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S. GIOVANNI ROTONDO
Padre Pio llega a San Giovanni Rotondo por
la tarde del 28 julio del 1916. Está acogido con gran cariño por los frailes che
qué no han sido llamados por la guerra, y de todos los alumnos del seminario
seráfico.
Alrededor del convento no hay alma
viva y se baja al país por una senda de campo. Pero el clima saludable de San
Giovanni Rotondo es de descanso y alivio corporal a Padre Pio. Allí volverá de
nuevo, y esta vez definitivamente, el 4 septiembre del mismo año.
En la carta que le escribe a Padre Agostino el 11 de septiembre,
padre Pio expresa sus sentimientos sobre estos primeros días de cuarto de estar
septembrino:
"¿Me
siento bastante bien en el físico, pero en la moral ¿qué tengo que decirvos? Mi
padre, la noche va haciendo cada vez más alta. La tempestad cada vez más áspera;
la lucha cada vez más apremiante y todo amenaza por la inundación de la pobre
naveta de mi espíritu. Ningún consuelo baja en mi alma. Me he puesto ciego
completamente. Sólo veo con claridad, aunque pueda merecer la mención de vista,
mi nulidad, de una parte; y de la otra la bondad y el tamaño de Dios. Veo Dios
en mí mismo y lejos del satisfacer mi afán, mayor siento de ello el deseo....".
Sus
ocupaciones, en la paz del Gargano, soy por ahora la lectura de los libros de
ascética y la Sagrada Escritura, la dirección espiritual de los jóvenes del
seminario seráfico y la dirección de muchas almas que, por correspondencia, le
preguntan consejos. Nace así lo que se puede definir el primero grupo de ruego
de Padre Pio.
Los hechos bélicos que han sustraído a la vida conventual muchos
frailes, obligan Padre Pio a regresar, el 18 de diciembre, cerca del cuerpo
militar a Nápoles. Pero el 30 del mismo mes está mandado en "licencia ilimitada",
limitada pero de la hoja de matrícula a seis meses.
Luego, el 19 agosto del 1917, el joven Francesco Forgione
regresa a Napoli y está declarado idóneo a los servicios interiores, quedando en
cuartel hasta el 5 de noviembre, fecha en que consigue una nueva licencia de
cuatro meses por convalecencia.
El 5 marzo del 1918 Padre Pio vuelve a Nápoli por el servicio
militar. Pero el 16 por fin está reformado en consecuencia de bronquio-alveolite
doble, con declaración de la hoja matricular de haber tenido buena conducta y de
haber servido "con fidelidad y honor" la patria en los suyos totales 182 días de
servicio militar.
El 30 de mayo 1918 padre Pio recibe los "toques sustanciales" más
relevantes, con la "herida de amor" que tiene efectos maravillosos. Son regalos
que se alternan a períodos de gran aridez espiritual.
El Dios lo prueba con una gran desolación interior. Lo
certifican, además, estas palabras le dirigidas a padre a Benedetto el 19 junio
del 1918:
"O cielo!.... o vida!.... cuál asomo me
retiras?!... y no sabes que sin ti, me es la misma priva mi existencia, y vivir
más no puedo sin el morir?! "
Pero a
grandes penas hacen de contrapeso grandes gracias. Es la lógica de Dios que se
realiza plenamente en Padre Pio. Su itinerario místico no conoce paradas y es
constelado de regalos extraordinarios como las "heridas de amor" y los "toques
místicos", sentimientos deliciosos imprimidos supernaturalmente por Dios, por un
contacto espiritual en el fondo o pica del "alma".
El 21 de agosto Padre Pio vive
el fenómeno de la transverberación:
"Estaba
confesando de ello nuestros chicos la tarde del cinco, cuando todo de repente
fui llenado de un extremo terror a la vista de un personaje celeste que se
presenta delante del ojo de la inteligencia. Tuvo en mano una especie de
herramienta, parecido a una larga lámina de hierro con una punta bien afiladura,
y que pareció de ella apunta que saliera fuego. Ver todo esto y observar dicho
personaje arrojar con toda violencia susodicha herramienta en el alma, fue toda
una cosa sola. A privación emití un quejido, me sentí morir".
Llamada
"asalto" del Serafino, la
transverberación es una gracia
santificadora. Según la doctrina mística, el alma, ardiente de amor de Dios es
atacada "interiormente por un Serafino el que quemando se la traspasa hasta el
final con un dardo de fuego" y el alma, tan herida, es invadida por suavidades
muy deliciosas.
Las etapas de la vida
de Padre Pio de Pietrelcina

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