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LA SALIDA PARA FOGGIA

   Se acerca, para padre Pio, la hora de la salida para Foggia. EL 8 de febrero le escribe a padre Agostino comunicándole una pequeña mejoría de salud y confirmándole, mientras tanto, toda su disponibilidad al viaje. Él cree volverle a su Pietrelcina. Tanto es verdadero que expresa el deseo, a su amigo y Director espiritual, de no poderse alejarse desde Pietrelcina durante los días de fiesta, a causa de sus empeños sacerdotales con la comunidad Pietrelcinese. No sospecha mínimamente que los superiores, quieren aprovechar su visita a Foggia cerca de Raffaelina Cerase para ordenarle de estar definitivamente en convento.
   Desde San Marco La Catola padre Agostino se reserva de hacerle saber el día, la hora y el modo del viaje, precisando, pero, que por esta ocasión Padre Pio se haga reemplazar en la celebración de la Misa a Pietrelcina. Deja por lo tanto argüir, el Director espiritual, la posibilidad que el cuarto de estar no sea muy largo.
   En una carta siguiente, fechada el 13 de febrero de 1916, con las noticias sobre las pésimas condiciones de salud de Raffaelina, le comunica al fraile de Pietrelcina las modalidades del viaje por Foggia: "El viaje podrá hacerse así: tú miércoles por la mañana con el tren de las siete llegarías a Benevento; yo con el tren directo de las seis partiría de aquí y nos encontraríamos a Benevento. Tú sólo harás el billete hasta Benevento; al resto yo pensaré. Si encontráramos enseguida la coincidencia, partiremos enseguida, de otro modo subiremos sobre un otro tren cómodo.
   Tú pues martes me telegrafiarás y miércoles nos encontraremos a Benevento. Jesús disponga todo para su gloria y nuestra salvación... ".
 

   El 15 de febrero padre Pi le escribe a padre Agostino una breve carta con la que comunica, de ser obligado a desplazar la salida:

   "Mi querido padre, Jesús sea siempre con vosotros. Así sea. Recibo vuestra carta y por razones independientes de mi voluntad, que os explicaré a voz, no me es posible venir domattina.
   Se deja pero este acuerdo. Jueves por la mañana subiré sobre el tren que le llega a Benevento hacia las ocho y os esperaré allí.
   ¡Barba Azul nos ha robado un día! ¡Sea hecha la voluntad de Dios!
   Hasta luego, pues, a jueves.
   De prisa os saludo con inmensa efusión de ánimo. Su hijo

                                                     Fraile Pio" (Epistolario, LOS, p.739)
 

   Por la tarde del 17 de febrero 1916 padre Pio llega a Foggia, convencido que se liberan de un simple viaje de ida y vuelta. Pero a Pietrelcina no volverá más, si no por breves períodos de tiempo.
   El objetivo evidente e inmediato de la vuelta del fraile, a la vida conventual capuchina, es prestar la asistencia espiritual a Raffaelina Cerase que morirá algo más de un mes después, el 25 de marzo de 1916.  
    Sus superiores, en cambio, se sirven de este pretexto para hacerlo venir a Foggia y ordenarle de quedar al convento de S. Ana de la misma ciudad.
  

   Apenas llegado a Foggia, padre Pio se encuentra al centro de un intenso movimiento de espiritualidad en el que él se vuelve un auténtico punto de referencia y dirección espiritual.
   Mientras tanto padre Agostino lo invita a escribir a su familia y a persuadirla de aceptar las decisiones de los superiores a su respeto. Incluso viviendo días intensos y atentos de cariño y asistencia espiritual a Raffaelina y a otras almas que con su guía recorren el arduo camino de la perfección, Padre Pio sigue a ser atormentado interiormente por muchos sufrimientos físicos y morales también causados por la lejanía de sus queridos padres, de los parientes y de los amigos, de su querida Pietrelcina.

   Padre Pio se encuentra a afrontar, con todas las inquietudes que atenazan su corazón, una noche oscura del espíritu. Dolorosas manifestaciones por las que se cumple la total purificación que prepara la unión trasformante con Dios. A pesar del continuo repetirsi de sufrimientos de cada tipo, él siempre se muestra "resignado" al "divin querer".

   El amor es el grande empujón de su apostolado y su gana de corresponder, incluso en los sufrimientos, al amor y al Proyecto de Dios sobre de él. Lo dirá sucesivamente, con una frase emblemática de su vida, el 19/11/1916: "O morir o querer a Dio"(Epistolario, LOS, p. 841).
 

   A Foggia padre Pio transcurre sus días entre ruego y estudio. Cada día visita a la Virgen de los Siete Velos, donde S. Alfonso de' Liguori, predicando, tuvo un célebre éxtasis.
   Pero están muchos sufrimientos. A las vejaciones diabólicas se suma la oscura noche del espíritu. Él describe, en sus cartas, el indecible suplicio del alma envuelta habitualmente en una calina densa y angustiosa, que no deja tampoco ver el claror confortador del aurora cercana. Más bien se resigna que no la verá nunca (PADRE Pio DE PIETRELCINA : EPISTOLARIO I, pág. 744).
   A esta noche del espíritu hace referencia padre Benedetto contestándole a Padre Pio el 9 de marzo de 1916: "La noche en que sois sumergidos y extraviado es una prueba dolorosa, pero amable pel fruto que viene al espíritu. Ella es mandada a extinguir el entendimiento humano, para que os suceda el entendimiento divino y vosotros, desvestidos del común modo de pensar y del ordinario ejercicio de las facultades mentales, subir podáis a aquel sobrenatural y celeste.
... El fenómeno experimentado en el íntimo, se reduce a un toque, o a un apretón de unión, y el Dios os la donó para confortarvos a sustentar la siguiente tempestad que me habéis descrito... (Epistolario I, p. 762 s.).
A esta carta del superior provincial, padre Pio contesta el 17 de marzo con un escrito en el que trasluce grandemente su estado de ánimo. Es un mensaje, esto, de meditar intensamente por parte de todos los que prefieren fijarse como en los santos a personas privilegiadas, en perenne contacto con Dios y sin alguno sufrimiento.
   El camino hacia la santidad, en cambio, consiste en un arduo trabajo de subido espiritual en el que el Divino Paraclito forja al alma purificándola con dolores y privaciones de cada tipo para devolverla "sin arruga y sin mancha", digna Novia dell ''Amor Increado".
   Por la respuesta de padre Pio a padre Benedetto tachamos algunas piezas significativas:

   "Las tinieblas se van cada vez más intensificando; las tempestades se suceden a las tempestades y en el íntimo de mí mismo va haciendo un vacío cada vez más espantoso, que me hace morir de terror en cada instante.
   ¡Ay de mí! ¿qué me ha ocurrido? Dondequiera vago encuentro espinas, que todo me penetran. Una sola cosa me queda de amiga: la muerte. La llamo de día y la llamo en la noche, a fin de recibir, por ella, un alivio a muchas desdichas mías. ¿Fo mal yo quizás en desiderar ésto? Me lo decís francamente!... (Epistolario I, p. 766 s.).
 

   En el mismo día, escribiéndole a padre Agostino, Padre Pio reconoce de ser un misterio a si mismo.
   El 25 de marzo muere Raffaelina Cerase y el día mismo la noticia es comunicada por padre Pio a su director espiritual. Una vez más semeja percibir, en él, un deseo indisimulado de estar desatado por los lazos de este mundo:

   "... Dejo a vuestra consideración lo que pasa en mi corazón. De dieciséis días en acá, desde cuando el Dios quiso manifestar a mí y a él aquél que ha ocurrido esta mañana, me he ido disponiendo a este divin querer. Tengo envidia de su elección y le guste a Dios, por la intercesión de este alma electa, también darme al descanso de los justos. Mi padre, estoy cansado, de la vida: aborrezco este mundo por cuanto alma de Jesús pueda aborrecer el pecado.
   Las luchas espirituales, lejos del menguar, van haciendo apremiantes. Las tinieblas van sucediendo a las tinieblas y a la ceguera espiritual ha llegado un oscuro picadillo por mí. ¡Mi Dios! ¿Me ocurrirá cosa? ¿Tendré que pasar el umbral que pega a la eternidad, sin nunca ver un rayo de luz? ¿Cuándo brotará el sol por mí?
   Acabo, ya que no puedo più"
(Epistolario, I, p. 773).
 

   El 7 de abril padre Pio abre una vez más su corazón a padre Agostino declarándole todo su cariño:

   "hacia de vosotros que siempre quedaréis por mí a la persona más querida de mi corazón, para tenerme renacido en Cristo Jesús".
 

   A pesar de los padecimientos, el padre siempre va con los ojos y con la mente a su querida Pietrelcina. Y la lejanía no podrá alejar nunca el querido burgo nativo por su corazón herido, "porque - dirá luego - allá ha estado Jesús y todo ha ocurrido allí".
   Sucesivamente, desde San Giovanni Rotondo, padre Pio confesará a algunos paisanos: "Yo, de Pietrelcina, recuerdo piedra por piedra. Muy nos tiene que estar a corazón nuestro país. Hadas de todo para estar de ejemplo a todos. No al azar el Dios nos hace nacer en un sitio en lugar de un otro. Todo es Providencia. Todo es voluntad de Dios. Depende por nosotros no estropear al dibujo de Dios que quiere la gloria de sus hijos para también glorificar a su tierra nativa y su gente".
 

   En Foggia Padre Pio sufre mucho a causa del malo clima de la ciudad, especialmente en el período veraniego. Y es por este gran sufrimiento que Padre Paolino de Casacalenda que se encuentra en Foggia para predicar el novenario de S.Anna, viéndolo padecer por el gran calor, lo invita a vivir unos días al convento de San Giovanni Rotondo.


Las etapas de la vida de Padre Pio de Pietrelcina

Una vida para el amor

 

Padre Pio de Pietrelcina Fraile Pio
Sacerdote y victima Pietrelcina nueva Belén
Es como a Jesús La salida para Foggia
S. Giovanni Rotondo Los collares del Novio
Los médicos llegan La vuelta a la normalidad
Cleonice Morcaldi Mary Pyle, la Americana
Sacerdote y Maestro de espiritualidad Grandes milagros
La profunda humanidad Algunos hechos 
PADRE PIO Y LA VIRGEN MARIA La Virgen de Fatima llega
La Ternura del Padre El ruego y el amor a la Iglesia
Sobre el  Calvario "Seáis constantes y perseverantes"
"Jesús te llene el corazón de todo Él mismo" Bibliografía


 

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