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La psicología de Jesús

   

   El estudio histórico de los evangelios puede ayudar, ciertamente, para reconocer algunos aspectos característicos de la psicología de Jesús.  Pero es importante, por un análisis atento y riguroso, superar el estadio editorial de los evangelios por un aproche directo a cuánto puede emerger, por la pátina de los siglos, acerca de la persona y la conciencia de Jesús. 

   El primer elemento que emerge en todos los evangelios, a partir de aquel de Marco que es el más arcaico y por lo tanto el más cerca del Jesús histórico, es la extraordinaria conciencia que Jesús tiene de si mismo y de su misión. 

   Jesús es persuadido de tener la autoridad divina, en griego exousía, en fuerza del que puede perdonar los pecados.  El evangelista Marco hace referencia a esta autoridad: 

   " Tiempo después, Jesús volvió a Cafarnaún. Apenas corrió la noticia de que estaba en casa,  se reunió tanta gente que no quedaba sitio ni siquiera a la puerta. Y mientras Jesús les anunciaba la Palabra, cuatro hombres le trajeron un paralítico que llevaban tendido en una camilla.

   Como no podían acercarlo a Jesús a causa de la multitud, levantaron el techo donde él estaba y por el boquete bajaron al enfermo en su camilla. Al ver la fe de aquella gente, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, se te perdonan tus pecados."

   Estaban allí sentados algunos maestros de la Ley, y pensaron en su interior: "¿Cómo puede decir eso? Realmente se burla de Dios. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?"

   Pero Jesús supo en su espíritu lo que ellos estaban pensando, y les dijo: "¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil decir a este paralítico: Se te perdonan tus pecados, o decir: Levántate, toma tu camilla y anda? Pues ahora ustedes sabrán que el Hijo del Hombre tiene en la tierra poder para perdonar pecados." Y dijo al paralítico: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa."

   El hombre se levantó, y ante los ojos de toda la gente, cargó con su camilla y se fue. La gente quedó asombrada, y todos glorificaban a Dios diciendo: "Nunca hemos visto nada parecido.""., Mc 2,1-12. 

   La autoridad que Jesús demuestra de poseer es certificada indudablemente por el hecho que una de las causas de su condena a muerte ha sido justo aquel de reivindicar la autoridad divina. 

   Vamos adelante. Jesús tiene la conciencia de ser más grande que Salomón y del mismo templo de Jerusalén, cumbre del culto hebreo, lugar de la morada de Adonai, el Dios de Israel. 

   En efecto frente a la incredulidad de los escribas y los fariseos que preguntan una señal, Jesús contesta: 

  "La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón". Mt12,42; Lc 11,31.

   Tal como, tomando la palabra en defensa de sus discípulos acusados haber comido las espigas de trigo en día de sábado, Jesús contesta: 

   ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa? Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo. Mt 12,56.

   Con esta respuesta Jesús demuestra de estar sobre un nivel superior con respecto del templo de Jerusalén y de Israel.  Y si el templo es el lugar de la morada de Dios entre su pueblo, poniéndose en actitud de superioridad con respecto del templo, Jesús no hace otro que remachar de estar superior en el templo, afirmando en filigrana de ser Quien mismo que habita en el templo, la Divinidad. 

   También en la enseñanza, comparado a aquel de los escribas, Jesús muestra su superioridad. En efecto en su enseñanza, los escribas del templo, hacen continuamente referencia al Torah y a la tradición escrita y oral de Israel.  Jesús, en cambio,demuestra de tener en si destejo la autoridad, exousía, sin recurrir, como los escribas y los doctores de la ley, a la Escritura y a la tradición hebrea.  El evangelista Marco testimonia:

    "Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar.
22 Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas"Mc 1,21-22. 

   La Torah,  el nombre atribuido a los primeros cinco libros del antiguo Testamento, es en la cumbre de los pensamientos y de los sentimientos del pueblo hebreo. Y los juicios sobre de ella, escritos sobre el Talmud, colección de tradiciones escritas y orales, evidencian la santidad y la inviolabilidad de esta palabra de Dio.  Poner en discusión el Torah, la palabra de Dios escrita en el Pentateuco, significa situarse sobre un llano superior con respecto de ella, y por lo tanto atribuirse la Divinidad.  Es justo lo que hace Jesús en su predicación, cuando emerge toda su autoridad: 

   "Habéis oído que se dijo a los 

antepasados:.....Pues yo os digo.....", Mt 5. 

 

   Jesús, por lo tanto, se pone como cumplimiento y superación de la antigua Ley de Moisés. Y también esta su enseñanza entrará a hacer parte de las motivaciones hebreas de su condena a muerte. 

   Pero hay otro. Nadie antes de Jesús se dirigió con confianza y familiaridad hacia Dios llamándolo Abbà, término arameo que significa "papá".  Abbà es un término con el que los niños hebreos llaman sus padres en la intimidad de la vida familiar. Un término casi nunca usado en los ruegos hebreos.  Jesús, en cambio, demuestra de tener con el Padre Celeste una relación tiernamente filial, y por tanto lo llama con el apelativo de Abbà. 

   Más bien, según los estudios de J. Jeremías y W. Marchel los diferentes empleos del apelativo "padre" en la lengua griega del Nuevo Testamento traducen la única expresión aramaica Abbà que Jesús usa para indicar Dios. 

   Con ésto queremos subrayar que llamando Dios con el término Abbà, la misma ocasión en la intimidad familiar de los niños hebreos hacia sus padres, Jesús enseña de poseer la perfecta cognición de ser hijo natuale de Dios. Pero como es perfectamente consciente de la progenie Divina y de la misma autoridad, consiguiente de si mismo, Jesús también es consciente de la suerte que lo espera. Él se encuentra a las tomas con la más grande tentacione: por fin ofrecer a su pueblo un reino de justicia, de amor, de paz y de bienestar. Y está quizás durante el milagro de la multiplicación de los panes, cuando el pueblo quiere hacerlo rey, que Él se encuentra en el afrontar esta lucha interior. Pero es plenamente más bien consciente del proyecto de Dios que pasa por su cruz y no por el triunfo. Y entonces escapa fuera. 

   Es claro que en Jesús desea una cosa sola: entregarse a la voluntad del Padre, hasta al final: "Y dijo:

    "Abba, Padre, todo es posible para ti. No me hagas beber este trago amargo,* pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú" Marcos 14,36.  

 

LOS CARÁCTERES EMOTIVOS DE JESÚS

   A menudo los Evangelios sinópticos, es decir aquéllos redactados por Mateo, Marcos y Lucas, ponen en evidencia los que son los aspectos emotivos de la personalidad de Jesús en el curso de su misión, demostrando, por lo tanto, como el Rabbi de Galilea viva plenamente las emociones, las alegrías, los dolores, los sufrimientos, las esperas y las esperanzas de su pueblo. No un hombre cristalizado y perennemente aséptico y falto de ardor pero hombre verdadero, hombre que vivas intensamente y con apasionados estados emotivos toda la gama de sentimientos que acompaña la vida del hombre.  En el discurso de la montaña, por ejemplo, Jesús se muestra plenamente solidario con los pobres, las personas humildes, los mansos, él hambriento, los sedientos; en fin con todos los que, en la necesidad y en la debilidad y fragilidad de la misma existencia, sienten la exigencia de seguirlo y de saborear su mensaje de esperanza. A sus discípulos y a este pueblo de pobres y humildes, dirige su mirada cariñosa y repleta de alegría. Y la palabra "Bienaventurados"... testimonia su solidaridad con los pobres, los que sufren, los que lloran, todos destinatarios de su mensaje, Mateo 5,3ss. Lucas 6,20-21. 

   También en otros momentos de su predicación se puede percibir la alegría, casi diría el regocijo que Jesús expresa en el discurso de la montaña. 

   "En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó "(Mateo 11,25-26). 

   Lucas reconduce, aunque con un particular resalto all' regocijo de Jesús, este momento en que el Maestro bendice al Padre: 

   "En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó", Lucas 10,21. 

   No se puede pensar que en el pronunciar estas palabras no haya aparecido una sonrisa, aunque velado, sobre los labios del Nazzareno. 

   Otro momento en que se coge la alegría de Jesús es aquel en que, al final de un diálogo con una mujer Cananea, por lo tanto no perteneciente a su pueblo, Él afirma: "

   "¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora" Mt 15,28. 

   También hacia al centurión, que no pertenece al pueblo de Israel, Jesús dirige palabras de piropo: 

   "Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe" Lucas 7,9. 

 

   Los evangelios nos dicen que Jesús se muestra lastimoso de la muchedumbre que lo sigue atraída inesorebilmente de su palabra y de los prodigios. La misma muchedumbre que aparece a sus ojos como "ovejas que no tenían pastor"cfr. Marcos 6,34, Mateo 6,34.  La misma muchedumbre que lo sigue sin cansarse, incluso sin alimentarse: 

   "Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer; y si los envío en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos"Marcos 8,2-3; cfr Mateo 15,32. 

   Jesús tiene sentimientos de piedad hacia los dos ciegos de Gerico: 

   "Entonces Jesús, sintiendo compasión, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista y lo siguieron"(Mateo 20,34; cfr. 18,35ss.). 

   El mismo sentimiento que muestra hacia un leproso: 

   "Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano, lo tocó y le dijo: «Quiero, sé limpio». Tan pronto terminó de hablar, la lepra desapareció del hombre, y quedó limpio" Marcos 1,41-42. 

   Pero hay un episodio, contado por los Evangelios, dónde emerge en toda su valencia, la compasión y la solidaridad de Jesús con los que sufren:

   "Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos y una gran multitud. Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, que era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: «No llores».  Acercándose, tocó el féretro;y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: «Joven, a ti te digo, levántate». Entonces se incorporó el que había muerto y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre. Todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros» y «Dios ha visitado a su pueblo». Y se extendió la fama de él por toda Judea y por toda la región de alrededor"Lc 7,11-15. 

   Jesús tiene una actitud diferente hacia las ciudades del lago. Corazín, Betsàida, Capernaúm. Son las ciudades que han recibido principalmente su predicación y sus milagros. Sin embargo no han querido corresponder a su "Regalo".  Es un Jesús afligido, quizás colérico, lo que se arroja con sus invectivas, 

   "Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo: «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida!, porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que en vestidos ásperos y ceniza se habrían arrepentido. Por tanto os digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón que para vosotras.
   Y tú, Capernaúm, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida,porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy.
   Por tanto os digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma que para ti»"
Mateo 11,20-24; Lucas 10,12-15 

  Después de veinte siglos de historia, las palabras de Jesús enseñan claramente la suerte histórica de estas ciudades. En efecto Corazín, Betsaida, Capernaúm ya no existen sobre el lago. Dónde hubieron estas ciudades sólo han quedado algunas ruinas sin vida. La única ciudad del lago sobrevivida por el tiempo de Jesús es Tiberiade.  El antigua ciudad de Tiberiade fue, quizás, la única a no a no haber sido visitada por Jesús, y por lo tanto no pudo recibir el regalo de su palabra y sus milagros. 

   Las mismases invectivas Jesús les dirige a los fariseos: 

   "Pero ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito y, cuando lo conseguís, lo hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. ¡Ay de vosotros, guías ciegos!, que decís: "Si alguien jura por el templo, no es nada; pero si alguien jura por el oro del templo, es deudor". ¡Insensatos y ciegos!, porque ¿cuál es mayor, el oro o el templo que santifica al oro? También decís: "Si alguien jura por el altar, no es nada; pero si alguien jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor". ¡Necios y ciegos!, porque ¿cuál es mayor, la ofrenda o el altar que santifica la ofrenda? El que jura por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él; y el que jura por el templo, jura por él y por el que lo habita; y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque diezmáis la menta, el anís y el comino, y dejáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego!, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera quede limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: "Si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no habríamos sido sus cómplices en la sangre de los profetas". Con esto dais testimonio contra vosotros mismos de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. ¡Vosotros, pues, colmad la medida de vuestros padres! ¡Serpientes, generación de víboras!, ¿cómo escaparéis de la condenación del infierno?"Mateo 23,13-33; cfr Lc 11,39ss. 

   Triste, en cambio, Jesús aparece cuando se dirige hacia la ciudad de Jerusalén: 

   "Cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró por ella, diciendo: «¡Si también tú conocieras, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Pero ahora está encubierto a tus ojos"Lucas 19,41-42; cfr. Mateo 23,37-38. 

   Hemos considerado aquí como unos sentimientos de Jesús emergen por los Evangelios que representan el único manantial escrito de su vida autenticada por las primitivas comunidades cristianas. Pero es oportuno subrayar que todo el comportamiento del Rabbi de Galilea denota un anhelo profundo: aquel de llevar a cabo su misión en el mundo. Una misión en la que él quiere implicar a todos sus discípulos, destinatarios privilegiados de su amor: 

   "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros"Juan 13,34-35.

 

PARA EL DESCUBRIMIENTO DE JESÚS DE NAZARETH

 

Jesús en la historia  Nazareth
Belén La Familla de Nazareth
El primer anuncio El lugar de la Misión
El idioma de Jesús  Los milagros
Jesús el Profeta Jesús revela al Padre
Jesús revela el amor del Padre El Buen Pastor
El camino de la Cruz El ruego de Jesús
El Padre nuestro Jesús y las mujeres 
Los pequeños El nuevo Pueblo de Dios
Jesús y el Dinero Bienaventurados a los pobres de espíritu
Jesús y el ambiente de Israel La psicología de Jesús
Jesús elige a los Doce y a los discípulos La misíon entre los gentiles
El "Hijo del hombre" Las parábolas
Jesús, Maestro de sabiduría Jesús y la Sagrada Escritura
La familla y la parentela Su "Pan"
Jesús exorcista Jesús frente a los pecadores
Las parábolas de la misericordia Las controversias en Galilea
La crisis en Galilea La Transfiguración
Jerusalén La última Cena 
La Pasión  Resurreción - primera parte
Resurreción - segunda  parte Jesús Cristo hombre y Dios

 

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