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San Pio de Pietrelcina

 Un fenomeno mistico vissuto a Pietrelcina da Padre Pio a Pietrelcina, il 24 gennaio 1915

 

“L’aLMA ES HERIDA DE AMOR PARA EL SEñOR jESúS”

 

   Quizás el doloroso martirio padecido por Padre Pio partenece a la herida de amor o a la trasverberación. Aunque siendo estrechamente pertinentes sólo la esfera mística y experimentada de determinadas almas, estas realidades están lejanas de nosotros, y por lo tanto,  son indecibles e indescriptibles.

 Donato Calabrese

 

   Il mes de enero de este año 2010, así significativo por todos los hombres que se reconocen en el magisterio espiritual de Padre Pio, nos hace recordar un fenómeno místico vivido por Él a Pietrelcina, en el enero del 1915, e indicado, dentro de lo posible en cuántos estos hechos del espíritu huyen del mundo visible, en la carta que el 24 de enero, del mismo año, le manda al superior provincial padre a Benedetto.
  Escribiendo de haber recibido la comunicación del vicario obispal de Benevento, con cuyo certifica su provisional pertenencia al clero de Pietrelcina, y por consecuencia, a la misma Diócesis Beneventana, Padre Pio señala a un profundo padecimiento causado por continuas heridas:
 

  “Me parece como si todo los huesos se fracturaran. Me parece, sin punto verlo con los ojos del cuerpo, pero bien viéndolo yo con los del espíritu, sumergirme de ése a vez a vez un cuchillo, con una punta bien afilada y casi echando fuego, por el corazón que el approfonda fino en las entrañas, luego a viva fuerza lo retira luego por de allí a poco repetir la operación.
   Lo todo deja, al multiplicarse de estos golpes, siempre principalmente estallar el alma de grande amor de Dios.
   El dolor mientras me produce tal herida, que de le me es abierta, y la suavidad que se hace sentir en igual tiempo, está tan vivos que sombrearlos me parece imposible.
   Pero, padre myo, este dolor, como estas suavidades son completamente espirituales, aunque incluso sea verdadero que no dejen también el cuerpo de participarvos, también para alto grado”.


  
¿Quizás, es atribuible a la herida de amor, o a la trasverberación,  el doloroso martirio que Padre Pio advierte en su alma? Probable. Aunque siendo estrechamente pertinentes la esfera mística y experimentada de determinadas almas, estas realidades están lejanas de nosotros, y por lo tanto, indecibles e indescriptibles.
 

   El lenguaje utilizado por Padre Pio y la presencia de ciertos términos como el cuchillo, la punta afilada que echa fuego, el dolor que semeja llegar hasta las entrañas del corazón, hace pensar en tales fenómenos místicos. La punta ardiente que golpea el corazón del alma nos hace revivir, con la mente, al lenguaje místico de un santa muy querida por el Fraile de Pietrelcina: Teresa de Lisieux que designa, con el término javelot de feu, la herramienta de fuego que golpea el corazón, provocando, para tal efecto, un dolor atroz al pecho con la aparición de señales hacinamientos sobre el costado.
   Las suavidades y el gran amor de Dios parecen justo confirmar este fenómeno místico que Padre Pio ya ha probó cumplidamente el 23 agosto del 1912. La intensa experiencia es tendió para crecer, en el alma, la voluntad de estar completamente destacada de todas las cosas, para sólo pertenecerle a Dios.
  

En el número de Majo de TEMPI NUOVI, Periódica Publicación de la Diócesis de Benevento

PADRE PIO Y EL SACRO CORAZÓN DE JESÚS'

LA PRIMERA APARICIÓN DE JESÚS' FUE EN PIETRELCINA

Donato Calabrese

   Junio es el mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, cuyo culto, que remonta a la tarda edad media, se propagó en el siglo XVII, en consecuencia de las apariciones de Jesús a Santa Margherita Maria Alacoque.
   Uno de los grandes devotos del Sagrado corazón es Padre Pio de Pietrelcina. Uno de los momentos cruciales de su vida es atado a una aparición de Jesús y es representado admirablemente sobre la ventana historiada del iglesia de Santa Ana en Pietrelcina.
   Tiene cinco o seis años, Francesco, y es recogido en ruego en el pequeño templo del Burgo Castillo, cuando ve aparecer uno extraño personaje en los aprietas altar. Es el Sagrado Corazón de Jesús que lo mira colmado de cariño, haciendole señalo de acercarse.
   Levantado, él se dirige lentamente hacia de Jesús. Sus ojos inocentes y puros se encuentran con los de Jesús. Francesco se arrodilla delante, mientras que Jesús lo bendice poniéndole delicadamente su mano sobre el jefe. En este momento íntimo y conmovedor de su infancia, en su corazón es instilado el germen de aquella contemplación infusa que lo devolverá excepcional y visible icono de las maravillas de Cristo y de Su Pasión.

   Desde ahora en luego Francesco Forgione vivirá todo para Jesús, sólo deseando de ser otro Jesús, todo Jesús, siempre Gesù", como confiará después muchos años a Cleonice Morcaldi.
   Padre Pio siempre custodiará celosamente, en su corazón, el tesoro escondido de esta aparición del Sagrado Corazón. Toda su existencia será, una carrera incesante hacia el amor de Cristo; una identificación vital, un cambio de los corazones, con la presencia de Jesús en su corazón y la suya en el corazón de Cristo. He aquí las causas y los efectos inefables de la unión trasformante, por el de que lo que es más profundidad en el hombre, y es decir el corazón, se encuentra y se identifica con lo que es de más profundidad en Cristo: su corazón, imagen visible de lo que supera cada percepción: su amor misericordioso. Y' esta comunión de los corazones que el apóstol Paolo empujó a proclamarles a los cristianos de Galazia: "Ya no soy yo que vivo, es Cristo que me vive en mí". Y es esta unión que le permite a Padre Pio de vivir intensamente, en su querida Pietrelcina, la experiencia mística de la fusión de su corazón con aquel de Cristo: "Pude irme al divin prisionero para celebrar. Acabada la misa, me retuve con Jesús para el rendimiento de gracias. ¡Ay cuánto fue suave el coloquio obligado con el paraíso en esta mañana! Fue tal que incluso queriendo probarme a querer dir todo no lo podría; hubieron cosas que no pueden traducirse en un lenguaje humano, sin perder su sentido profundo y celeste. El corazón de Jesús y el mío, permítanme la expresión, se derritieron. No fueron dos más los corazones que golpearon, pero un solista. Mi corazón desapareció, como una gota de agua que se extravía en un mar. Jesús fue el paraíso, el rey. La alegría en mí fue sí intensa y sí profunda, que más no [yo] pude contener; las lágrimas más deliciosas me inundaron el rostro".
   Aquel de Padre Pio es una espiritualidad focalizada sobre la contemplación de la humanidad de Jesús. Amargo Jesús es sentir el propio corazón palpitar al unísono con su corazón: "También entre muchos sufrimientos - le escribe al Director espiritual - estoy feliz porque me pareces de sentir mi corazón palpitar con el de Jesús."
   Es Cristo Jesús que Padre Pio puerta en su cuerpo estigmatizado. Es siempre Cristo, con Su Corazón ardiente de amor, que vive en su corazón herido de amor, donándolo, a su vez, con la palabra y el amor sacerdotal, a miríadas de almas que le recurren a Él. Muchas de estas lo seguirán en el camino emprendido, consagrándose a Dios. A una de estas fieles, Maria Gargani que dará vida al instituto de los Apostole del Sagrado Corazón, Padre Pio escribirá: "Jesús ha elegido tu alma para ser la benjamina de su Corazón adorable. En este Corazón tú tienes que esconderte; en este Corazón desahogar tus ardientes deseos; en este Corazón todavía vivir aquellos días que la providencia te concederá; en este Corazón morir, cuando al Dios gustará."
   A otra hija espiritual, Padre Pio preguntará de entregarse todo a Jesús, siempre acordándose de siempre pertenecer y todo a Él: "Él pensará en sustentarte, y ayudarte. A menudo renueva tal dedicación y como auténtico anillo de su sacratissimo Corazón, depende de sus señas, de sus deseos que se manifestarán en tu" cuor.
   El ruego preferido por Padre Pio, aquéllos que se sustenta sobre la Palabra de Jesús presiente en los Evangelios, es la pequeña corona del Sagrado Corazón, recitada por todos los que se entregan siempre a sus ruegos. La extraordinaria eficacia de la intercesión cerca del Corazón de Cristo no está sino el fruto producido por el connubio entre tal ruego y el total abandono a la voluntad Divina, expresión de un amor todo donado y oblato, hasta la última gota de sangre fluida por sus estigmas, al Novio Divino, vida del alma que "muere."


Años 1910-1913: Padre Pio en Pietrelcina

Padre Pio en  su Epistolario

di

Donato Calabrese

   En el anterior episodio os hablé de las cartas escritas en francés por Padre Agostino a Padre Pio. A alguien Él incluso contesta en francés, demostrando, por lo tanto, de conocer este idioma, o bien de conocer a alguien que los intérpretes las cartas escritas en francés.  Y este es el ángel de la guarda de Padre Pio.

   Parece realmente extraño, especialmente en el mundo contemporáneo, pensar en estas cosas. Sin embargo Padre Pio vivo inmerso en el sobrenatural, dando prueba concreta de lo que Él no sabe hacer, como comprender al francés y el griego, y que alguien más hace con Él, ayudándolo a interpretar las otras lenguas, como confesa francamente el mismo Fraile de Pietrelcina.  Y es maravilloso pensar en la pequeña ciudad deVia del Rosario, en Pietrelcina, recorridas millares de vueltas por Padre Pio Pietrelcina, lugar privilegiado de encuentro entre cielo y tierra, dónde el sobrenatural no dibuja de manifestarse y revelarse por el humilde fraile estigmatizado. 

   El mismo Padre Agostino, que por primero ha intuido la santidad latente en el joven Padre Pio, sigue preguntando señales del cielo, comprobador lo que el mismo Padre Pio ha admitido más veces, y es decir que el ángel de la guarda lo ayuda y le haga hasta de secretario, especialmente en el interpretar las cartas recibidas y escritas en francés y en griego. Como aquél que Padre Agostino le escribe a su querido Pio. La carta, fechada el 7 de septiembre de 1912, no es muy larga. Obviamente yo os propongo la traducción española (con todos mis errores: pardón por esto), tal como es reconducida en el primero libro del epistolario de Padre Pio. En la carta Padre Agostino alude a la función de intérprete de parte del ángel de la guarda. 

  "Hijo querido en Jesús Cristo, 

   Recibí tu carta; por las cartas fueron vais dispersadas sea hecha la voluntad de Dios. 

   Tienes confianza en el Dios nuestro padre; el enemigo de todo no te turbará. Mañana será la natividad de la Madre de Dios y nuestra bonita madre, Maria;  te colmas de grandes regalos del cielo y siempre te protejas contra el enemigo. 

   Si me fuera posible, te mandaré lo más pronto posible de las misas, si no, Jesús dispondrá. 

   ¿Qué dirá tu ángel de esta carta? Si Dios quiere tu ángel podría hacertela comprender; si no, escríbeme. 

   Te abrazo junto a los que están contigo 

   Tu padre y hermano espiritual en Jesús Cristo". 

     A pie de página a esta carta le escrita a Padre Pio en lengua griega, el cura de Pietrelcina escribirá este atestado: "Pietrelcina, el 25 de agosto de 1919. Yo certifico abajo firmante la santidad del juramento, que padre Pio, después de la haber recibido presente, literalmente explicó de ello el contenido. Interrogado como por mí hubiera podido leerla y explicarla, conociendo ni siquiera el alfabeto griego, me contestó: El ángel de la guarda me ha explicado todo. L.S. El arcipreste Salvatore Pannullo".  La casa de Padre Pio en Pietrelcina

  De veras extraordinario, lo que le sucede en Pietrelcina. Pero está en el estilo de Dios revelarse y manifestarse por la humildad y la sencillez de los lugares y los acontecimientos. El mismo ocurrió en Nazaret y en el territorio del lago, para Jesús.  

   Y volvemos a los escritos de Padre Pio, porque son ellos que nos revelan el íntimo sentir de su alma y de sus sentimientos humanos y espirituales. Fue importante, en cambio, leervos la carta en griego de Padre Agostino, para comprender mejor la especial misión del ángel de la guarda en la vida de Padre Pio. En efecto en la carta que él le escribe a Padre Agostino, el 20 septiembre del 1912, además de subrayar sin cuartel la guerra que el "príncipe" de las tinieblas le mueve, expresa su alegría en sufrir para Jesús. Luego, en la parte final de la carta, Padre Pio le contesta a Padre Agostino en respeto de la misión de su ángel, que le explica también las cartas que le son escritas en francés y en griego.  Sólo reconduzco una parte de la carta: 

  "……. 

   Aquel diablo de unas días en acá está moviéndome una guerra harta más áspera. ¿Será este él último asalto suyo? Sufro y sufro muy, pero gracias al buen Jesús, todavía siento por fuerza otro poco; ¿y de qué no es capaz la criatura ayudada por Jesús? Yo no deseo punto de ser aliviada la cruz, ya que sufrir con Jesús me es querido; en contemplar la cruz sobre los hombros de Jesús me siento cada vez más fortificado y exulto de una santa alegría. 

   ……. 

   Él se elige de las almas y entre este, contra cada mi demérito, la mía también ha elegido para ser ayudado en el gran proyecto de la salvación humana. Y cuánto más estas almas sufren sin conforto mucho más se aligeran los sufrimientos del buen Jesús. 

   He aquí toda la razón porque deseo sufrir cada vez más y sufrir sin consuelo; y de eso hago de ello toda mi alegría. Desaforadamente tengo a necesidad del ánimo pero Jesús nada negará. Eso puedo certificarlo de la larga experiencia hecho de ello, conque no se deje de importunarlo. 

El ángel de la guarda, amigo, secretario e intérprete de Padre Pio   ……. 

   Los celestes personajes no dejan de visitarme y hacerme saborear la ebriedad de los beatos. Y si la misión de nuestro ángel de la guarda es grande, aquel del mío es de ciertamente más grande, teniendo que también hacerme de maestro en la explica de otras lenguas."  

   El ángel de la guarda no es sólo el intérprete de padre Pio. Es el amigo del corazón, el consejero, la ayuda siempre cercana en las horas dolorosas y celestiales de sus días en Pietrelcina. Es el embajador de sus pensamientos y las mismas acciones y lo protege en los ataques diabólicos.   

   A este punto no podemos no leervos, una simpática pieza llevada por la carta siguiente que Padre Agostino manda a su querido hijo espiritual Padre Pio. En esta carta, escrita una vez más en griego y traducida en italiano de los que han curado la publicación del epistolario de Padre Pio, Padre Melchiorre de Poblatura y Padre Alessandro de Ripabottoni, el Director espiritual anima a Padre Pio diciéndole que la virtud de Dios siempre superará la fuerza del enemigo, exhortándolo por lo tanto a tener confianza en Jesús. Por fin señala a los ángeles de la guarda. Recordamos una vez más que esta carta es escrita en griego, idioma que Padre Pio no conoce:  

  "……. 

  Yo bendigo tu ángel, bueno hacia de ti y hacia de mí; qué él siempre se lleve bien (comunicas", con mi ángel y nuestros corazones serán unánimes en Jesús Cristo." 

  Quiero cerrar este episodio proponiendo a vuestra reflexión lo que al Fraile de Pietrelcina escribe en respuesta a la anterior carta de Padre Agostino. Una vez más está presente el tema del sufrimiento: sufrimiento causado por la lucha continua con el mal, que se manifiesta también en algunos duelos dialécticos con el Espíritu del mal y sufrimiento físico en los que el "Dios lo hace exultar en su enfermedad." 

Pero es el dique de la carta aquélla que nos interesa particularmente, porque Padre Pio confirma las apariciones paradisíacas ocurridas por la noche y la compañía de su ángel de la guarda que el despierto por la mañana para rogar junto y alabar al "Querido de nuestros corazones" 

  "……. 

    ¿Sabéis dónde se ha agarrado el diablo? Él no quiso que en el último mi carta mandada os os fuera tenido informado de la guerra que le me mueve. Y como yo, según el mío usual, no quise prestar a él atención, empezó enseguida a sugerirme: "Como gustarías de más a Jesús, si tú rompieras cada relación con tu padre espiritual; él por ti es un ser harto peligroso, es un objeto de gran diversión por ti. El tiempo es muy alhaja, no lo desperdicies en estas peligrosas correspondencias con tu padre, empleas esta alhaja tiempo en rogar por tu salud, que está mucho en peligro. Si tú continúas en este estado, sabes que el infierno siempre está abierto por ti." 

   A tal diabólica sugestión yo contesté de modo evidentemente sarcástico: "Tengo que confesarvos mi error. Hasta el presente he estado en un falso supuesto; no os creí tan bueno en la dirección de espíritu. Me duele mientras tanto de no podervos asumir por mi director espiritual, porque mi padre ejerce este cargo hace desde mucho tiempo y nuestras relaciones espirituales han llegado tan que truncarla tan de golpe no me logra. Giráis, giráis que encontraréis almas, que os asumirán a director de su espíritu siendo vosotros bueno en tal materia". Este no hubo contestado nunca por ellos, digo por ellos porque fue más que uno, aunque un solista hablara, ya que se tiraron encima maldiciéndome y pegándome fuertemente, amenazándome con destruirme si no me decidiera a cambiar idea respeto a nuestras relaciones  

   ……. 

   Jesús con su visión no me deja casi nunca. Me sigue en todo sitio; aviva mi vida envenenada por el pecado; la noche todavía al cerrarse ojos, veo humillarse adelante el velo y el paraíso abrirse delante de mí; y alegrado por esta visión duermo con una sonrisa de dulce beatitud sobre los labios y con una perfecta calma sobre la frente, esperando que mi pequeño compañero de mi infancia venga a despertarse y así desatar junto las alabanzas matutinas al querido de nuestros corazones." 

  
   

LOS FENÓMENOS MÍSTICOS EN PADRE PIO

 

Padre Pio y la Virgen Maria de Pietrelcina
Las Llagas 

de Amor

   Análogas a las heridas de amor son aquellos fenómenos denominados llagas de amor. A menudo son identificados en un mismo fenómeno místico. En realidad, las llagas de amor se distinguen de las heridas porque soy más profundas, más empapadas que amor y más duraderos. Ellas provienen principalmente de las empinadas noticias que el alma tiene de Dios y de los misterios de la fe. Además aparecen de algún modo al exterior o traspasando físicamente el corazón. En este caso tenemos el trasverberación. O bien, las llagas se manifiestan en algunas partes del cuerpo, como a las manos, a los pies y al costado. En tal caso tenemos el fenómeno de las estigmata, más conocido con respecto de lo primero, también porque más visible. 

LA TRASVERBERACION 

   La trasverberación es una gracia santificadora del alma que, ardiente de amor de Dios, es atacada interiormente por un ángel, un serafino, el que quemando se la traspasa hasta el final como con un dardo de fuego y el alma, tan herida, es invadida por suavidades deliciosas. 

   Santa Teresa de Ávila es una de las almas místicas tocada por esta especial gracia divina. En la capilla Cornaro de la iglesia de Santa Maria de la Vittoria, a Rroma, hay un bonito grupo marmóreo del Bernini, que tiene por título el éxtasis de Santa Teresa. Representa plásticamente el fenómeno de la trasverberación vivido en la profundidad del alma y el cuerpo de la gran mística Carmelita española. Para conocer un mejor este fenómeno experimentado dos veces por Padre Pio, reconducimos lo que escribió Santa Teresa de Ávila en respeto al mismo  fenómeno: 

   "Un día me apareció un ángel bonito más allá de cada medida. Vi en su mano una larga lanza a cuya extremidad semejó sernos una punta de fuego. Éste pareció golpearme más veces en el corazón, mucho de penetrar dentro de mí. II dolor fue tan real que sufrí más veces con alta voz, pero fue mucho postre que no pudiera desear de ser liberada de ello. Ninguna alegría terrenal puede dar una parecida satisfacción. Cuando el ángel extrajo su lanza, quedé con un gran amor por Dios". 

   La mística de santa Teresa de Ávila ha representado un punto de referencia para Padre Pio de Pietrelcina. También él le vive en su persona, por dos veces, el fenómeno místico del trasverberación. 

   De una carta que le escribe a Padre Agostino de san Marco en Lamis el 26 de agosto de 1912, sabemos que Padre Pio fue visitado por el Dios por el fenómeno del trasverberación, ocurrido antes tres días, el 23 de agosto. 
 
   "Escucháis cosa me ocurrió viernes pasado. Estuve de ello en iglesia a hacerme de ello el rendimiento de gracias por la misa, cuando todo de repente me sentí el corazón herir de un dardo de fuego sí vivo y ardiente, que credetti morir de ello. Me faltan las palabras aptas para hacervos comprender la intensidad de esta llama: soy para nada impotente a poderme expresar. ¿Nos creéis? El alma, víctima de estos consuelos, se convierte en muda. ¡Me pareció que una fuerza invisible me sumergiera todo cuanto en el fuego... mi Dios, que fuego! Cuál dulzura! "[1]. Sensaciones inefables que el Padre lamenta de no poder describirle eficazmente al mismo Padre Agostino. 


   Después de haber sido trasverberado por Dios en el 1912, Padre Pio revive el mismo fenómeno místico la tarde del 5 de agosto de 1918. Es el mismo Padre Pio a testimoniar su trasverberacón a su director espiritual, padre Benedetto de San Marco en Lamis: 

   "Estaba confesando de ello nuestros pequeños fraile la tarde del cinco, cuando todo de repente fui llenado de un extremo terror a la vista de un personaje celeste que se presenta delante del ojo de la inteligencia. Tuvo en mano una especie de herramienta, parecido a una larga lámina de hierro con una punta bien afiladura, y que pareció de ella apunta que saliera fuego. Ver todo esto y observar dicho personaje arrojar con toda violencia susodicha herramienta en el alma, fue toda una cosa sola. A privación emití un quejido, me sentí morir. Le dije al pequeño fraile que se hubiera apartado, porque me sentí mal y ya no oí la fuerza de continuar. 

   Este martirio duró, sin interrupción, hasta por la mañana del día siete. Cosa yo sufrí en este período sí luctuoso yo no sé decirlo. Hasta las entrañas vi que fueron arrancadas y estiráis tras aquella herramienta, y lo todo fue enfocado. De aquel día en acá yo he sido herido en muerte. Siento en el más íntimo del alma una herida que siempre es abierta, que me hace sufrir assiduamente"[2]. 

   Ciertamente alguien podría preguntarse del por qué de estas manifestaciones que semejan pertenecer a otros tiempos y a otros períodos históricos. El pueblo cristiano, en efecto, es más interesado a las señales exteriores como a los estigmas, de que tendremos sucesivamente modo de hablar, que aparecen a veces en las almas enamoradas de Dios, antes que a percepciones del alma que no pertenecen al mundo sensible y por lo tanto no ofrecen atractivo, por lo menos a los que no son tocados directamente de ello. Por tanto es necesario ofrecer una consideración sobre la validez de los fenómenos místicos internas alma y, en particular, sobre el trasverberación, subrayando los que son los efectos positivos de estos carismas en la vida cristiana. 

   Quien los recibe arde del deseo que se rompan las uniones del cuerpo para volarle libremente a Dios. "Ve claramente que la tierra es un destierro, y no comprende a los que desean vivir largos años sobre de ella. Tanto San Paolo, que deseó ardientemente de morir para estar con Cristo, Fil 1,23, cuánto los dos correccionales del Carmelo[3], que compusieron sus estrofas: "môro" porque no môro, manifestaron la misma experiencia"[4], anhelando a la muerte con tal que reunirse con el manantial de cada bien que es Dios. Se comprende, entonces, como este ardiente deseo de Dios, unido a una separación de las cosas del mundo, puede ayudar realmente, quién advierte intensamente el peso de la cruz, a soportar no sólo con resignación los padecimientos físicos e interiores, pero incluso a elevarlos en una oblación de amor hacia él querido: "Deh! mi Padre, - escribe Padre Pio al ministro provincial - como debbo hacer? Me siento justo morir, casi ya no oye la fuerza de vivir. Mi crucifixión todavía continua; en la agonía se ha entrado desde hace tiempo y ella va haciendose cada vez más desgarradora...[.....].Yo siempre pronunciaré el fiat de la resignación"[7]. 

 Estas palabras dejan ampliamente entender lo tenue sea el hilo afectivo que ata a Padre Pio al mundo terrenal y cuánto fuerte e insaciable parea su deseo de ser desatado por los cordones de la carne para unirse para siempre con Dios. 


  Domingo 16 de junio ha sido Fiesta grande en el mundo cristiano. Este gran Pontífice qué hora más que nunca, con su grande y sublime Pontificado arraigados sobre la cruz de Cristo, continua a amaestrar como antes y más de primera al Pueblo de Dios en camino hacia la Jerusalén del cielo.
   Y es justo que este gran Pontífice que personalmente Padre Pio ha encontrado y ha experimentado directamente, con la curación de Wanda Poltawska, la potencia taumatúrgica del Fraile de Pietrelcina, ha puesto por fin la palabra FINA a todas las injusticias,  las vejaciones, las persecuciones que este humilde fraile ha padecido por toda su vida.
   Padre Pio es Santo. Y el Papa ha querido que por la celebración de su nacimiento al cielo sea celebrada la memoria obligatoria. Ésto significa que cualquier sacerdote, de cada parte del mundo, el 23 septiembre de cada año, es tenido a celebrar la Misa en memoria de Padre Pio.
   Y ahora, queridos amigos, os invito a descubrir los puestos hermosos y sugestivos que han hecho de marco ideal a su camino hacia Dios. Uno de éste es indudablemente
 

PIETRELCINA

  Y ahora que Padre Pio es Santo, seguimos toda su enseñanza espiritual. Es Él, a indicarnos la calle para llegar a Dios.


BIOGRAFÍA DE PADRE PIO, PRESENTADA DURANTE LA LITURGIA DE CANONIZACIÓN

  

“En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gal 6, 14).

   Padre Pío de Pietrelcina, al igual que el apóstol Pablo, puso en la cumbre de su vida y de su apostolado la Cruz de su Señor como su fuerza, su sabiduría y su gloria. Inflamado de amor hacia Jesucristo, se conformó a Él por medio de la inmolación de sí mismo por la salvación del mundo.
   En el seguimiento y la imitación de Cristo Crucificado fue tan generoso y perfecto que hubiera
podido decir “con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 19). Derramó sin parar los tesoros de la graciaque Dios le había concedido con especial
generosidad a través de su ministerio, sirviendo a los hombres y mujeres que se acercaban a él,
cada vez más numerosos, y engendrado una inmensa multitud de hijos e hijas espirituales.

   Este dignísimo seguidor de San Francisco de Asís nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina,
archidiócesis de Benevento, hijo de Grazio Forgione y de María Giuseppa De Nunzio. Fue
bautizado al día siguiente recibiendo el nombre de Francisco. A los 12 años recibió el Sacramento de la Confirmación y la Primera Comunión.

   El 6 de enero de 1903, cuando contaba 16 años, entró en el noviciado de la orden de los Frailes
Menores Capuchinos en Morcone, donde el 22 del mismo mes vistió el hábito franciscano y recibió el nombre de Fray Pío. Acabado el año de noviciado, emitió la profesión de los votos simples y el 27 de enero de 1907 la profesión solemne.

   Después de la ordenación sacerdotal, recibida el 10 de agosto de 1910 en Benevento, por motivos de salud permaneció en su familia hasta 1916. En septiembre del mismo año fue enviado al Convento de San Giovanni Rotondo y permaneció allí hasta su muerte.

   Enardecido por el amor a Dios y al prójimo, Padre Pío vivió en plenitud la vocación de colaborar en la redención del hombre, según la misión especial que caracterizó toda su vida y que llevó a cabo mediante la dirección espiritual de los fieles, la reconciliación sacramental de los penitentes y la celebración de la Eucaristía. El momento cumbre de su actividad apostólica era aquél en el que celebraba la Santa Misa. Los fieles que participaban en la misma percibían la altura y profundidad de su espiritualidad.

   En el orden de la caridad social se comprometió en aliviar los dolores y las miserias de tantas
familias, especialmente con la fundación de la “Casa del Alivio del Sufrimiento”, inaugurada el 5de mayo de 1956.

   Para el Padre Pío la fe era la vida: quería y hacía todo a la luz de la fe. Estuvo dedicado asiduamente a la oración. Pasaba el día y gran parte de la noche en coloquio con Dios. Decía: “En los libros buscamos a Dios, en la oración lo encontramos. La oración es la llave que abre el
corazón de Dios”. La fe lo llevó siempre a la aceptación de la voluntad misteriosa de Dios.

   Estuvo siempre inmerso en las realidades sobrenaturales. No era solamente el hombre de la
esperanza y de la confianza total en Dios, sino que infundía, con las palabras y el ejemplo, estas
virtudes en todos aquellos que se le acercaban.

   El amor de Dios le llenaba totalmente, colmando todas sus esperanzas; la caridad era el principio inspirador de su jornada: amar a Dios y hacerlo amar. Su preocupación particular: crecer y hacer crecer en la caridad.

   Expresó el máximo de su caridad hacia el prójimo acogiendo, por más de 50 años, a muchísimas personas que acudían a su ministerio y a su confesionario, recibiendo su consejo y su consuelo. Era como un asedio: lo buscaban en la iglesia, en la sacristía y en el convento. Y él se daba a todos, haciendo renacer la fe, distribuyendo la gracia y llevando luz. Pero especialmente en los pobres, en quienes sufrían y en los enfermos, él veía la imagen de Cristo y se entregaba especialmente a ellos.

   Ejerció de modo ejemplar la virtud de la prudencia, obraba y aconsejaba a la luz de Dios.
Su preocupación era la gloria de Dios y el bien de las almas. Trató a todos con justicia, con lealtad y gran respeto.

   Brilló en él la luz de la fortaleza. Comprendió bien pronto que su camino era el de la Cruz y lo
aceptó inmediatamente con valor y por amor. Experimentó durante muchos años los sufrimientos del alma. Durante años soportó los dolores de sus llagas con admirable serenidad.

   Cuando tuvo que sufrir investigaciones y restricciones en su servicio sacerdotal, todo lo aceptó con profunda humildad y resignación. Ante acusaciones injustificadas y calumnias, siempre calló
confiando en el juicio de Dios, de sus directores espírituales y de la propia conciencia.

   Recurrió habitualmente a la mortificación para conseguir la virtud de la templanza, de acuerdo con el estilo franciscano. Era templado en la mentalidad y en el modo de vivir.

   Consciente de los compromisos adquiridos con la vida consagrada, observó con generosidad los votos profesados. Obedecióen todo las órdenes de sus superiores, incluso cuando eran difíciles. Su obediencia era sobrenatural en la intención, universal en la extensión e integral en su realización.
   Vivió el espíritu de pobreza con total desprendimiento de sí mismo, de los bienes terrenos, de las comodidades y de los honores. Tuvo siempre una gran predilección por la virtud de la castidad. Su comportamiento fue modesto en todas partes y con todos.

   Se consideraba sinceramente inútil, indigno de los dones de Dios, lleno de miserias y a la vez de favores divinos. En medio a tanta admiración del mundo, repetía: “Quiero ser sólo un pobre fraile que reza”.

   Su salud, desde la juventud, no fue muy robusta y, especialmente en los últimos años de su vida, empeoró rápidamente. La hermana muerte lo sorprendió preparado y sereno el 23 de septiembre de 1968, a los 81 años de edad. Sus funerales se caracterizaron por una extraordinaria
concurrencia de personas.

   El 20 de febrero de 1971, apenas tres años después de su muerte, Pablo VI, dirigiéndose a los
Superiores de la orden Capuchina, dijo de él: “¡Mirad qué fama ha tenido, qué clientela mundial ha reunido en torno a sí! Pero, ¿por qué? ¿Tal vez porque era un filósofo? ¿Porqué era un sabio? ¿Porqué tenía medios a su disposición? Porque celebraba la Misa con humildad, confesaba desde la mañana a la noche, y era, es difícil decirlo, un representante visible de las llagas de Nuestro Señor. Era un hombre de oración y de sufrimiento”.

   Ya durante su vida gozó de notable fama de santidad, debida a sus virtudes, a su espíritu de
oración, de sacrificio y de entrega total al bien de las almas.

   En los años siguientes a su muerte, la fama de santidad y de mila-gros creció constantemente,
llegando a ser un fenómeno eclesial extendido por todo el mundo y en toda clase de personas.

   De este modo, Dios manifestaba a la Iglesia su voluntad de glorificar en la tierra a su Siervo fiel. No pasó mucho tiempo hasta que la Orden de los Frailes Menores Capuchinos realizó los pasos previstos por la ley canónica para iniciar la causa de beatificación y canonización. Examinadas todas las circunstancias, la Santa Sede, a tenor del Motu Proprio “Sanctitas Clarior” concedió el nulla osta el 29 de noviembre de 1982. El Arzobispo de Manfredonia pudo así proceder a la introducción de la Causa y a la celebración del proceso de conocimiento (1983-1990). El 7 de diciembre de 1990 la Congregación para las Causas de los Santos reconoció la validez jurídica.
   Acabada la Positio, se discutió, como es costumbre, si el Siervo de Dios había ejercitado las
virtudes en grado heroico. El 13 de junio de 1997 tuvo lugar el Congreso peculiar de Consultores
teólogos con resultado positivo. En la Sesión ordinaria del 21 de octubre siguiente, siendo ponente de la Causa Mons. Andrea María Erba, Obispo de Velletri-Segni, los Padres Cardenales y obispos reconocieron que el Padre Pío ejerció en grado heroico las virtudes teologales, cardinales y las relacionadas con las mismas.

   El 18 de diciembre de 1997, en presencia de Juan Pablo II, fue promulgado el Decreto sobre la
heroicidad de las virtudes.

   Para la beatificación del Padre Pío, la Postulación presentó al Dicasterio competente la curación de la Señora Consiglia De Martino de Salerno (Italia). Sobre este caso se celebró el preceptivo proceso canónico ante el Tribunal Eclesiástico de la Archidiócesis de Salerno-Campagna-Acerno de julio de 1996 a junio de 1997. El 30 de abril de 1998 tuvo lugar, en la Congregación para las Causas de los Santos, el examen de la Consulta Médica y, el 22 de junio del mismo año, el Congreso peculiar de Consultores teólogos. El 20 de octubre siguiente, en el Vaticano, se reunió la Congregación ordinaria de Cardenales y obispos, miembros del Dicasterio y el 21 de diciembre de 1998 se promulgó, en presencia de Juan Pablo II, el Decreto sobre el milagro.

   El 2 de mayo de 1999 a lo largo de una solemne Concelebración Eucarística en la plaza de San
Pedro Su Santidad Juan Pablo II, con su autoridad apostólica declaró Beato al Venerable Siervo
de Dios Pío de Pietrelcina, estableciendo el 23 de septiembre como fecha de su fiesta litúrgica.

   Para la canonización del Beato Pío de Pietrelcina, la Postulación ha presentado al Dicasterio
competente la curación del pequeño Mateo Pio Colella de San Giovanni Rotondo. Sobre el caso se ha celebrado el regular Proceso canónico ante el Tribunal eclesiástico de la archidiócesis de
Manfredonia?Vieste del 11 de junio al 17 de octubre del 2000. El 23 de octubre siguiente la
documentación se entregó en la Congregación de las Causas de los Santos. El 22 de noviembre del 2001 tuvo lugar, en la Congregación de las Causas de los Santos, el examen médico. El 11 de
diciembre se celebró el Congreso Particular de los Consultores Teólogos y el 18 del mismo mes la
Sesión Ordinaria de Cardenales y Obispos. El 20 de diciembre, en presencia de Juan Pablo II, se
ha promulgado el Decreto sobre el milagro y el 26 de febrero del 2002 se promulgó el Decreto
sobre la canonización.


 

PIETRELCINA

Descubrir Pietrelcina, hoy, con su inconmensurable riqueza mística y espiritual que envuelve al romero y lo conduce a la contemplación del misterio de Dios y del hombre que es término del amor creativo de Dios.

 


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