El nuevo Pueblo de Dios
En los cuatro
Evangelios raramente encontramos que Jesús se dirija a la Iglesia, cuyo término
"Ekklesìa" lo encontramos presente en dos frases reconducidas por el
Evangelio redactado por Mateo. La primera afirmación, la encontramos sobre los
labios de Jesús que, dirigidas a Simón, exclama solemnemente:
"Y yo te digo tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y
las puertas del infierno no prevalecerán contra ella", Mt 16,18.
Desde este momento Simón
el pescador es llamado Kefas, término arameo que en griego significa roca,
piedra. Y ya que en el mundo bíblico los nombres indican la esencia y la
operatividad de la persona. La frase dicha a Pedro no aparece allí puesta, por
casualidad; pero demuestra la intención, de Jesús, de construir, sobre esta
roca, sobre esta "piedra", un edificio espiritual cuyo tamaño superará
cada coordenada geográfica y cuya duración va más allá del tiempo. Y es por
esto que Jesús dirá, luego, a sus amigos:
"He aquí yo
estoy con vosotros todos los días, hasta al final del mundo"(Mt 28,20)
La segunda afirmación
de Jesús respecto de la Iglesia, la encontramos en el capítulo 18 del mismo
Evangelio:
“Si tu hermano llega
a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado
a tu hermano, Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que = todo
asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a
ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti
como el gentil y el publicano”.
Mt 18,15-17.
Dos frases, dos pensamientos, dos pasos que ponen sobre los labios de Jesús la
palabra Iglesia o mejor "Ekklesìa", término griego utilizado por los
Setenta para indicar el hebreo "qahal" que significa: asamblea,
convocación. Y es quizás "qahal" el término utilizado por Jesús
para hablar de su nuevo pueblo, de la nueva alianza
basada en su sangre, que Mateo ha traducido con el término "Ekklesìa",
Iglesia. Pero también hay otras imágenes con las que la Comunidad apostólica
designa a la Iglesia. Y cuando hablamos de comunidad apostólica, entendemos la
de los doce que han vivieron con Jesús por todo el tiempo de su vida pública;
han compartido con él alegrías y dolores; han asimilado su pensamiento y su
enseñanza; llegan plenamente a maduración después de la experiencia de la
Pascua, cuando han meditado intensamente todo lo que Jesús les dijo y enseñó.
Tenemos, entonces, razón de creer que en la enseñanza de los apóstoles está
presente, aunque de manera germinal, la enseñanza de Jesús. Y es por esto que
lo que Jesús ha enseñado sobre la Iglesia lo encontramos en el testimonio
escrito de los apóstoles, en el que el nuevo Pueblo de Dios es visto como
continuación del antiguo pueblo de los judíos y con varias imágenes.
Aquéllas descritas por Pablo: la Iglesia "Israel de Dios", Gal 16,6,
"templo de Dios", 1 Cor. 3, 17; 2Cor. 6,16; Ef. 2,21. Aquéllas
descritas por Pedro: "Casa espiritual", 1 Pt. 2,5, "generación
electa", "sacerdocio real", "nación santa",
"pueblo de Dios", 1 Pt. 2,5.9.10. y aquella de Santiago, el primo del
Dios, que utiliza la imagen de "descendencia de Abraham"., Stgo 1,1.,
Cfr. Iglesia, en Diccionario enciclopédico del Biblia y el mundo Bíblico, y.
Massimo, pág. 157 s.) "En los Evangelios aparece claramente la preocupación
de Jesús de unirle a la misma persona una nueva comunidad de creyentes, unidos
a él como los sarmientos a la vid, Jn 15,5. Sus discípulos son llamados a
formar un único rebaño del que él es el buen pastor, Jn 10,1-16, (Iglesia,
Diccionario enciclopédico del Biblia y el mundo bíblico, y. Massimo, Milán,
p. 158.
Jesús ha elegido a
los apóstoles, como sus principales colaboradores. Y los ha elegido en el número
de doce como las doce tribus del antiguo Israel. Jesús ha querido dar a este
gesto el sentido profundo de la refundación del pueblo de Dios y por lo tanto
de la superación del antigua Alianza con la nueva establecida, no sobre sangre
de ovejas y carneros, pero sobre su sangre de "Cordero Inmaculado".
Se comprende entonces que, en la intención de Jesús, Pedro tiene la tarea, entre los doce, de ser la roca sobre que se funda el nuevo Pueblo querido por Él. Y a él, Jesús confía el encargo de confirmar en la fe a los "creyentes", Lc 22,32, y de apacentar las ovejas que le pertenecen a Cristo, Jn 21,15 ss.). Con Pentecostés, y la bajada del Espíritu Consolador sobre la primera comunidad cristiana, la Iglesia empieza la misión universal confiada a ella por el Maestro: anunciar a Cristo hasta los últimos confines del mundo. "Tendréis la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta los extremos y confines de la tierra" (Hech 1,8).
PARA EL DESCUBRIMIENTO DE JESÚS DE NAZARETH
Agradezco a mi
amigo, prof. Roberto Bravo de Santiago del Chile, por la revisión a esta página
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