
por un carta del arcipreste. El atestado lo mandaréis a mí. Triste por no podervos todavía ver entre nosotros, vos bendigo y deseo de Jesús Niño cada
electa gracia."
Para comprender el sufrimiento de padre Pio, hace
falta leer algunas rayas de la carta que el 19 diciembre del 1914 él manda a su querido padre Agostino mientras una vez más la enfermedad lo obliga
en su cama.
Sufrimientos físicos y morales que ponen a dura prueba su alma:
"...os escribo este pocas rayas para no hacervos dar las fiestas de
Jesús Niño sin desearvosla llenas de las más electas gracias. En estos días
depondré a los pies del Niño Jesús más allá de mis pobres ruegos para vosotros, pero todavía esparciré lágrimas y ofreceré todas las amarguras que
oprimen mi corazón. Cuál humillación para mí, mi padre, en verme casi dividido
por el seráfico Orden. Dolor tan agudo que me sobrevino, a pesar de que fui
parado, no en cuanto me vino la carta de lo provincial que me comunicó las
decisiones tomadas......Sea hecha la divina voluntad... ".
En la respuesta de padre Agostino
está todo el consuelo del padre
y del amigo que lo alienta sobre su permanencia en los Capuchinos: "Te ruego a no dejar cogerte del pensamiento que tú seas dividido por nuestro Orden: este
me parece una tentación. El padre general ha visto la divina voluntad y te
acuerdas el breve "a tempus" y con el vestido seráfico: pues tú siempre eres
nuestro y más que del seráfico padre.... ".
En el 30 de enero del 1915, padre Pio escribe a Raffaelina Cerase,
invitándola a vivir su su obediencia a Dios en el sufrimiento como la de Jesús en el Getsemani, antes de
afrontar las horas de la Pasión:
"¡Considerad el fiat de Jesús en el huerto; cuánto tuvo que lograrle de cuelga
hasta sudar, y sudar sangre! También pronuncíalo vosotros, este fiat, mucho en las
cosas prósperas, que en las cosas adversas; y no os dais pena y ni os rompéis la
cabeza del como lo pronunciáis. Se sabe que en las cosas duras la naturaleza
rehuye la cruz, pero no se puede decir que el alma no se haya sometido a la
voluntad de Dios cuánto incluso la vemos, a pesar de la fuerza que siente en
contrario, venir a la práctica".
Como ya se ha dicho en otras circunstancias, padre Benedetto de San Marco en
Lamis, ministro provincial de los frailes capuchinos, presentó a la Santa Sede la petición para
que padre Pio tuviera el permiso de vestir la saya religiosa,
incluso quedando "fuera convento, para curar la misma salud, siendo esto el
único medio que da esperanza de curar. El Sumo Pontífice, el 25 de febrero de
1915, por fin le concede a Padre Pio "petitam facultatem manendi extra
clausura durante necesitadas, retento habitu regulari". Dicha facultad le es
comunicada a padre a Benedetto el 1° de marzo. El día 7 le escribe a padre
Pio: "Es llegado el "breve durante infirmitate y retento habitu" de quedar en
el siglo. Dios me conceda de vervos volver al convento".
Por tanto, desde este momento y por acerca de un año, la Iglesia Beneventana tendrá
el privilegio de tener a Padre Pio entre los mismos sacerdotes seculares.
Pero el breve concedido por el Papa, más que alejarlo del orden, lo ayuda a
sentirse cada vez más profundamente unido a ello. Con padre Benedetto la
relación epistolar vuelve a estar más frecuente.
El 25 marzo del 1915, fiesta del Anunciación de Maria, Padre Pio
manifiesta, a su querida hija espiritual, Raffaelina Cerase, los mismos
sentimientos que siete días antes le expresó a padre a Benedetto. Y lo hace con
palabras que expresan un gran sufrimiento y mientras tanto un amor ardiente
hacia el Dios:
"Desde bastante tiempo, tenéis que saber, que le es gustado a
nuestro Dios Jesús Cristo ponerme en una extrema enfermedad, más espiritual por
otro que corporal. Es una prueba tan alta que me pone a jugar el todo por
todo. El infierno se ha acalorado todo sobre de mí. Hay momentos, en los que me
parece de morir; y realmente es un milagro de la misericordia divina si incluso
yo sigo viviendo. Muero en cada instante: me siento crucifijo de amor. Tendría
que
lograrme desaforadamente de delicia, pero que queréis, mi espíritu todavía está
acostumbrado a comidas hartas groseras. Paso de las noches especialmente en
brazos a una extrema angustia en vista de la prueba que me pone a perder el todo
por todo"
TESOROS
ESPIRITUALES
A pesar de los grandes sufrimientos
físicos y morales también causados por la lucha que él tiene que afrontar contra las
fuerzas del mal, padre Pio prodiga, en sus cartas a las hijas espirituales,
auténticos tesoros de enseñanza cristiana.
Siempre a Raffaelina Cerase él
escribe, martes santo, 30 marzo del 1915:
"Vivís tal que el Padre celeste de os
pueda engreirsese, como lo hace y lo es de muchas almas elegidas como la vuestra.
¡Vivid de modo que en cada instante podáis repetir coll'apostolo San Paolo:[seáis mis imitadores, como yo lo soy de Jesús Cristo](Cor 4,16;11,1).
[.....] Ay! Si todos los cristianos vivieran según su vocación,
la tierra misma de destierro se cambiaría en un paraíso".
Padre Benedetto de San Marco en Lamis, ha sabido que padre
Pio ha cambiado el confesor, encomendándose, ahora, al querido don Salvatore Pannullo,
arcipreste de Pietrelcina, por él llamado amablemente: "Zi Tore". Y entonces
pregunta, a padre Pio, en una
carta fechada 10 abril, cuales motivas lo han empujado a cambiar a
confesor, sin preguntar primera el beneplácito a Él. El tono es de aquellos
severos, pero, con una renovada invitación de volver a vivir entre las paredes
del convento capuchino, viene en fin desleído en un saludo cariñoso.
La respuesta de
padre Pio no se hace esperar y, en una carta densa de ternura filial, así
contesta el 15 de abril:
"... El confesor luego por mí deseado, es el arcipreste, y gracias a Jesús, he
encontrado un poco de consuelo. Las razones son diferentes, que me dictaré el
empujón a abandonar a mi viejo confesor y ni valdría a hacerles entender si me
quisiera probar a ponerle en papel; me prometo de decirvos todo personalmente.....".
Pero siempre está con padre Agostino que el fraile de Pietrelcina abre su
corazón de hijo espiritual por fin manifestando los secretos más apartados de su
corazón. Y lo hace con aserciones y confianzas que expresan un corazón
fuertemente afligido para el deseo de querer su Dios. El 15 de abril padre
Pio escribe a su director espiritual y amigo fraterno:
"Está, esta,
una de las más agudas espinas que en la hora actual me traspasa de modo que
reducirme en agonía. ¿Qué significa todo esto? ¿Quizás el Dios ya no quiere
hacerse querer por mí? ¿Y si ésto no es verdadero, por qué supera el deseo de
querer a Dios de muy el hecho mismo de quererlo? ¿Por qué Dios que es así bueno con
sus criaturas, rehusa de hacerse querer cuándo el alma desea de ello? ¿Deh,
dígame, por caridad, por qué siente el alma más el deseo de querer y a pesar de
los esfuerzos que ella hace de querer cuanto ya desea, siente en si misma casi
hacerse un vacío tío que ella no hubiera querido nunca? ¿Ahora decidme, sin
humanos respetos o mi padre, no es específicamente, esto, una señal
manifiesto que mi alma es priva de amor para Dios? ¡Por amor del cielo,
décidme todo, sin nada esconderme! ¿Moriré yo, pues, sin haber
querido nunca mi Dios? ¿o sin tenerlo querido cuanto yo el deseo? Todo esto me
hace llorar como a un niño y en la mayoría de los casos sin tampoco quererlo...
".
Padre Piadoso continuo, en su querido Pietrelcina, a vivir una maravillosa
estación espiritual que dejará incluso amplias huellas sobre sus recuerdos a San
Giovanni Redondo dónde incluso su carisma será conocido e irradiado en todo el
mundo. Él puede gozar el inconmensurable privilegio de las apariciones de Jesús.
Recuérdalo, escribiéndole a padre a Benedetto de San Marco en Lamis el 21 abril
del 1915, en una carta en el que señala todavía a uno extraño fenómeno: "Incluso
cuando estoy con Jesús me ocurre de dimandare a Jesús cosas, de los que no tuve
nunca en mente; de presentarle es decir puras de las personas que no he tenido
nunca no sólo en mente pero aquél que más me trae maravilla, que no hube
conocido nunca de tales personas y nunca he sentido de ello decir."
Mientras tanto los sufrimientos aumentan sea por una fuerte hemicránea que lo
acompaña de un po' de tiempo, sea por el dolor de la guerra que penetra hasta la
profundidad de su ánimo.
Escuchamos lo que escribe, siempre a padre Benedetto, el 27 de mayo de 1915:
"Desde más días son afligidos por fuertes dolores de cabeza, que me
hacen estar impotente
a cualquiera aplicación. Los horrores de la guerra me hacen estar mal:
mi alma es puesta en una extrema desolación.... Esta bendita guerra, sí, será
para nuestra Italia, para la iglesia de Dios una saludable purificación: se despertará en
el corazón italiano la fe, que estuvo allí arrinconada y ahogada por las pésimas
ganas; hará brotar en la iglesia de Dios, en un terreno casi secado y seco,
bonitas flores; ¡pero, mi Dios!, primera que eso ocurra, cuál dura prueba a
nosotros es reservada".
El 1° de julio padre Pio escribe una carta a padre Agostino,
deteniéndose en una larga, conmovedora y delicada reflexión sobre el valor de la
cruz:
"¡Cuánto, Padre, es dulce, el nombre cruz!; aquí, a los pies
de la cruz de Jesús,
las almas se revisten de luz, se inflaman de amor; aquí toman las alas para
elevarse a los vuelos más excelsos. También sea siempre cruz para nosotros la
cama de nuestro descanso, la escuela de perfección, la amada nuestra herencia. A
tal fin cuidamos de no separar la cruz por el amor a Jesús; de otro modo aquel sin
ésto se estaría un peso insoportable a nuestra debilidad. La Virgen de
los Dolores nos consiga de su santo Hijo de hacer penetrar cada vez más en
el misterio de la cruz e inebriarnos con ella de los padecimientos de Jesús. La
más cierta prueba del amor consiste en padecer por lo querido, y después de que
el Hijo de Dios padeció por puro amor tanto dolores, no queda ninguna duda
que la cruz, llevada para Él se pone amable cuanto el amor".
En la carta siguiente, escrita el 10 de julio, padre Pio comunica a padre
Agostino el pequeño secreto para llegar al corazón de Jesús:
"Jesús se complace
comunicarse a las almas simples; esforcémosnos de hacer adquisición de esta
bonita virtud, tengámosla en gran cualidad. Jesús dijo": si no os hacéis como
los niños, no entraréis en el reino de los cielos". Pero antes de enseñarlo a
nosotros con las palabras la practicó Él mismo con el hecho. Se hizo niño y nos
dio el ejemplo de aquella sencillez que luego también enseñaría con las palabras....
Esta paz es la sencillez del espíritu, la serenidad de la mente, la
tranquilidad del alma, el vínculo del amor".
El verano del 1915, en lugar de aliviar padre Pio de sus continuos
sufrimientos físicos y sobre todo espirituales, lo debilita tan que él más de
una vez casi se entrega al deseo de la muerte. Sus cartas a padre Agostino y a
las hijas espirituales tienen lo idéntico sentir. A Raffaelina Cerase él escribe,
el 14 de julio, una carta en la que abre su corazón colmado de penas:
"Y' una crisis terrible aquél que estoy viviendo, y no sé lo
que me es reservado. La crisis es más espiritual que corporal, pero no es menos verdadero que todo el físico no
sienta y no participas de modo para nada extraordinario a todos los sufrimientos
de aquel, y mucho el uno que lo otro concurre a hacerme padecer intensamente en el dolor. ¡Ay
de mí! ¡Quien me salvará de esta cárcel tenebrosa! quien me liberará de este
cuerpo de muerte. ¡Pero viva Dios en el más alto de los cielos! Él es mi
fortaleza, él es la salud de mi alma, él es para siempre mi porción. En él
espero, en él confío y no temeré mal alguno".
UN "ICEBERG" ESPIRITUAL
En el contacto epistolar con
padre Agostino emerge, como un cerro de hielo del agua, la estatura espiritual
de padre Pio de Pietrelcina. Y como un cerro de hielo, cuya estructura más
grande es escondida bajo el agua, así el alma de padre Pio se pone leíble
incluso quedando, las riquezas espirituales desconocidas a todos, pero no a Dios.
El 10 octubre del 1915, así el fraile le contesta a padre Agostino que le formuló
de las preguntas sobre algunos secretos apartados de su corazón y sus
experiencias sobrenaturales:
"La primera vuestra pregunta es que queréis saber desde cuando Jesús empezó a
favorecer su pobre criatura por sus celestes apariciones. ...éstas empezaron no muy después del noviciado. La segunda pregunta es
si lo ha concedido el privilegio inefable de sus santas llagas. A esa contesto afirmativamente, y la primera vez desde cuando Jesús quiso
donar este privilegio, ellas fueron visibles en una mano, y ya que este alma a tal
fenómeno quedó muy estupefacta, rogó al Dios que hubiera retirado un tal
fenómeno visible. De entonces no apparsero más; en cambio, desaparecidas las
transfixiones, no por éste desapareció el dolor agudo que se hace sentir,
especie en unas circunstancias y en determinados días".
EL
SERVICIO MILITAR
Padre Pio está llamado al servicio militar,
visto que hay la guerra. El 6 de noviembre tendrá que presentarse a
la Milicia. Una gran turbación se suma a sus muchas penas físicas y morales.
Padre Agostino, como siempre, recoge, por la carta que el santo cofrade le
escribe desde Pietrelcina el 1° noviembre del 1915, sus íntimas preocupaciones.
El 6 de noviembre Francesco
Forgione, se presenta al Distrito Militar de Benevento. Está enviado en el hospital
militar de Caserta de dónde, El 18 de noviembre, le escribe a padre Agostino:
"Ya son ocho días que estoy en este hospital militar, aquí mandado
por mi distrito de Benevento, por motivos de observación. Mi padre, yo ignoro cuál sea
mi suerte, pero cualquiera ella sea, la acepto con ánimo tranquilo y sereno, como
si me fuera ofrecida enseguida por las manos benditas del Padre Celeste.
El feroz capitán médico de Benevento en visitarme me halló en mí la mucha temida
enfermedad, cuál apunto es la tisis, y precisamente por este me puso bajo
reseña mandándome aquí. Su diagnóstico es, según yo, muy exacto y hecho con
mucho esmero.....".
Desde el hospital militar de Caserta padre Pio por fin vuelve a Pietrelcina. Viene en
fin convocado con rapidez al Distrito militar de Benevento para recibir la hoja
de viaje. Conscientes de sus precarias condiciones de salud, en vez de hacerlo partir enseguida, los médicos militar
le conceden el pemiso de hacerlo volver a Pietrelcina, para partir luego para
Nápoles el 6 de diciembre.
Son tiempos que el fraile vive con gran sufrimientos
interiores y inauditos
sufrimientos físicos, aliviados por el cariño y la ternura de sus parientes,
sobre todo de mamá Peppa.
Así escribe, padre Pio, a su viejo amigo y
director a espiritual padre Agostino:
"Con mano temblorosa os escribo este presente. Estoy por fuerza extremadamente
agotado y sólo por milagro me tengo en piernas para cumplir mi deber. Jesús sea
bendecido que así quiere probar la fidelidad de sus amantes.
Mañana por la mañana, lunes, a Dios gustando, partiré para Nápoles, habiendo sido
asignado a las 10 ^ compañía sanitaria. Le espero en el Dios de podervos de allá
escribir lo más pronto posible.....".
Como les preanunció a sus amigos, padre Pio llega a Nápoles el 6 de
noviembre y, desde el primer día les pregunta calurosamente a los superiores
militar de ser visitado, también porque sus condiciones físicos empeoran y el
estómago se niega de creer la comida diaria. Pero en los sufrimientos no se
cansa de bendecir Dios. Después de mucha espera, logra a ser visitado por el
teniente médico comandante la compañía el que, sensible verso sus enfermizas
condiciones de salud, pero también para no asumirse acerca de esta
responsabilidad, lo pospone por una segunda visita al capitán médico. Pero la
visita tarda a venir. En la espera el joven Forgione es exentado por el vestido
militar y se establece en una Casa privada.
Raffaelina Cerase y las personas que quieren a padre Pio, ruegan mucho al
Dios, por la intercesión de la Virgen, para que Padre Pio pueda estar exentado
definitivamente por el servicio militar.
El 17 de diciembre Padre Pio escribe, desde Nápoles, a padre Agostino:
"Deo gratias. Justo ahora he tenido la visita colegial y me ha sido concedido un
año de convalecencia, a causa de la reconocida enfermedad: infiltración a los
pulmones. Cuánto es bueno el Dios y también agradécelo vosotros con todas las
almas amantes de Jesús. Soy agotado de fuerzas, perdónadme por lo tanto si
escribo muy brevemente".
Vuelto a Pietrelcina, el 18 de diciembre, Francesco Forgione puede saborear
por fin, en la paz y en la intimidad de su familia, de los parientes, de los
amigos del barrio Castillo y de Piana Romana, momentos de alegría, de serenidad,
quieta, y de suma de gratitud hacia al Dios. Son sentimientos que rebosan de su
corazón mientras, dos días después, el 20 de diciembre, escribe a padre
Agostino:
"Sí, padre, en la consideración de mucha bondad del Dios,
el corazón me palpita; no valgo a retener las lágrimas y de un movimiento irresistible sentomi
llevado a exclamar: (Benedictus Dominis) aquí facit mirabilia solus)(Salmo 71, (Magnum
Dominus, et laudabilis nimis)(Salmo 47)".
El Dios, mi padre, Él mismo ha querido obrar este sacrificio, él ha querido
destejo tomar la defensa de su sirvo, por la intercesión de la nuestra
bonita y querida madre Maria Santa de Pompeya".
El día después, el 21 de diciembre, padre Pio escribe a Raffaelina Cerase
agradeciéndola por sus preghere y por su interés para que fuera exentado por el
servicio militar:
"Yo no quiero gastar palabras en devolvervos gracias y porque no las queréis, y
porque pudiera parecer quizás demasiada adulación. Delante de Dios, en cambio,
me siento obligado hacia de vosotros y otras almas, y por lo tanto otro no
me queda si no trabajes en la viña del Dios con más ardor para vuestra perfección,
además de para todas aquellas almas que el Dios querrá mandarme. ¿Cuál mejor
ocupación de esto...os podrá ser? Yo no conozco otra de ella mejor".
Después de una larga ausencia, durada unos siete meses, padre Benedetto,
ministro provincial de los Capuchinos, se rehace vivo y, contestando a una carta
con las felicidades navideñas, invita una vez más padre Pio a volver a la
vida conventual. Nada impide pensar que más veces padre Benedetto, en sus
encuentros con padre Agostino haya tratado de invitarlo a persuadir directamente
padre Pio a volver entre las paredes de las comunidades capuchina. Lo se
deduce de las invitaciones amables y cariñosas que el ex profesor de teología
dirige, en las continuas cartas, a su querido hijo espiritual. Pero no están
solo sus directorios espirituales a desear la vuelta a la comunidad capuchina.
Para esta intención ruegan algunas sus hijas espirituales, como Raffaelina
Cerase, Annita Rodote y muchos otras. Escuchamos una parte de la
carta que el 16 enero del 1915 padre Agostino escribe a padre Pio:
"¿...
Y cuándo acabará el destierro temporal de la patria claustral? Silencio!...
Eterno silencio!... He aquí el motivo de mi aflicción. ¿Por qué todavía callas?...
Por qué Jesús todavía no atiende los dignos ruegos de sus almas queridas? Aquel
alma ya ha empezado otras tres novenas a la Virgen de Pompeya: ella ruega, ruega
noche y día, ruega fervorosamente; con ella ruegan otras almas que tú sabes.
Ahora bien cuándo atenderá Jesús estas almas?... Cuándo me dirás todo entero el
estado actual de tu espíritu?... todavía Sientes en el corazón el deseo de volver
entre nosotros?.......
Tú dices que tu vuelta estaría tu muerte. Pero yo no lo creo: porque haciendo la
voluntad del superior, Dios no puede adscribir a culpa un daño que te vendría.
¡La obediencia en todo y sobre todo! He aquí un principio cierto de perfección
cristiana: tú lo sabes mejor a mí."
En esta carta se percibe la influencia del ministro provincial,
Padre Benedetto. Son espinosas puntiagudas y dolorosas por el corazón simple y
tierno de padre Pio. En su Pietrelcina se cierra en un silencio que esconde
ciertamente el gran interrogante acerca de la vuelta a convento.
LA
NOCHE DEL ESPÍRITU
En otra carta, de bien
diferente tenor, padre Agostino escribe a Padre Pio el 20 del mismo mes. Y a esta Padre
Pio contesta manifestando uno de los momentos importantes y más difíciles de su itinerario
místico: "la noche del espíritu", una condición espiritual en la que "todo
concurre a disponer y a preparar el corazón a recibir en si destejo la forma
verdadera del espíritu...".
Padre Pio vive mucho esta
experiencia de sufrimiento y de aridez del espíritu. He aquí como contesta a la carta que padre Agostino le
ha escrito el 20 de enero:
"... Mi alma desde hace tiempo vive, día y noche, en
esta oscura noche
del espíritu. Las tinieblas espirituales me duran de las largas horas, de los
largos días y a menudo de los interas semanas.
... Continuo está el suspirar del alma bajo el peso de esta noche que toda la circunda,
toda la penetra; pero ella se ve incapaz para pensar no sólo en las cosas
sobrenaturales, pero hasta a las cosas más simples....
... Yo voy debatiéndome; suspiro, lloro, me quejo, pero todo es indarno; hasta
que quebrantada del dolor y débil de fuerzas, la pobre alma se somete al Dios
diciendo: , No mea o dulcissime Jesu, sed tu voluntas fiat".
A estas palabras padre Agostino contesta el 29 de enero con una carta en la que
una vez más afirma que "la obediencia tiene que prevalecer sobre todas las
razones del mundo: "... Ahora bien el autoridad ha hablado clara acerca de tu
vuelta al claustro: pues cualquier consejo y de cualquiera persona no puede
hacer una excepción. El autoridad podrá equivocar: la obediencia no equivoca
nunca....
Lo provincial en tu caso llega a decir que tu espíritu es víctima de un ilusión diabólica y
que tú tendrías que vencerla. Y añado que también él, el superiore provincial, admite verdaderas las gracias que Jesús
te ha donado;
reconoce tu estado extraordinario, a ti concedido por la sola bondad divina;
pero acerca de tu permanencia fuera del claustro, tiene que estar obedecido contra
todas las otras razones en contrario.
De mi parte digo que el autoridad tiene que prevalecer no sólo en los órdenes
pero también en los consejos; pues por qué tú no crees ni te oyes la fuerza de
ejecutar la voluntad expresada por el superior provincial"?.
Esta carta, empezará a crear los primeros presupuestos para la definitiva vuelta
de padre Pio a la vida religiosa capuchina.
SE PREPARA LA SEPARACIÓN
DE PIETRELCINA
Se acerca para
Padre Pio el momento de su adiós.
El 31 de enero de 1916, dos días después de la última carta, padre Agostino
solicita la presencia de padre Pio a Foggia, para asistir espiritualmente a su hija espiritual Raffaelina Cerase, cuya condiciones físicas han vuelto a
estar críticas:
"Ahora la hermana me dice que
está muy mal y en el tiempo
mismo me ruega escribirte, porque Raffaelina también pregunta a una tu
visita. Ella misma me dijo personalmente que, antes de morir, habría deseado de
verte, aquél gracia que Francesca sin cumplidos fue negada.
Tú que dices?... Por mí, creo que Jesús lo quiera: Él te dará la
gracia de hacer este viaje hasta a Foggia. Tú se lo has prometido a
Raffaelina. Encomendándote a sus ruegos tú destejo le dijiste, por la
circunstancia de tu visita militar: "Si Jesús me hiciera esta gracia, nos
veremos y nos conoceremos...
Giovina me dice que los gastos de viaje serían por su cuenta todo.
El superior provincial está de acuerdo y está contento. Yo estoy listo para hacer cuanto
tú quieres. En el caso que te decides, no tienes que hacer otro que avisarme,
también telegráficamente: yo vendría a Benevento y te esperaría a allí; tú puedes
disponer en el más buen modo posible. Espero no tener un rechazo".
Padre Agostino habría esperado
a Padre Pio en la estación de los ferrocarriles de Benevento: Eso para preservar
su incolumidad personal, porque,
otras vez, en Pietrelcina ensayó el mal humor popular. "La gente de
Pietrelcina estimaba a nuestro Padre [Pio]. una vez una persona dijo a Padre
Agostino: "¿Queréis vosotros alejar de Pietrelcina nuestro santo? nosotros nos
enfadamos fuertes con vosotros!"(AGOSTINO
DE S.MARCO EN LAMIS, Noticias sobre Padre Pio, cuaderno IV, Diario, p. 200).
Una vez más semeja de ver, en este viaje que le se solicita a padre Pio, la
voluntad del padre Provincial, Benedetto de San Marco en Lamis, que quiere hacer
de modo que Padre Pio, por este viaje, alcanzada una vez Foggia, sea obligado
a quedar cerca de la Comunidad Capuchina. Se puede entender, esto,
también en esta carta que padre Agostino le escribe a su hijo espiritual:
Ante todo aquel alma [Raffaelina Cerase n.d.a.], me ha dicho claramente que debbo
acompañarte yo; ella no querría verte junto a otros. En según lugar entre no muy
tendré que irme a Benevento por orden de lo provincial por un asunto de la
provincia cerca de aquella prefectura; luego podría aprovechar esta ocasión para
acompañarte. En tercer lugar ciertamente tú a Foggia tienes que permanecer un
algunos días, porque aquel alma no se contentaría de una sola visita y no puede
contentarse; de más ella sin duda querrá que tú digas algunas misas en su
capilla de familia; en fin se tratará de tener algunas conferencias espirituales;
por fin haría falta también visitar el santuario de Maria santa Coronada de
Foggia".
Entonces, la invitación revuelta
por padre Agostino de no llevar consigo a Forma
ningun familiar, deja claramente presagiar la intención de no darle, al joven
fraile, sostén alguno para una eventual vuelta a Pietrelcina.
Ciertamente padre Pio vive un tiempo de particular
padecimiento moral y espiritual y, quizás, ya intuye que no volverá más, si no por pocos días y de paso,
a su querido burgo nativo.

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