Las parábolas
El término parábola, del
griego parabolé, que significa similitud, acercamiento, deriva a su vez del
hebreo mashal y es un género de similitud sugerido por hechos de la vida,
a cuyo se compara la realidad que se quiere ilustrar. Incluso no habiendo sido
Jesús el inventor, la abundancia del empleo de parábolas de él hecho y el modo
de servir constituyen algo único en la historia de la literatura universal.
¿Por qué ha hecho Jesús abundante empleo de las parábolas en la
predicación? Hay muchas respuestas de parte de los estudiosos. Según algunos,
hablando en parábolas, Jesús quiere gradualmente preparar sus oyentes a su
doctrina, sin así herir, con una luz demasiado viva, inteligencias todavía no
suficientemente listas.
En fin Jesús pueda haber ideado directamente las parábolas con la intención de iluminar el carácter de extrema novedad, a veces también paradójico, de su mensaje. Por lo tanto a la luz de estos cuentos inspirados al entorno mismo en la que Jesús se encuentra a predicar: el lago, el campo, el melocotón, el campo labrado, el monte, etc., él quiere enseñar, a sus discípulos y a oyentes, que creerle en Él comporta selectos radicales y totales; que su anuncio de salvación está solo no les dirigido a los judíos, pero tiene ya un alcance y una dimensión universal, Cfr Luca 14,23,; que por fin ha venido a revelar el rostro verdadero, único, misericordioso, definitivo de Dios, diferente del Dios severo concebido por muchos judíos.
En fin sus oyentes tienen que
darse sobre todo cuenta que con su presencia entre ellos, la propuesta de
salvación de parte de Dios asume un particular tono de dramatismo evidenciado
por las parábolas del sirvo infiel, Cfr Luca 12, y del higo estéril, Cfr Luca
13.
Por fin, sus oyentes son tenidos a tomar partido frente a esta
enseñanza. Eso significa asumir la responsabilidad del aceptación o el rechazo
del propio Jesús, como trasluce de las parábolas del juicio escatológico, Cfr
Luca 18 y 19).
A este punto nos preguntamos:
¿son las parábolas originarias de Jesús? ¿Y cuál retrato del Maestro emerge por
de ellas?
A la primera pregunta podemos contestar con certeza que las
parábolas presentes en en las narraciones evangélicas provienen sustancialmente
de la voz misma y de la predicación del Cristo.
¿Por qué sustancialmente? Porque siendo, en origen, proclamadas en arameo, han
estado luego, traducidas al griego, la lengua de los evangelios y,
inevitablemente, cada traducción también es interpretación y por lo tanto puede
comportar algunos deslizamientos de sentido. Por este cuando se trata de
reconstruir el texto original arameo de una parábola, se pueden descubrir
características... presentes sobre la boca de Jesús y que no se encuentran más
en la pluma de un evangelista, por ejemplo algunos juegos de palabras,
aliteraciones, es decir repetición de los mismos sonidos, etc,. Éste demuestra
que las parábolas tienen un sustrato original arameo y por lo tanto le remontan
a Jesús.
El auditorio que hace de fondo a las parábolas ya no es aquel
Palestino, pero del mundo helenístico. Luego a veces ha ocurrido, en el fondo
geográfico de la parábola, un cambio de imágenes. Es ejemplo de ello el pequeño
grano de mostaza plantado en el campo, Mt 13,31, como Matteo escribe, en el
Evangelio de Luca es sembrado en cambio en el huerto(Lc 13,19). Ya que la
tradición palestina prohibe de sembrar la mostaza en el huerto, es evidente que
Luca ha modificado lo original, sin obviamente cambiar el contenido de la
parábola.
Para testimoniar estos cambios de forma, pero no de sustancia,
ahora escuchamos la célebre parábola del sembrador, certificado por todo y tres
los evangelios sinópticos, Mt 13,3-9; Mc 4,3-9; Lc 8,5-8. Nosotros reconducimos
aquí la versión de Marco que es la más antigua:
“«¡Pongan
atención! Un sembrador salió a sembrar.4 Sucedió
que al esparcir él la semilla, una parte cayó junto al camino, y llegaron los
pájaros y se la comieron.5 Otra parte cayó en
terreno pedregoso, sin mucha tierra. Esa semilla brotó pronto porque la tierra
no era profunda;6 pero cuando salió el sol, las
plantas se marchitaron y, por no tener raíz, se secaron.7
Otra parte de la semilla cayó entre espinos que, al crecer, la ahogaron, de modo
que no dio fruto.8 Pero las otras semillas cayeron
en buen terreno. Brotaron, crecieron y produjeron una cosecha que rindió el
treinta, el sesenta y hasta el ciento por uno.
9 »El que tenga oídos para oír, que oiga», añadió
Jesús”(Mc 4,3-9)
He aquí la figura del sembrador que echa la semilla sobre el
terreno; pero sólo una parte de esta semilla encuentra el terreno apto para
brotar: dónde el 30, dónde el 60, dónde el 100 por uno. El resto es quemado por
el sol, ahogado por las espinas, o cae sobre la desnuda calle, dónde es
destinado a ser comido por los pájaros.
En la intención originaria de Jesús que, se dirige a un auditorio en el que
también hay los que no acogen su mensaje, hay la persuasión, y este lo quiere
hacer entenderles a sus adversarios y a los mismos discípulos, que su anuncio de
salvación, siendo acompañado ahora incluso por fracasos, incomprensiones,
calumnias, es destinado a fermentar y a madurar en una mies abundante. La
parábola del sembrador también expresa la voluntad del Maestro de alentar a los
discípulos delante de la falta de éxito de su palabra y su enseñanza.
En la elaboración escrita, ocurrida después alguna década a la
predicación oral, está claro que el auditorio al que los evangelistas son
dirigidos, no es aquel palestino del tiempo de Jesús. Años son pasados por
aquella primitiva predicación y el Evangelio ya es anunciado a todas las gentes.
Y entonces la parábola indica otra realidad. El sembrador ya no es Jesús pero
uno que siembra a la palabra de Dios por lo tanto un predicador del Evangelio,
mientras que los varios tipos de terrenal ya no representan las dificultades y
los fracasos que se entremeten a la acción de Jesús pero a "un cierto tipo de
cristianos: los inconstantes, los que se asustan por las persecuciones, los que
se dejan absorber de las cosas de este mundo".
A la segunda pregunta que nos hemos puesto, relativa al rostro del
Jesús que trasluce de las parábolas, nosotros creemos que no es sólo el Jesús de
los milagros y las Señales, del autoridad-exousía y del atractivo extraordinario
que emana de él, como hemos visto en otro lugar, pero también es el Jesús que,
en las palabras y en los gestos, es circundado por obstáculos y quiebras de
vario tipo, de controversias y de incomprensiones. Es el Jesús débil, frágil en
el que es sin embargo presiente el Dios que salva.
Es el Jesús que frecuenta a los pecadores para llevar a todo la
salvación, sin alguna preclusión y no pone diafragmas entre si y el hombre de
cada idea y cultura. Se hace casi fatiga a entrever, en este predicador
ambulante de Palestina, el Dios que salva. Sin embargo, mirando en filigrana por
algunas parábolas sintomáticas, se entreve el Misterio de Dios le presiente en
este hombre de Galilea.
En la parábola de los viñeros homicidas, pronunciada indudablemente
hacia el fin de su vida, cuando delante de sus ojos se imagina la sombra oscura
del Calvario, Jesús aparece y se manifiesta como Hijo del hombre e Hijo del
Padre, rechazados por los hombres. Jesús se echó a hablarles en parábolas:
“Entonces comenzó Jesús a hablarles en parábolas: Ün hombre plantó un viñedo. Lo
cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Luego arrendó el
viñedo a unos labradores y se fue de viaje.2
Llegada la cosecha, mandó un *siervo a los labradores para recibir de ellos una
parte del fruto.3 Pero ellos lo agarraron, lo
golpearon y lo despidieron con las manos vacías.4
Entonces les mandó otro siervo; a éste le rompieron la cabeza y lo humillaron.5
Mandó a otro, y a éste lo mataron. Mandó a otros muchos, a unos los golpearon, a
otros los mataron.
6
»Le quedaba todavía uno, su hijo amado. Por último, lo mandó a él, pensando: "¡A
mi hijo sí lo respetarán!" 7 Pero aquellos
labradores se dijeron unos a otros: "Éste es el heredero. Matémoslo, y la
herencia será nuestra." 8 Así que le echaron mano y
lo mataron, y lo arrojaron fuera del viñedo.
9 »¿Qué hará el dueño? Volverá, acabará con los
labradores, y dará el viñedo a otros.10 ¿No han
leído ustedes esta Escritura:
»"La piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la
piedra angular; 11 esto es obra del Señor,
y nos deja maravillados" ?»[a]
12 Cayendo en la cuenta de que la parábola iba
dirigida contra ellos, buscaban la manera de arrestarlo. Pero temían a la
multitud; así que lo dejaron y se fueron”,
Mc 12,1-12; cfr. Mt 21,33-39; Lc 20,9-5.
PARA EL DESCUBRIMIENTO DE JESÚS DE NAZARETH