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PADRE PIO DE PIETRELCINA

   Pietrelcina, pequeña ciudad apuesta a una docena de kilómetros desde Benevento, se encuentra a algo más de 300 metros sobre el nivel del mar.

   El núcleo originario del país es situado sobre una espuela de roca calcárea. Esta zona, llamada "Castello", ha escuchado los vagidos, ha visto correr y crecer por las pequeñas cortes y los  pequeño callejón  uno de los más grandes hijos de la tierra del Sannio: Francesco Forgione, más conocido como Padre Pio de Pietrelcina
 

EL NACIMIENTO DE PADRE PIO


   Francesco nace en una simple y rústica habitación de callejón Storto Valle, nombre 32, el 25 de mayo de 1887. Los padres, Grazio Forgione y Maria Giuseppa De Nunzio, son ocupados a trabajar la tierra  a Piana Romana, poco lejos de Pietrelcina. De repente Maria Giuseppa dice al marido de no sentirse bien. Entonces Zi Grazio las pregunta de encaminarse hacia casa.

   Después de haber recorrido la calle de campo que de Piana Romana conduce al "Castello", Peppa se encuentra en la suya pequeña, confortable vivienda. A las 5 de la tarde, asistidas por la comadrona Grazia Formichelli, pare a un bonito maschietto envuelto en un velo blanco. Al colmo de la alegría, la comadrona exclama entusiasta revuelta a la puérpera y al marido: "El niño es envuelto en un velo blanco: será grande y dichoso".
   El día después, el niño es bautizado en la iglesia de Santa Anna y llamado  Francesco: el futuro Padre Pio.
   Años después, reflejando sobre su nacimiento, Padre Pio expresará una profunda gratitud hacia Dios:

   "El Dios desde el nacimiento me ha demostrado señales de especial predilección: me ha demostrado que no sólo él habría sido mi salvador, mi sumo bienhechor, pero el amigo devoto, sincero, fiel, el amigo del corazón, el eterno e infinito amor, el consuelo, la alegría, el consuelo, todo mi tesoro".

   El niño Francesco Forgione vive los años de su primera infancia corriendo por las calles del castillo, brincando sobre los jafii, los escalinatas del "Castillo", abandonándose dulcemente entre los brazos de la mamá o jugando con los amigos delante de la iglesia de Sant'Anna. Y justo allí, en el espacio enfrente el iglesia de S. Anna, Francesco empieza a tener una actitud de profundo respeto para el templo, ya negándose de pequeño de jugar, porque allí, en la Iglesia, está presente el Señor Jesús. Y justo Él, el huésped Divino escondido en el tabernáculo, se vuelve el refugio, el amigo del corazón del pequeño Forgione.
   A los queridos que corren y juegan por las casas del barrio Castillo, Francesco prefiere al amigo Divino: el dulce Jesús. Con él transcurre, en el silencio y en la quietud del templo, horas y horas de tierna y adorante conversación. Aquí, a Sant'Anna, Francesco a 5 años tiene el privilegio de ver el Sagrado Corazón de Jesús que le dice de agradecer su oferta de consagrarse para siempre a Él. Y aquí, en este chiesetta tan preñada de espirituales consuelos, él se acerca por la primera vez a la primera comunión y recibe luego la confirmación.
   En Sant'Anna Francesco empieza su itinerario de comunión con Dios que lo llevará a consagrarse totalmente a Él, a quererlo con todo su corazón, su alma, su mente, su voluntad.
   Muchos hechos señalan el alma de Francesco Forgione. El impacto con lo sobrenatural, ocurrido ya de manera estrepitosa con la aparición del Sagrado Corazón de Jesús a 5 años, también significa, por él, el conocimiento visual y dulce de su ángel de la guarda.
  Pero también el mal está en acecho y más de una vez Francesco tiene la visión de seres feos, que llamará luego "cosacci" y que a menudo estarán presentes en su vida para impedirle actuar su misión de salvación de las almas..
   Aprende pronto también a servir la misa y lo hace con una devoción tal de llamar la atención de todos los frecuentadores de Sant'Anna, que lo ven cosecha, con sus manos llegadas, de rodillas a los pies del altar.
   También en los juegos Francesco se limita, en la mayoría de los casos, a mirar a los compañeros, o bien prefiere sólo estar. Una de las razones de este comportamiento es, quizás, de ver en su exquisita sensibilidad que no soporta cuando los otros chicos se expresan en palabrotas. Es una cosa que lo hace padecer mucho. Pero el sufrimiento más grande, el pequeño Forgione, lo prueba cuando siente blasfemar. Entonces él se aisla, a veces escondiéndose tras la puerta de casa y llorando en soledad. Su alma inocente se siente intensamente herida por la ofensa que vuelve a Dios. Emerge, en esta actitud, el aspecto intensamente respetuoso de Dios que prepara el alma del adulto místico.
   La familia Forgione a menudo va a trabajar la tierra a "Piana romana". Y a Francesco es dado el encargo de llevar a la dehesa a algunas ovejitas y una cabrita.
   Y así, deja de buen mañana la casita de Pietrelcina y, junto a su pequeño rebaño, trepa por la senda de campo que conduce a Meseta romana. Está solo en la mayoría de los casos a recorrer la senda tortuosa que conduce a la Meseta. En otros momentos se une a algunos pastorellos del país, especialmente el primo Mercurio que lleva a la dehesa otro grupo de ovejitas.
   Y aquí, a Meseta romana, Francesco saborea la ebriedad tonificante del abrazo de la naturaleza circunstante. Aquí contempla, por la belleza de la Creación y las mies  sobre el fondo dulce de las colinas del Sannio, el tamaño y la bondad de Dios. Así cánta, colmado de alegría, en un composición suyo escolar:

   "Todos los campesinos fueron esparcidos por los campos y también los pastores salieron con sus rebaños. Los ruiseñores pianamente dentro de las manchas gorjearon. Acá se sintieron belar ovejas, allá se vieron brincar agneletti. Toda la Creación fue lietissimo"

                                          (P.Pio Composiciones escolares, p. 109 s.)
 

EL ENCUENTRO CON FRAILE CAMILLO
 

   Francesco Forgione, el futuro Padre Pio, con el transcurrir  de los años de su adolescencia, siente cada vez más fuerte el deseo de pertenecerle totalmente al Dios, de consagrarse a Él. Durante los largos días vividos en "Piana Romana", conoce a fraile Camillo, un capuchino que desde el convento de Morcone, viene a menudo a Pietrelcina para la cuestación. Francesco queda muy impresionado por la barba del fraile franciscano. Y cuando manifiesta a los padres el deseo de serse fraile, la mamá contesta: "Queda bien. Pero vas a Paduli, acá parecido. Así a menudo te vemos". A. Paduli hay un convento de frailes menores y, como se sabe, no tienen la barba. Francesco lo sabe, este, y contesta decidido a la mamá: "No. Yo me quiero hacer fraile con la barba", revelándo claramente a los padres el secreto de la llamada de Dios ya presente en su corazón.
   En casa Forgione se empieza a hablar con frecuencia siempre mayor de la vocación seráfica de Francesco. Mamá Peppa y papá Grazio se consultan: sus condiciones económicas son precarias, pero no quieren decepcionar las expectativas del hijo.
   Entonces el papá Grazio, para poder afrontar los gastos del mantenimiento al estudio de Francesco, decide ir a trabajar al América. Francesco estudia por primero con el maestro Domenico Tizzani y luego con el maestro Ángel Càccavo. Le "pagué al maestro cinco liras al mes, es decir medio túmulo de trigo - el anciano Grazio Forgione contará - luego El chico comió otro medio túmulo. Yo nos quiso un túmulo de trigo al mes para mantenerlo."
   Y el mismo Padre Pio recordará, años después, a sus hijos espirituales: "Mi padre pasó dos veces el océano para darme la posibilidad de llegar a ser fraile".
   Años después a Raffaelina Cerase, su hija espiritual, el 23 marzo del 1915, así escribirá parafraseando a San Paolo en la carta a los Filippesi, 1,31,: "El mío vivir es Cristo", yo vivo para Jesús Cristo, vivo a su gloria, vivo a servirlo, vivo para quererlo".
   El lugar dónde Francesco Forgione se aparta más frecuentemente por el estudio es la habitación de la "torretta", un pequeña habitación, apoyada sobre la "morgia" y suspendida hacia el cielo, lejana del mundo. Es difícil que allá arriba alguien pueda molestarlo. Pero cuando va al campo, para ayudar los suyos en los trabajos de los campos, en los intervalos se aparta a estudiar bajo los árboles.
   La vocación religiosa de Francesco no está todavía totalmente clara. Su entusiasmo aparece, en ciertos momentos, deslustrado y amortiguado. Francesco parece animado. Casi parece que se sienta obligado a hacer la selecta religiosa y que, si dependiera de él, habría quedado más de bueno gana a casa.
   A pesar de las apariciones de Jesús, de la Virgen y del ángel de la guarda, Francesco siente fuerte los atractivos del mundo. Sabe que en el convento se comporta instintivamente una vida de sacrificios y penitencia y su ser se rebela. En el 1901, quattordicenne, va en romería al Santuario de la Virgen de Pompeya. El padre, en América, escribiendo una carta a la mujer, regaña porque aquel viaje ha costado dinero. Entonces Francesco le contesta: "Acerca de la queja hecha a la mamá por la mía romería a Pompeya, tenéis mil razones; pero tenéis que pensar que el próximo año, a Dios gustando, acabarán todas las fiestas y las diversiones por mí, porque abandonaré esta vida para abrazar un otra mejor". Semeja de sentir, en esta frase, una pena por una elección de vida que él siente densa de sacrificios y sufrimientos físicos y morales.
   Francesco Forgione siente mucho más fuerte el atractivo del mundo y sus criaturas. He aquí porque el entusiasmo a encaminarse sobre la calle de la donación total a Cristo, es frenado en parte por la obra de Satanás que, en todas las manifestaciones diabólicas, llega a a tormentarlo y asustarlo, presentándole, en el modo más bonito, todos los atractivos del mundo. Pero él, incluso haciéndose a veces distraer, no cae. Al fin, su gran generosidad y su amor vencen, preparándo, así, la calle espiritual para la entrada al convento.
   Años después, en San Giovanni Rotondo, recordando este sufrimiento, en una carta a una su hija espiritual Padre Pio dirá:

   "Una voz triste pero dulce hizo eco en el pobre mi corazón, fue el aviso del Padre amoroso, que delineó a la mente de su hijo los peligros que habría encontrado en la lucha de la vida; fue la voz del Padre benigno, que quiso arrancado el corazón del hijo de aquellos amores infantiles, inocentes; fue la voz del Padre amoroso, que susurró a las orejas y al corazón del hijo de  consagrarse completamente a Él."
 

   Por fin, Francesco Forgione es aceptado entre los fraile capuchinos. Ya él ha entendido y selecto definitivamente la calle de la donación total a Cristo. Pero, siente fuerte el dolor de deber abandonar la familia, especialmente la mamá. Es el mismo Padre Pio a contar un episodio que demuestra cuánto mamá Peppa quisiera él. Un día, teniendo un po' de tiempo disponible, ella decide preparar un plato sabroso: calabacines cocinadas y abundantemente sazonadas. Y pone junto al plato un bonito racimo de uva. Cuando Francesco llega, encuentra los calabacines realmente perfumados y apetitosos; pero, alejado por si el plato, se echa a picar la uva. Entonces mamá Peppa queda amargada hasta las lágrimas. Y el mismo Padre Pio compadecido, confesará después años, recordando el episodio: "Si hubiera pensado nunca que mi madre habría tenido sentir tan de ello, me hubiera tragado todos los calabacines."
  
Y siempre Padre Piadoso, a propósito consagración religiosa, declarará luego:

   "Pero no es que creer que este alma nula tuviera a sufrir por el abandono que dar a los suyos, a los que sintió fuertemente atada. Sintió gastarse hasta los huesos, en este abandono de hacer. Y este dolor lo sintió así vivo que estuvo sobre el punto de desmayarse, Como se acercó el día de la salida, este suplicio se fue cada vez más creciendo. La última noche transcurrida con su familia, el Dios vino a confortarla con otra visión. Vio a Jesús y la Madre suya que, en toda sus majestad, tomaron a animarla y a asegurarla por su predilección. Jesús, por fin, le posó una mano sobre la cabeza y tanto bastó para hacerla fuerte de no hacerle verter a ninguna lágrima en la dolorosa separación, a pesar del martirio que la torturó."
 

LA SALIDA POR EL CONVENTO DE MORCONE
 

   Es el 6 de enero de 1903, día de la salida por el convento de Morcone. Es alba. Francesco se arrodillado sobre la puerta de casa, en vico Storto Valla, pregunta la bendición a la mamá. Compadecida hasta las lágrimas, Beppa exclama: "Hijo mío, yo siento desgarrar mi corazón.... Pero san Francesco te llama y tienes que ir". Entonces las fuerzas la abandonan y cae desmayada entre los brazos de una vecina.

   A la estación de Pietrelcina Francesco y otros dos aspirantes, acompañados por el maestro Caccavo, suben sobre el tren para Morcone.
   En la graciosa y alegre ciudad son acogidos calurosamente por los frailes capuchinos. Después de haber sido alimentados, son invitados a visitar la casa, el vasto jardín y la graciosa iglesia dedicadas a la Virgen de las Gracias. Luego el maestro Caccavo vuelve a Pietrelcina llevándose tras uno de los dos aspirantes, porque demasiado pequeño. Y Francesco, por fin, puede gozar la alegría de empezar a vivir el ideal del Santo de Assisi.
 

   Francesco Forgione ha entrado pues en el místico y solitario convento de    Morcone. Un lugar mucho suspirado para sentirse todo de Cristo y del Seráfico Padre Francesco de Assisi, en el esfuerzo cotidiano de vaciarse de si para llenarse todo de Dios.
   Por una semana él tiene el permiso de vivir libremente en el convento, siguiendo los horarios a su agrado. Luego, con los ejercicios espirituales que lo preparan a la toma de hábito de la saya franciscana, inicia la regular vida conventual. Por seis días es empeñado a mantener el silencio más absoluto. Todo el tiempo es dedicado al ruego, a la meditación y a la escucha de las y a  de la Palabra de Dio.



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