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SACERDOTE Y VICTIMA
Fraile Pio quiere ser
sacerdote. Y tan más lo desea, cuanto más siente su salud
deteriorarse. Él ha sabido que, por graves motivos de salud, puede estar
ordenado sacerdote. También favorecido por los superiores que están en fuerte
aprensión para su salud, el Fraile de Pietrelcina formula la solicitud de
ser ordenado sacerdote en antelación.
Conseguida una respuesta favorable, está examinado por la curia
arcivescovile de Benevento y es, pues, admitido al sacerdocio.
Por fin, el 10 agosto del 1910, en la catedral de Benevento,
presentes: la mamá, el hermano y don Salvatore Pannullo, arcipreste de
Pietrelcina, Fraile Pi es consagrado sacerdote por monseñor Paolo Schinosi.
Cuatro días después, la víspera de Maria Asumida, Padre Pio canta
su primera misa en la Iglesia de Pietrelcina, al altar de la Virgen de la
Libera.
En este día padre Pio escribe un breve ruego que representa ya
expresa su programa de vida:
"O Jesús, mi suspiro y mi vida, mientras hoy te elevo en un
misterio de amor, te pregunto de poder ser, para tí, un sacerdote santo y una
víctima perfecta".
¿Pero, cuáles son los sentimientos del novicio sacerdote Padre
Pio de Pietrelcina en aquellos días? Podemos argüirlo leyendo la carta que él,
el 17 agosto del 1910, escribe a su director a espiritual Padre Benedetto de San
Marco en Lamis:
"Mi querido padre, por varios días he sido mal; quizás la
causa principal de eso ha sida la demasiada conmoción a que el espíritu en estos
días ha ido sujeto.... mi corazón está rebosante de alegría y se siente cada vez
más fuerte a encontrar cualquiera aflicción, en caso de que se trate de
obedecerle a Jesús".
El 4 de septiembre, bajo el peso de sus sufrimientos físicos, así
le escribe a Padre a Benedetto:
"Ay sí, padre, cuánto es bueno Jesús conmigo! ¡Ay! qué
preciosos momentos son éstos; es una felicidad que no sé a que compararla; es
una felicidad que casi sólo en las aflicciones el Dios me da a gustar. ......
querer y servir. También entre muchos sufrimientos, soy feliz porque me pareces
de sentir mi corazón palpitar con el de Jesús".
Después del la ordenación sacerdotal, Padre Pio queda en
Pietrelcina por casi seis años. Los primeros años de sacerdocio pasan mientras
él es circundado por el cariño de su familia, de los parientes y de los paisanos.
Su enfermedad misteriosa lo obliga, cada vez que los superiores lo mandan al
convento, volver a casa por motivos de salud. Y en efecto sólo a Pietrelcina él
que él logra recobrar poca salud, pero no a recobrar el total bienestar.
El 29 noviembre del 1910, Padre Pio escribe así a Padre
Benedetto:
"De varios días en acá me siento muy más mal con la salud. Pero
lo que en ispecial modo me atormenta, son la tos y los dolores de tórax. La tos
luego es tan fuerte y en las horas nocturnas, que poco falta que no se parte el
pecho; y muchas veces, por temor, voy repitiéndome el acto de dolor"
En
Pietrelcina, habitando sobre la "Torretta" en vico Storto Valla, Padre Pio vive
su vida sacerdotal. Ante todo, hay el tiempo dedicado al ruego. A menudo se hace
cerrar en la iglesia de Sant'Anna o en la parroquia de Santa Maria degli
Angeli, para sólo quedar en adoración delante de Jesús Sacramentado. Una vez el
sacrestano llega en iglesia y lo encuentra casi desmayado, extendido por tierra.
Preocupado, va a llamar el cura y le dice que Padre Pio ha muerto". Don
Salvatore Pannullo, que conoce Padre Pio muy bien, así contesta: no
preocuparte: tú a mediodía tocas las campanas y luego vas a comer a casa.....
que el muerto resucita".
El 29 marzo
del 1911 Padre Pio escribe así a a Padre Benedetto de San Marco en Lamis:
"... pero lo que más me hiere, padre, es el pensamiento de Jesús sacramentado.
El corazón se siente como atraído por una fuerza superior antes de unirse a la
mañana en sacramento. Tengo tal hambre y sed antes de recibirlo, que poco falta
que no muero de preocupación. Y precisamente porque no puedo no unirme a Él, y a
las veces cola fiebre encima soy obligado a ir a nutrirme de sus carnes".
Padre Pio colabora activamente, por el ministerio sacerdotal,
con don Salvatore Pannullo. Celebra las funciones religiosas y administra los
sacramentos. Pero también tiene el tiempo de estudiar teología, de curar la
catequesis a los pequeños, sea a Pietrelcina que a Piana Romana, de vivir
momentos de intimidad con su familia, los parientes y los amigos; sobre todo la
comunidad de su barrio, el burgo "Castello". Él se entera de que don Domenico
Tizzani, ex sacerdote ahora exclaustrado que fue su primer profesor, está a
punto de morir y nadie tiene el ánimo de acercarse a él. La hijuela, casi
desgraciada, ve pasar a Padre Pio su anterior casa y lo llama,
preguntándole de visitar al papá. Padre Pio entra y reconcilia, el suyo primer
maestro, con el amor y la misericordia del Padre Celeste, entre las
lágrimas de arrepentimiento de Tizzani y de la hija, y de su intensa conmoción.