"¡SED CONSTANTES Y PERSEVERANTES!"

 

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   El 20 diciembre del 1962, por defecto de la vista, Padre Pio por fin consigue de poder conmutar la oración del breviario con el ruego del santo rosario entero: los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos. También ya la administración de la santa Comunión a los fieles no es curada directamente por él.

   En el 1963  muere Giovanni XXIII y sal al Solio Pontificio Juan Baptista Montini (Paolo VI).  En el plan providencial de Dios este Pontífice, muy devoto de Padre Pio, asume la tarea de devolver menos pesados y afligidos los años que separan al fraile estigmatizado por su muerte.
   En efecto, apenas electo Papa, Montini ordena enseguida dejar en paz a Padre Pio, garantizándole la llena libertad en su ministerio confesional. Los mismos superiores están en el Consulta invitado a comportarse con él como "si no fuera tenido al voto de obediencia". El Padre puede, así, seguir a administrando los bienes y "disponer hombres y cosas de la Casa Alivio del Sufrimiento, informándole obviamente al Papa cada año. Del resto ya del 1961 el Vaticano constituyó jurídicamente el complejo hospitalicio de S.Giovanni Rotondo entre las Obras de Religión, dejando a legítimo dueño Padre Pio "absuelto por este del voto de pobreza."
 

   Aunque ya hubiera programado de dejar todo al Papa, "En el 11 de mayo 1964 Padre Pio tiende un testamento hológrafo, en cuyo nombramiento el Santa Sede y, por ella el Sumo Pontífice pro-tempore, heredero universal de todos los bienes móviles e inmóviles".
   Su actividad sacerdotal y su ministerio confesional lo absorben totalmente.
   El 17 febrero del 1965 Padre Pio consigue la despensa de poder celebrar la Santa Misa en latín. Desde noviembre del 1966 empieza a celebrarla estando sentado sobre una silla. En el mismo período en que se intensifican los controles médicos Él sufre particularmente por un asma bronquial que le impide, muchas veces, de celebrar la Eucaristía. "Dentro de dos años….. no nos seré más, porque habré muerto", así le confía proféticamente a la nieta Pio Forgione Pinceles.
 

   Las crisis de asma bronquial le provocan sentido de opresión torácica, taquicardia, sudación fría, insuficiencia respiratoria. A éste hace falta añadir los dolores artríticos a las rodillas y a la columna vertebral. Desde el 29 de marzo de 1968 el Padre empieza a desplazarse sobre una silla de ruedas, porque "movió con gran dificultad las piernas, mucho de no sentirsela". El 7 de julio padece un colapso que no le permite, de las veces, de celebrar la Santa Misa.
 

   Una tarde en convento los frailes sienten una sacudida, un gran estruendo seguido por un grito de ayuda. Acuden todo en la celda de Padre Pio y lo encuentran extendido, con el rostro sobre la almohada ensangrentada. Llaman al médico que provee enseguida a curarlo poniéndole algunos apuestas de sutura a la cara. ¿En el cuento de Cleonice Morcaldi la explicación, quizás, del acaecimiento: "Quién habrá sido? ¿El usual enemigo? El Padre no dijo nada. Se pensó que, estando solo, quiso quitarse de la cama para meterse donde sobre la silla rogó todas las noches; no teniendo fuerza, cayó. ¿Quién le habrá puesto la almohada bajo la cara? Yo pienso a la Virgen Maria, que está siempre en celda con él.
   El día después de tuvo el rostro cubierto de máquinas negras y azules y el ojo medio cerrado…. ha bajado a celebrar….. Y así tuvimos una idea del rostro de Jesús flagelado y enseñado al pueblo de Pilatos.
   Cuando me confesé pregunté: "Padre, ha sido lo malvado a hacerte caer"?. me contestó: "El Espíritu Santo cierto no"! .
 

   Los padres capuchino de S.Giovanni Rotondo se preparan al momento de la dolorosa separación de su cofrade. Arden mientras tanto los trabajos por el cumplimiento de la cripta destinado a acoger su cuerpo.

   Un día pasando por la gradería que lleva abajo, en la capilla subterránea, Padre Pio pregunta a los presentes: "Qué hacen allá abajo"?. Una señora contesta, entonces, con franqueza: "Padre, están preparando vuestro sepulcro por cuándo Dios os llamará". Y el Padre: "Y no es mejor que me entierren al cementerio, al menos quién pasa dirá un réquiem"?.
 

   En el diario de Cleonice Morcaldi, la hija espiritual preferida de Padre Pio, las reflexiones que acompañan el último verano del fraile estigmatizado: "Y pasaron los días, los sufrimientos y la impotencia le aumentaron en la víctima cada vez más amable y paciente, que estrella sola quiso en aquel rincón en que no vio ni cielo ni tierra, con el arma(la corona del rosario) siempre en mano. A los cofrades Padre Pio siguió repitiendo: << Yo muero! ¡Yo muero! Estoy preparándome al gran paso >>. A. nosotros la única frase que repitió fue éste: << ¡Sed constantes y perseverantes!>>.
   Cuando mi compañera, un día, le dijo: << Padre, siempre esta frase nos decís, añadís de ello alguna otra! >> le contestó: <<Lo quieres entender que hoy nos quiere la constancia y la perseverancia para salvarse? >> (Cleonice Morcaldi) .
 

   No hay que asombrarse si el fraile a menudo invita sus hijas espirituales a perseverar en el ruego y en el bien. Él las quiere preparar a la gran separación, dejándoles la invitación más lógica por la vida cristiana: aquel de rogar y perseverar.
   Un día Cleonice le pregunta como al Padre se siente. También aquí la respuesta no deja paso a la esperanza: "Mal, mal, mal" Padre Pio contesta. Luego, a la invitación siguiente de Cleonice que le pregunta cosa le hace mal, él contesta: "Todo, todo, todo."
   El fraile encargado de asistir a Padre Pio confía un día al Morcaldi: "Padre Pio es como un recién nacido en nuestras manos: ha bajado abajo abajo en las impotencias más humillantes, es como el Cristo despegado por la cruz".  
"Un día, después de la confesión de los hombres, nos acercamos para besarle la mano. Pero cuál fue mi susto - Cleonice confía - en ver los ojos del Padre muy encarnizado, con poca sangre alrededor de la pupila:
¿- Cosa tenéis a los ojos a Padre?
- Nada, nada, esta noche no he podido cerrar ojo, tampoco a pisarlo con el dedo; ahora mientras confesé me ha venido un sueño tan pesado que para estar despierto he tenido que frotar fuerte los ojos, por tanto los ves rojos. Nada de mal.
¡- Pobre Padre! - réplica Cleonice - incluso sois por el sueño: es trabajada cuand   o y huye cuando lo buscáis.
¡- Y beh! ¡Nos quiere paciencia! Ofrecemos todo a Jesús" >> .
 

   Un día el médico en jefe del departamento ortopédico de la Casa Alivio, después de haber besado la mano al Padre, les confía a las hijas espirituales: "Yo no sé cómo hace a todavía vivir, aquel pobre Job, sobre aquel pequeño porche, siempre sólo con la corona del rosario en la mano. No tiene una planta, un algún objeto sobre que posar la mirada. Me hace compasión! >>. .
   Y' en consecuencia de este hecho que Cleonice decide comprar un gran cuadro de S. José con el Niño Jesús, preguntando que fuera puesto justo sobre el porche. En efecto San Giuseppe es el santo preferido por Padre Pio.


 

Las etapas de la vida de Padre Pio de Pietrelcina

 

 

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