LA VIRGEN DE FATIMA LLEGA...

 a San Giovanni Rotondo

 

 

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  El 5 agosto del 1959 llega, a S.Giovanni Rotondo, la estatua de la Virgen de Fatima que es llevada en helicóptero en todas las capitales de provincia. Por S.Giovanni Rotondo es hecha una excepción. Preparada por una serie de breves catequesis desarrolladas justo de Padre Pio enfermo, la visita se revela carga de sugestión más allá de que de cariño hacia la Virgen. 

   Durante la mañana del 6 de agosto el Padre puede bajar a iglesia, deteniéndose más veces, sentado porque agotado y en serio enfermo, delante de la imagen de la Virgen de Fatima. Y, cuál gesto cariñoso de ternura filial ofrece, al blanco simulacro de Maria, la corona del rosario. 

   Es el momento tópico de la visita del simulacro de la Virgen a S.Giovanni Rotondo. La estatua de la Virgen  es bajada hasta la cara del Padre que puede besarla por fin tiernamente. Es el mismo hombre, el mismo enamorado de Maria, el sacerdote, que quarantaquattro años antes, escribiéndole a padre Agostino tuvo tan exprés sus tiernos sentimientos hacia lo inmaculada:

    "Querría tener una voz él fuerte para invitar a los pecadores de todo el mundo a querer a la Virgen. Pero ya que eso no está en mi poder, he rogado, y rogaré mi angelito para cumplir, por mí, esta misión"(a Padre Agostino, el 1° de mayo de 1912, Epistolario pág. 277). 

   A las horas 3 acerca de de la tarde, el helicóptero con la estatua de la Virgen de Fatima se levanta en vuelo de la terraza de la Casa Alivio del sufrimiento.

   Delante de Padre Pio que se encuentra asomado a la ventana del coro de la Iglesia, el helicóptero cumple tres vueltas alrededor de la plaza repleta de fieles. Luego se aleja en dirección de Sicilia.  

   A este punto, con los ojos humedecidos por la conmoción, padre Pio le dirige a Maria un breve quejido empapado de abandono filial: "Virgen, Madre mya, llegaste a Italiay y mí me enfermé; ahora vas y todavía me dejas enfermo". 

   En este mismo instante Padre Pio advierte un escalofrío como correr por toda la persona y cura milagrosamente del mal que los médicos le diagnosticaron: un tuore a la pleura. 
   Es el mismo Padre Agostino, amigo y director espiritual de Padre Pio desde los años de seminario, a confirmar la curación inmediata del fraile estigmatizado: "En un momento el Padre se oyó como una fuerza misteriosa en su cuerpo y les dijo a los cofrades: Soy curado! "
.

   Para dar plenitud a la narración de lo que ocurrido, hace falta reconducir el testimonio del doctor Giuseppe Sala, el que precisa que "en aquel tiempo, el Padre ya fue clínicamente curado por la pleuresía; se previo una convalecencia, que se habría podido dilatar por meses y meses, salvo complicaciones, ignorando de ello el resultado y obligando el paciente a suspender la usual actividad. Sin embargo, el doctor Sala, reconoce que Padre Pio ha tenido una curación imprevista.

   Un grupo de médicos tiene la ocasión de visitar a Padre Pio y hacerse plenamente consciente de una curación instantánea y rápida.


 

 

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