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LA VUELTA A LA NORMALIDAD

 

LA VUELTA A LA NORMALIDAD

LA SANTA MISA

PADRE PIO Y LOS NIÑOS 

ALEGRÍA DE PADRE PIO 

PAPA PIO XII

   Cuándo Cleonice por fin puede confesarse con  el Padre, a su pregunta si tuviera muy atormentado  en estos tres años de segregación, él contesta: "¿Y me lo preguntas? He sufrido mucho, pero no para mí, para vosotros.  Te agradezco del consuelo que me has dado". 
   Por fin inicia para Padre Pio un período de relativa tranquilidad. Él sigue viviendo sus días entre los lugares del convento que recalcan su ruego, la celebración Eucarística y el ministerio de la Reconciliación. Trata de tomar parte en la vida comunitaria aunque a veces la salud inestable se lo impide. Relaciones das bimestrales que son redactadas por los superiores del convento se aprende que él, a menudo, padece de fuertes dolores de jefe, inapetencia y, a menudo, la fiebre lo obliga a estar a cama. 

   Generalmente come poco a mediodía, mientras de mañana y por la tarde no toma nada. Si luego, a esto, se suma la continua pérdida de sangre de las heridas, especie de aquella del costado, el cuadro clínico aparece en toda su realidad y es padecido por preguntarse: como hace, Padre Pio en afrontar, con los pocas energías físicas que se encuentra, las fatigas extenuantes provocadas por el incansable ministerio sacerdotal, del incesante ruego, de los sufrimientos que siempre lo agobian, de los padecimientos físicos y morales, de las vejaciones diabólicas y de la falta de descanso nocturno. En efecto, como si no bastara lo que amanece, la noche padece de insomnio y la mayor parte de las horas nocturnas la pasa rogando en celda o bien en el coro. Y' él que despertador, saliendo del coro, los religiosos por el ruego nocturno. Y solo después del despacho se es capacitado en la misma habitación para un po' de descanso. Él verdaderamente puede definirse como a un hombre de oración. 

   Retoma el aflujo de fieles y romeros a S.Giovanni Rotondo. Están presentes también sacerdotes y personalidades políticas, civiles y y militar. Pero está en el confesionario que Padre Pio emerge en toda su santidad coronada por carismas extraordinarios. Lo demuestran los múltiples fenómenos que ocurren en él y alrededor de él, y certificados por los hijos espirituales y fieles de cada parte del mundo: bilocaciones, perfume suave del origen misterioso, profecía, carismas de hablar las lenguas, milagros y curaciones extraordinarias, discernimiento de los corazones. De veras el Señor Dios ha dispensado, a este humilde su hijo, obediente en todo y dócil a su voluntad, todos los regalos místicos que vemos presentes en las grandes almas místicas de la Historia de la Iglesia. La locución de los corazones es una de estos regalos. El hecho que muchos se han sentido decir por el Padre los mismos pecados está ya un dato absolutamente inopinable. Muchos francmasones, protestantes, teósofos, marxistas, espiritistas, ateos, se precipitan a S.Giovanni Rotondo atraídos por sus estigmas. 

   Ocurre un día que un visitador, venido por curiosidad, trata de esconderse tras un grupo de hombres asociados en sacristía. Padre Pio, apenas entre, lo descubre: "Genovés - le grita por encima de las cabezas, - genovés, tienes la cara sucia. A dos pasos del mar, no sabes pues lavarte"? Podemos imaginar la consternación del desgraciado. Todas las miradas, naturalmente, se fijan sobre de él. Padre Pio no desiste: "Tu barco es sólido, pero nadie tiene de ello el timón". Naturalmente el accidente se concluye al confesionario"

   Alberto Del Fante, perteneciente a la Masonería, en un primer momento combate a padre Pio con una serie de violentos artículos publicados por "Italia laica". Luego, en consecuencia de la curación instantánea y "indiscutible" de un nieto suyo, le va a S.Giovanni Rotondo, se reconcilia con Dios y se convierte en uno de los incansables apóstoles de la santidad de Padre Pio, incluso publicando de ello una de las primeras biografías. 

   Los carismas de Padre Pio no anulan la inteligencia. "Bien lejos del estar como un lugar de personas piadosas, S.Giovanni Rotondo ha visto afluir desde cada parte de Italia y del mundo a profesores, artistas, escritores, filósofos, intelectuales en busca de fe. Uno de ellos, Ferruccio Caponnetti, materialista militante, ha escrito: "Sobre al monte Gargano he encontrado a un Maestro. Él me acogió con alegría, escuchó sonriente mis dificultades y mis dudas. Luego, con palabras simples, pero con una profundidad de pensamiento insondable, demolió, a una a una, todas las objeciones que se agolparon en mi mente, trastornaron a una a una todas mis argumentaciones, atavío la mía anima a desnudo y, me habiendo enseñado la enseñanza del Dios, abrió los ojos de mi el alma y vi la luz. Tocó mi corazón: yo creo". 

LA SANTA MISA

 

   La Santa Misa, siempre celebrada con gran devoción y concentración, encadena a los fieles. "Un alto personaje eclesiástico llega a convento propio en la hora en cuyo Padre Pio tiene que celebrar; quiere también escucharlo su Misa y arista tan impresionado que confía al superior del convento: "Mientras Padre Pio celebró, he querido meditar sobre la santa Misa y puedo decir que, en veintidós años de sacerdocio, nunca he meditado con mucha concentración y ni asistido a una Misa celebrada como esta mañana" con mucha devoción. 
   En cambio un sacerdote bávaro certifica: "Por mí S.Giovanni Rotondo ha sido una nueva Asís; y escuchando la Misa de Padre Pio, he visto a Jesús Cristo sobre la tierra revivir después de veinte siglos!..". 

   A pesar de su conducta íntegra y el ministerio sacerdotal que lo absorbe incansablemente, Padre Pio continua a estar seguido con sospecha por las Instituciones eclesiásticas romanas. 

   El 5 de mayo de 1934 celebra el primer santo después de la "rehabilitación", pero no le está permitido de celebrar. 

   El año después, el 10 de agosto de 1935, recurre el vigésimo quinto aniversario de su sacerdocio. La pequeña iglesia del convento es llenada y la gente también ha llegado de lejos para estar vecina al Padre. En el testimonio de Cleonice Morcaldi, su hija espiritual predilecta, los momentos hermosos que todavía señalan un día hecho de sufrimientos, a causa de los superiores que le impide celebrar la Misa solemne, como en las circunstancias de este tipo: No llegaron que pocas flores. El Padre dijo: serán muchos de ello que cubrir todo el suelo de la iglesia". En aquel tiempo nos fue solo la pequeña iglesia. Nadie entendió lo que el Padre quisiera decir. La noche de la víspera, de las diez por la tarde, la gente les llegó en grupos. Bien pronto se llenó la plaza. Yo subí, con otras amigas hacia las once. Nos quiso fuerza y constancia para estar de pie toda la noche. Sólo el amor sabe cumplir sacrificios . Cuando la iglesia se abrió, todos se apresuraron para llegar a los primeros sitios. ¡Pero, ay, desilusión! no hubieron los bancos. Los frailes los sacaron para dejar más espacio a la gente que, cansada de la larga vela, se sentó sobre el suelo. Se realizó la frase del Padre: serán muchos de ello de flores, es decir de almas, que cubrirán el suelo. Una buena mitad de fieles escuchó escuchó la Misa desde la plaza. Le pregunté al Padre una gracia, le dije: "¿Padre, sois vosotros buenos, a vosotros nada niega a Jesús". Y él: "Hija, mi hija, yo bueno? Si tú te conocieras, escaparías fuera: el más gran delincuente de la tierra es un gentilhombre con respecto de mí". 

   Dijo estas frases en un modo de hacerme llorar. La gracia Jesús me la hizo, por la gran humildad del Padre" (Cleonice Morcaldi) 

   Los superiores, según los órdenes recibidos por Roma, siguen a teniendo un comportamiento prudente en sus comparaciones, considerándolo un "culpable" que ha recibido el perdón. De vez en cuando el Santo Ufficio se hace vivo impartiendo órdenes y disposiciones para recordarle que siempre está bajo control. Los órdenes le son mandados al Superior General, que, a su vez, es obligado a transmitirlos al Provincial y de ésto le llegan al padre superior de San Giovanni Rotondo que, obviamente, está tenido a ejecutarlos servilmente. Todo esto no hace que provocar malestar y íntimo aflijo en todo el orden de los frailes Capuchinos. Hasta Padre Pio es reprochado porque la celebración de su misa dura demasiado. Él, en efecto, durante la Santa Misa, tarda mucho tiempo a reflejar sobre las lecturas bíblicas y a pronunciar lentamente los varios ruegos. Para no hablar del momento central de la Misa: la consagración. Aquí Padre Pio semeja hundirse en un misterioso, vehemente, amoroso diálogo con lo invisible, y el tiempo vuela, mientras que todos los fieles confían al estupor de los sentidos la contemplación de la eucaristía que, por Padre Pio, casi hace visible el Cristo presiente sobre el altar. 
   Como se puede regañar a un sacerdote que no sólo vive en sus carnes el misterio de la Pasión del Dios, pero con intensa inspiración espiritual pronuncia las palabras del ritual Eucarístico, especialmente el corazón de la consagración: "HOC ESTE ENIM CORPUS MEUM": "Ésto es mi cuerpo, ésta es mi sangre". Su extraordinaria expresión mística y la conmoción que lo acompaña en pronunciar las palabras que Jesús les dejó a sus discípulos en la última Cena, han tenido siempre la fuerza de reavivar el amor Eucarístico en las almas adormecidas del pueblo de Dios, y de provocar copiosas conversiones.

   A Cleonice que le pregunta porque siempre ha llorado durante las tres Misas le celebradas a Navidad, Padre Pio contesta: "¿Y me lo preguntas? ¿No piensas en el terrible misterio de la Misa? Un Dios víctima para la salvación de los hombres que lo ofenden. ¿no piensas que todo el paraíso se derrama sobre el altar? Y nosotros sacerdotes estamos los carniceros del Cordero de Dios". 

   Sus dolores físicos y morales, también causados por el clima de desconfianza de las Instituciones y los mismos cofrades en sus comparaciones, no hacen qué aguzar a uno de los aspectos fundamentales de su vida: el quererse dar todo a Dios, en reparación de los pecados del mundo. Y esta oferta sacrifical él la une a la de Jesús sobre el altar. Dos cruces que identifican dos corazones. Dos víctimas que se inmolan. Jesús y Padre Pio, El Maestro del "padecer" y el discípulo más cerca de su pasión. Padre Pio es íntimamente consciente de estar distendido sobre la cruz de Cristo, en el suyo Padecer pero también en su Amor. Y' su objetivo más sublime: parecerse en todo y por todo a Cristo sobre el Calvario. A Cleonice Morcaldi confía esta profunda aspiración que ha sentido intensamente en su corazón ya desde su infancia: "Jesús me ha asociado con la gran tienda de la redención humana. El Padre celeste me ha hecho subir sobre la cruz de su Hijo y estoy seguro que de allá no bajaré jamás. Bajo del altar para subir sobre la cruz; bajo de la cruz para distenderme sobre el altar".

   El 9 de agosto de 1936 está emanada una disposición grave: "Los sacerdotes capuchino que se permiten de entregarle a la gente objetos usados por Padre Pio tienen que estar suspendidos por su ministerio sacerdotal". Medidas severas que causan otras penas al fraile de Pietrelcina, que le confía a su confesor: "Esperamos que al menos no nos toquen el alma, que es de Dios". 

   Pero, una vez más, los decretos terrenales no se casan con aquellos Celestes. Los prodigios extraordinarios que no se cuentan más, las bilocaciones, las curaciones instantáneas, las conversiones y los carismas, demuestran que el "Dedo de Dios" obra mirabilie a través del humilde fraile del Gargano y desmiente claramente el Santo Ufficio, demostrando que muchas veces "... mis pensamientos no son vuestros pensamientos, vuestras calles no son mis vie"(Is 55,8) como dice en la Escritura sagrada el Dios. Lo que es sacado por los rígidos Órganos romanos, es dado, al céntuplo, de Dios. 

   S.Giovanni Rotondo se ha vuelto un lugar de encuentro entre cielo y tierra. Y aquí los hechos sobrenaturales abundan y señalan indeleblemente los corazones de los creyentes y los devotos que, en el contacto con Padre Pio, redescubren la alegría de ser cristianos y la Esperanza del amor de Dios que nunca abandona quién se ampara en Él. 

   Dentro y fuera el convento se respira un clima de familiaridad y amistad. Quien viene a Padre Pia arista inevitablemente contagiado por el aire "evangélico" que se respira en este lugar del Gargano. Y los milagros se cuentan y se cuentan para la común edificación. Un día un sargento de los guardias civiles viene para encontrar a Padre Pio. Apenas lo ve en sacristía lo saluda y le dice: 
¡- Padre, mi mujer es embarazada! ¿Qué nombre le daremos al niño? 
- ¡Lo llamas Pio! - el Padre contesta.... 
-¿Y si es una niña? 
¡- Lo llamas Pio, he dicho! 
Algunos meses después este encuentro nace un bonito maschietto. 



PADRE PIO Y LOS NIÑOS 
   Padre Pio tiene a uno espléndida relación con los niños y a menudo les hace adelantar el día de la primera comunión. "Dotados de sensibilidad exquisita, los niños "sienten" lo que a menudo huye de los adultos: el atractivo de Dios en un corazón que le es abierto, el perfume, a veces sensible, de la santidad. ¿- Qué es que tiene así uno buen olor? ¿- pregunta un niño de tres años a su padre que lo presenta a Padre Pio? Y una niña de seis años llega a decir: se diría que padre Pio viva entre las flores". 

   Entre los milagros extraordinarios obrados por Dios a través del fraile sigmatizzato, hay un milagre que todavía representa un desafío a la Ciencia Médica y es aquel de que es beneficiaria Gemma De Giorgi. Ciega nació y sin pupilas. El 18 junio del 1947  Gemma llega a S.Giovanni Rotondo acompañada por su abuela. Pero hacemos hablar a los directos testigos de este Prodigio todavía inexplicable de parte de la Ciencia humana: "Después de tres meses del nacimiento de mi niña, me he percatado que no tuvo las pupilas - dice la mamá - hemos ido padecido por el médico y ha dicho que fue ciega, porque sin pupilas no se ve. Yo tengo a una prima monja. La hemos escrito preguntándolas de dirigirle a Padre Pio. La respuesta del Padre no se ha hecho esperar: "Os aseguro que rogaré para la niña". "Un año después - la abuela añade - hemos partido para S.Giovanni Rotondo, para preguntarle a Padre Pio la gracia para Gemma. Durante el viaje, mientras yo dormí Gema se despertó diciendo: "Abuela, mira, veo en el mar una cosa como la que me has hecho tocarte cuando me has conducida al mar". Pero es la misma Gemma a dar al testimonio del milagro su valor definitivo: "De aquel momento he visto claro y, le llegan a S.Giovanni Rotondo, he hecho la primera comunión por las manos del Padre, que con los mismases dedos con los que ha tomado la partícula, me ha trazado una señal de cruz sobre los ojos". 

   "Cuatro meses después del prodigio, un famoso oculista de Perugia, el Dr. Caramazza, la niña somete a un minucioso examen, certificando que ella no puede ver. 
   La niña es crecida, ha hecho regularmente sus estudios siguiendo gozando de una vista excelente y a menudo volviéndole a S.Giovanni Rotondo. 
   Simple, lineal la actitud de Padre Pio frente a este milagro: ¡- no me implicáis en este asunto, buena gente! No estoy yo, pero la Virgen. - Pero necesitó que fuerais vosotros a preguntarlo - réplica una persona llena de sentido común" . 

   Padre Pio siempre ha manifestado con grande humildad y sencillez declarando que él no entra allí en los milagros y en las gracias que el pueblo cristiano le ha atribuido. Alberto Del Fante, uno de los primeros biógrafos, tiene acerca de esto cosecha muchos testimonios: "Dios te ha hecho esta gracia. ¡Agradece Dios, no a mí! ". "Rogamos a la Virgen de las Gracias. Es Ella que te conseguirá la curación". "La Virgen te ha curado.. 

   La llave de sus milagros está justa aquí: él ruega, sufre, dona su misma sangre en unión al de Cristo. Como puede Dios Padre, que no da la piedra a quién le pregunta del pan y el alacrán a quién le pregunta un huevo, rechazarle a este su Hijo, mucho parecido, a Su Hijo Divino, las gracias que él le pregunta. Pero hay de más. Padre Pio vive en un contexto histórico muy difícil para la Iglesia y para el Pueblo cristiano. Y entonces nosotros creemos que Dios lo ha elegido para obrar señales extraordinarias a través de él y demostrar, así, a los que sufren, a los desalentados, a los derrocados, a los que están solos, que Él siempre es parecido. Cerca de nosotros, entre nosotros y con nosotros que somos el "Pueblo de Dios." 
   

ALEGRÍA DE PADRE PIO 

   En el período de paz entre las dos guerras, Padre Pio por fin puede saborear un po' de paz y serenidad en el convento de S.Giovanni Rotondo que ve acudir, desde cada parte de Italia, gente gente atraída por él, por su fama de santidad y por sus estigmas. 

   El promontorio del Gargano se vuelve, así, un oasis de paz, de ruego y de profunda vida cristiana. 
   La personalidad intensamente religiosa de Padre Pio aún más valoriza algunos aspectos humanos como la espontaneidad, la franqueza y el chiste fácil que invita a la sonrisa y demuestra que la santidad se casa muy bien con la alegría y el buen humor. 
   Muchas almas santas han irradiado, alrededor de ellas, una alegría profunda, unida a un gran equilibrio interior, a la serenidad y la paz con Dios.  Recordamos, entre los otros, a S.Lorenzo, a S. Tommaso Moro, S.Filippo Neri, S.Giovanni Bosco. El mismo Ángel Roncalli, el futuro Papa Giovanni XXIII dirá que "un San triste es un bien tristo santo".     

   Aunque su vida sea recalcada cotidianamente por el tiempo del sufrimiento y el martirio físico y espiritual, Padre Pio siempre tiene sobre los labios la sonrisa, la frase dialectal, el chiste. El todo sazonado también de cierta autoironía. Emerge, en este aspecto de su carácter bonario, simple y afable, el hombre sincero, espontáneo, moldeado en el carácter, de la gente simple del burgo Castillo, el centro antiguo de Pietrelcina. El hombre un poco ruin, pero de una bondad extraordinaria cubierta por la cáscara de aquél que podría estar dureza, pero que en realidad no es otro que una forma de autodefensa para aflojar la mordaza de la muchedumbre que cotidianamente se amontona alrededor. 
   Sobre las frases y cuentos divertidos de Padre Pio tendría que escribir mucho. Interrogado, una vez, sobre su infancia, Él exclama sonriendo, que fue "un macarrón sin sal" de niño. A una persona que le pregunta por qué les ha entrado en los frailes capuchinos, contesta: "Por qué los frailes me gustan con la barba". una vez se dirige a una persona docta exclamando: "¿qué me escribís en latín? No sabéis que acá hablamos al italiano o bien el napolitano"?. Cuándo puede, Padre Pio habla, a menudo, su idioma de Pietrelcina y lo habla de bueno gana con sus paisanos, junto a aquella frase que parece incomprensible: "Salúdadme" la Morgia. Y ya que la Morgia es la gran roca que domina vico Storto Valle, dónde Él vivió, su saludo expresa el cariño por esta gran piedra que es un el emblema de la ciudad dónde nació. 

   Una de sus hijas espirituales, de Pietrelcina, sueña, una noche, a padre Pio que la regaña ásperamente.  Entonces sube enseguida a S.Giovanni Rotondo. ¿Encontrado a Padre Pio, le pregunta: "¿Fuisteis vosotros, Padre"?. "¿Y quienquiera quisiste que fuera? - Padre Pio contesta - Te he regañado ". 
   A una mujer que le pregunta: "Padre que tengo que decirle a mi hermana a Rosa"?, contesta Padre Pio sonriendo: "Dile que se convierte en un clavel". 

   La plazoleta enfrente el convento se vuelve depositaria de hechos extraordinarios, prodigiosos. Una tarde muchas personas, apenas llegadas delante al convento, ingenuamente piensan a las gracias que quieren preguntarle al Padre, encargando sus Ángeles de comunicarle todo. El día siguiente, después de la Misa, Padre Pio los regaña: "Tampoco la noche me dejáis tranquilo! ". Viendo la sonrisa del Padre se sienten atendidos . 

   Padre Pio es sobre todo un gran "pescador de almas". Él es conocido por su severidad pero su ternura hacia quien ha pecado recuerda la misericordia misma de Jesús frente a los pecadores. 
   La Señora Vairo, hermosa y rica, despertada la curiosidad por este fraile estigmatizado, le llega a S.Giovanni Rotondo y percibe enseguida un dolor fuerte; sus pecados aparecen así monstruosos y horrorosos que de repente estalla en llanto irrefrenable en la iglesia del convento. Padre Pio que está confesando, está advertido por el hecho. Salido por el confesionario, se acerca a la mujer y le dice: os "Mi hija! La misericordia no tiene límites y la sangre de Jesús Cristo lava todos los pecados del mundo".  Pero ella contesta enseguida: "Quiero confesarme, padre".  Él le contesta dulcemente: "Volveréis mañana". Toda la noche está transcurrida, por la mujer, en el pensar a sus errores pasados, a sus faltas hacia Dios. Desde su infancia no se hubo más se acercada al sacramento de la confesión. La mañana después, la señora se presenta a Padre Pio para confesarse. Luego el Padre le pregunta a ella: no te acuerdas nada otro"?. Una violenta tentación la hace temblar. ¿Aquel gran pecado que queda, hace falta confesarlo? Se decide por fin a hablar: ¡Todavía "queda esto, mi Padre". "sea alabado Dios!" - alegremente Padre Pio exclama - Es ésto que esperé. Te daré la absolución, mi" hija". 
   Un mañana de invierno, la Señora Vairo va andando a Iglesia. Llueve y tira un viento helado. Empapada hasta los huesos, con los pies sangrantes para haber recorrido la calle hirsuta de piedras cortantes, llega delante de la iglesia y se desmaya. Apenas se restablece, ve la cara de Padre Pio curvo sobre de ella. Mi "hija - le dice - también en la santa penitencia es necesario no superar los límites". Luego, tocándolas dulcemente el Padre, añade: "Dichosamente este agua no moja". En efecto, entre la maravilla de presentes, la Señora Vairo se percata que los vestidos se han puesto completamente secos. 
   

 

PAPA PIO XII

   El 2 de mayo de 1939, Eugenio Paceli está elegido Papa asumiendo el nombre de Pio XII.  Apenas llegado a ser papa, ordena a la Curia romana de dejar en paz a Padre Pio. A un periodista dirá, luego, "Padre Pio es un gran san y y hemos sentido de no poderlo decir públicamente. 

   Sor Pasqualina Lehnert, la monja alemana que asiste al Papa contará, sucesivamente, que Pio XII más de una vez llama el capuchino estigmatizado, "salvación de Italia".. 
   Por fin Padre Pio puede vivir un período de relativa tranquilidad, ahora que, gracias a la intervención del Papa, la Curia romana es obligada a interrumpir la vigilancia demasiado severa hacia de Él . 

   Otro episodio de que hemos venido directamente a conocimiento, por un testigo directo, pone claramente en evidencia el hecho que Padre Pio, en algunas circunstancias queridas por Dios, percibe el peligro que están a punto de correr a sus amigos e hijos espirituales. En el 1939, Caterina Iuliano, dicha poce, con el ayuda de su hija Lina Saginario, organiza una romería a pies desde Pietrelcina hasta San Giovanni Rotondo. Cosimo Cavalluzzo, cuenta así la experiencia de la romería: 
   "La salida es fijada por la mañana del 1° de mayo, al alba, con el siguiente itinerario: Pietrelcina, Roseto Valfortore, Lucera, San Severo, San Marco in Lamis, San Giovanni Rotondo. La vuelta, prevista por el 8 de mayo siguiente, fue organizada con un diferente itinerario y es decir: San Giovanni Rotondo, Monte Sant'Angelo, Manfredonia, Incoronada di Puglia, Savignano Greci, Pietrelcina. 
   Le llegamos a S.Giovanni Rotondo en la tarda tarde del dos de mayo. El día siguiente tarde, víspera del viaje de vuelta, Padre Pio, después de nos haber confesado y bendito, nos encomendó de tomar, la mañana siguiente, la santa Comunión al santuario de S.Michele Arcángel. Luego añadió estas palabras: "Ay! aquel río, aquel río!... Pero vais con el Dios que yo, entre las nubes y el viento os salvaré". En aquel entonces nadie de nosotros entendió el sentido de estas palabras. Nos encaminamos todos, cantando y rogando. Cuando, casi al final del viaje de vuelta, nos encontramos a tres o a cuatro kilómetros de Pietrelcina, en localidad Isca Rotonda dónde pasa el río Tammaro, vimos en lejanía, sobre las alturas de S.Giorgio La Molara, Molinara y S.Marco dei Cavoti, un cielo oscuro y amenazador. Las nubes, inmensas, fueron vertiginosas y negras. Relámpagos desgarraron el cielo. Oímos truenos asustadizos. Llegamos mientras tanto al río Tammaro y para atravesarlo nos valimos por un carro remolcado por bueyes que un campesino de la orilla opuesta, atavío a nuestra disposición. Fueron necesarios tres viajes entre una orilla y la otra. Cuando acabamos el tercero y último viaje, a la improvisación llegó la llena del río, de la zona en cuyo vimos el tiempo amenazador. Las aguas bajaron en la cama del río con una velocidad y un ruido tumultuoso. Sólo en aquel entonces nos acordamos de lo que nos dijo Padre Pio y comprendimos el sentido de sus palabras. En efecto, si la riada hubiera llegado antes algún instante, hubiera arrollado indudablemente el carro y todo nosotros. . 

   Ciertamente el período en cuyo Pio XII, Eugenio Pacelli, ha conducido la Iglesia, ha coincidido con uno de los más tranquilos de la vida de Padre Pio. No es sólo el nombre a aunar estas dos grandes figuras de la Iglesia de este siglo. "Cuando el pequeño fraile de San Giovanni Rotondo ponga de pie su gran obra, la Casa Alivio del Sufrimiento, encontrará a más reanudaciones sostén y estímulo en el papa. . A. Francesco Messina, el célebre escultor que más de una vez ha tenido el privilegio de hablar con Padre Pio, le dirá el Pontífice, recibiéndolo en audiencia: "Padre Pio es un gran san.... Ciertamente, es un san hombre". 

   Sobrela relación de amistad y dirección espiritual que ata a Padre Pio a Cleonice Morcaldi, ya hemos tenido modo de hablar de ella. Cleonice, que hace parte del grupo llamada "piadosas mujeres", las hijas espirituales más cerca de padre Pio, es pero muy diferente de las otras. Su carácter discreto, reservado, intensamente humilde y la sencillez, la empuja siempre a meterse aparte, sin nunca ostentar esta su privilegiada relación con el fraile de Pietrelcina. Y cuando, el 2 abril del 1937, la mamá de Cleonice. después de tres días de parálisis intestinal va en cielo dejándola sola, padre Pio revela una extraordinaria ternura hacia su hija espiritual que es derribada en el dolor, comunicándole su propósito de hacerle, más allá de que de padre, también de madre: 

   "... Yo soy bien incluido de la misión confiadame por la Providencia. Si por el atrás he suplido a la falta del papá, de este momento siento conmoverme todas mis entrañas en el también asumirme el alto encargo, el alto encargo de mamá, y vuestra mamá desde el cielo nos sonreirá.   .....¡Vosotros sabéis y podéis imaginar cosa yo siento dentro de este corazón para vosotros! Jesús os conforta y os bendiga. Padre Pio capuchino" . 
   Se siente cada vez más fundido, Padre Pio, en la función de padre y madre espiritual de la joven Cleonice: "Mi querida hija, Jesús sea al centro de todas nuestras aspiraciones y nuestro sostén y consuelo para todos nuestros apuros. Tu mamá, a mi medio, te hace saber que ella es toda tuya y su cariño es inmutable para tí. No vendrá nunca menos. Lo que el Dios se ha complacido unir, no vendrá nunca menos para toda la eternidad. Pasarán el cielo, la tierra pero el amor del Dios que une los corazones en el vínculo santo de la caridad no será partido, ni debilitado. Vivos tranquila y todo en Jesús y para Jesús y en tu mamá, y no temas las tempestades que el demonio y sus satélites suscitan. Lo que Jesús ha juntado a nadie puede separar. Mamá te manda, en todos los momentos, riadas de bendiciones en el dulce Dios. Yo te bendigo con paternal, creciente affetto". 
   Y' un Padre tierno, cariñoso, dulce, lo que transpira de estas cartas que indica una relación estupenda entre él y esta hija espiritual. Y cuando Cleonice, por sus inestables condiciones de salud es obligada más veces a merodear en varios establecimientos termales de la Península, él no le hace faltar su sostén moral y espiritual. Leámoslo en una de sus muchas cartas custodiadas celosamente por Cleonice: Le "guste a Jesús abreviar el tiempo de la prueba. Tú solo puedes comprender cosa haría para verte curada. Jesús quiera escuchar los gemidos de mi pobre corazón. Acerca de la cura yo apruebo en lleno el programa sometido yo. Yo estoy bien. No te des pensamiento de mí. Jesús me ayuda a desempeñar mi ministerio, por tanto vivos sin excesiva preocupación.   Aquí todo bien. Te saludo en el beso del Dios y con él y en le te resumo fuerte a mi cuore". 
   Los sufrimientos de Cleonice a menudo la conducen lejana de Padre Pio y de la participación a la Santa Misa. 

Las etapas de la vida de Padre Pio de Pietrelcina

Una vida para el amor

 

Padre Pio de Pietrelcina Fraile Pio
Sacerdote y victima Pietrelcina nueva Belén
Es como a Jesús La salida para Foggia
S. Giovanni Rotondo Los collares del Novio
Los médicos llegan La vuelta a la normalidad
Cleonice Morcaldi Mary Pyle, la Americana
Sacerdote y Maestro de espiritualidad Grandes milagros
La profunda humanidad Algunos hechos 
PADRE PIO Y LA VIRGEN MARIA La Virgen de Fatima llega
La Ternura del Padre El ruego y el amor a la Iglesia
Sobre el  Calvario "Seáis constantes y perseverantes"
"Jesús te llene el corazón de todo Él mismo" Bibliografía


 

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