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La misión entre los paganos

   La palabra "paganos" es utilizada en algunas versiones del A.T., para indicar los goîm, los pueblos que no hacen parte del pueblo de Israel, llamados el ‘am de Iahvé. 

   Los conceptos de goîm y ‘am, en la versión griega del Biblia, aquella llamada de los Setenta, ha sido traducida con éthne y laós. Esta distinción entre Israel de una parte y las naciones paganas de lo otra ha ido cada vez más también madurando en el curso de la Historia Bíblica marcada del hecho que "Aunque Dios también se haya manifestado a los paganos, no se lo han reconocido y se han perdidos en sus pecados. 
   Queriendo, Dios, actuar su plan de salvación universal ha tolerado momentáneamente el extenderse corrupción, en cuyo apareció el estado de pecado de la humanidad, mientras Israel eligió, porque en la descendencia de Abraham todas las gentes fueran bendecidas"

   La vida de Jesús se desarrolla casi totalmente en aquella parte de Palestina habitada sobretodo de los descendientes de Abraham. 
   Pocas veces, en la primera parte de su vida pública, el Nazareno sale fuera confines de Israel y eso ocurre por causas contingentes, como cuando, de niño, fue desterrado en Egipto,  para sustraerlo a la furia de Herodes, Mt 2,14, o bien por excursiones episódicas como aquel a Gerasa, en el territorio del Decapoli, que se encuentra a oriente del lago de Tiberiade. Luego, hacia el fin de la predicación en Galilea, Jesús empieza a permanecer de más en las tierras de los gentiles, de los paganos. 
   

   Fastidiado por las polémicas con los fariseos les va en un primer momento en el territorio de Tiro y Sidone, el actual Líbano, dónde no se manifiesta públicamente, pero su fama lo precede, y se encuentra así, de frente, una mujer Siro fenicio, al que la hija cura. Sin embargo antes de curarla Jesús declara de tener una relación preferencial por la casa de Israel: "Deja primera que se sacien a los hijos; es no tomar bien el pan de los hijos y echarlo a los pequeños perros"(Mc 7,27). 

   En otro territorio fuera del cerco sagrado de Israel, el Decapoli, Jesús cura a un sordomudo y cumple otro milagro de multiplicación de los panes y los peces. 
   Luego es de veras irrelevante el tiempo que dedica a las naciones paganas con respecto del reservado a la Tierra de Israel, dónde casi practica toda su misión. 
   Este fecho induce a una reflexión: ¿qué interés tiene Jesús por los pueblos extras bíblicos, los que no pertenecen a la descendencia de Abraham? 

   A un primer examen la respuesta puede parecer obvia: ¿se muestra él mucho más interesado a las "ovejas perdidas de la casa de Israele"(Mt 15,24. Y su universal mandato misionero? ¿Aquél manado por su Pascua? Ahora bien en el corazón de Jesús estamos presentes también nosotros; pero todo tiene que empezar del pueblo de la alianza. 

   El evangelista Lucas certifica, él sólo, que Jesús manda en misión a 72 discípulos. El número 72, además de ser un múltiplo de 12, que indica a las tribus de Israel y los apóstoles de Jesús, también indica el número de las naciones paganas que la tradición judía reconoce en el libro del Génesis, capítulo 10. 
   El cuento del envío de los 72 discípulos sólo es de Luca y ésta puede echar alguna sombra sobre la autenticidad. Secondo algunos estudiosos se trataría de una invención del evangelista. "Jesús no habría mandado a los 72 discípulos antes de Pascua. Sólo en lleno clima pascual se ha averiguado una misión de estas proporciones, vale a decir abierta al universalismo. Luca habría forzado los acontecimientos, adelantando los tiempos: ¿así querría, por ejemplo, L. Wellhausen". 
Carlo Ghidelli reconoce, en cambio, el historicidad del mandato misionero de los 72 discípulos. Y este lo hace partiendo de algunos apuntas importantes: A su parecer el evangelista Luca refiere una noticia que deduce de una buena tradición; además agrega mucha importancia a esta segunda misión. Y luego, el hecho que la predicación del Reino tenga que también ser aseguradales a los paganos, no siendo dicho explícitamente incluso en el texto, es simbolizado por el número de los enviados.  A. este nosotros añadimos otra deducción. En la comunidad que Jesús ha seguido, del Bautismo de Giovanni hasta su resurrección, no hubieron sólo ya los apóstoles y este es sabido; pero también de las mujeres y de los hombres que han hecho la misma ellos experiencia. Tanto es verdadero que dos de ellos: Giuseppe, dicho Barsabba y Matias, justo para haber estado con el Maestro por todo el tiempo de la vida pública, serán presentados como candidato a reemplazar Judas Iscariota en el colegio apostólico. Este porque se reponga el número de los "doce".  Es más que probable, por lo tanto, que ambos, Barsabba y Mattia, hayan tenido de Jesús el encargo, de Jesús, de predicar su Evangelio, Actos 1,23. Y éste podría constituir otro taco por la composición del mosaico que autentica el cuento de Luca. 

   Entonces, como por la elección de los Doce, de cuyo número se repone la orientación misionera de Jesús hacia las doce tribus de Israel, aquel de los 72 podría indicar la dirección misionera universal, abierta a toda la humanidad, representada por las 72 naciones del texto griego del Génesis, aquel conocido por los redactores de los Evangelios. 
   En esta invitación de Jesús, después de aquel les vuelvo a los 12 apóstoles, es encerrado su anhelo porque todo el mundo sea evangelizado y todos lleguen a conocimiento de Él. 

   Encontramos, por lo tanto, presente en Jesús, ya en el período prepasquale, la instancia universal de salvación les vuelve a todos los hombres. Aquel envío misionero que cierra al solemne anuncio de la tarde de Pascua: 

 

   "Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron. Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.(A) El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo,(B) y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén"(Mc 16,9-20).

 

PARA EL DESCUBRIMIENTO DE JESÚS DE NAZARETH

 

Jesús en la historia  Nazareth
Belén La Familla de Nazareth
El primer anuncio El lugar de la Misión
El idioma de Jesús  Los milagros
Jesús el Profeta Jesús revela al Padre
Jesús revela el amor del Padre El Buen Pastor
El camino de la Cruz El ruego de Jesús
El Padre nuestro Jesús y las mujeres 
Los pequeños El nuevo Pueblo de Dios
Jesús y el Dinero Bienaventurados a los pobres de espíritu
Jesús y el ambiente de Israel La psicología de Jesús
Jesús elige a los Doce y a los discípulos La misíon entre los gentiles
El "Hijo del hombre" Las parábolas
Jesús, Maestro de sabiduría Jesús y la Sagrada Escritura
La familla y la parentela Su "Pan"
Jesús exorcista Jesús frente a los pecadores
Las parábolas de la misericordia Las controversias en Galilea
La crisis en Galilea La Transfiguración
Jerusalén La última Cena 
La Pasión  Resurreción - primera parte
Resurreción - segunda  parte Jesús Cristo hombre y Dios

 

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