Bienaventurados a los pobres de espíritu
El evangelista Mateo presenta a Jesús como el Mesías anunciado por los profetas, 1,20-23, y en los cinco grandes discursos, Mt 5,1-7,29; 9,37-11,1; 13,1-52; 18,1-35; 24,1-25,46, que caracterizan intensamente su Evangelio, pone muy bien en evidencia el actitud de Jesús "Maestro" y sus enseńanzas.
Entre los discursos de Jesús ocupa un papel preeminente lo que es comumenemente llamado el
"discurso de la montańa"(Mt 5,1-7,29).
Sobre una colina, del que se entreve un maravilloso escorzo del lago de Tiberiade, Jesús como el nuevo Moisés se presenta que promulga la nueva ley en la que
el antigua alianza encuentra su cumplimiento, Mt 5,17-20. Esta ley tiene su síntesis más completa en la regla del amor:
"Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.(Mt 7,12.
Una vez más se evidencia un dato original en las palabras y en las acciones cumplidas por Jesús. Él no enseńa como a los escribas y a los fariseos, sino habla en nombre propio: Habéis entendido que fue dicho… Yo os digo" en cambio; y destaca el carácter radical de la voluntad divina, preguntándoles a sus discípulos de imitar el propio Dios, poniéndose perfectos como él, Mt 5,21-48.
Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le
acercaron.
Y tomando la palabra, les enseńaba diciendo:
"Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los
Cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la
tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán
saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos
Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los
Cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Alegráos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a
vosotros (Mt 5,1-12).
Y desde las colinas occidentales del lago de Tiberiade que Jesús anuncia solemnemente el Reino de Dios y proclama aquellas beatitudes que constituyen la síntesis de todo el Evangelio indicando una nueva ruta de navegación, en el mar de la vida, al hombre de cada tiempo.
"Jesús pronuncia palabras definitivas, que saben traducir, con vigor profética y grande serenidad, el realizarse Reino. Sus palabras son convincentes. No es un simple profeta, que habla. La suya es la palabra decisiva de Dios en la historia: <<… fue dicho a los antiguos… Pero yo os digo… >>. Dios interviene, ya está en obra con su potencia lastimosa, atenta al llanto, a la pobreza, al hambre, a las injusticias. Porque Dios es Padre - he aquí el fondo del gran anuncio. Por él, la vida de cada criatura es preciosa como aquella de un hijo…Él es un Padre bueno y parecido, que dirige a todo la invitación a participar a su misma vida: "El Reino de Dios es vuestro! ".
Es un anuncio absoluto, no condicionado por nada, simple amor que se consagra. Y sin embargo también propuesta de vida. En esto Jesús es claro: Dios irrumpe en la historia para salvar, pero por la vida renovada de sus hijos: imitar Dios Padre, en su amor hacia todos.
Desde la colina que ofrece una espléndida vista de Cafarnao y
del lago, Jesús proclama las beatitudes evangélicas. El santuario, actualmente
situado sobre la colina, perpetúa la memoria de este sobrecogedor mensaje.
Egeria, monja latina que hizo una romería en Tierra Santa en el IV siglo, escribe así entre el 393 y el 396: "No lejos de Cafarnao…sul monte cercano hay una gruta, subiendo de la que el Dios pronunció las beatitudes".
El estudio de los datos topográficos de la zona y las excavaciones arqueológicas recientes han permitido de reconstruir con precisión la descripción de Egeria. En el 1935, Padre Bellarmino Bagatti ha llevado a la luz las ruinas del antiguo santuario recordadas por Egeria y
situadas sobre la gruta que riale al IV siglo.
PARA EL DESCUBRIMIENTO DE JESÚS DE NAZARETH
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